ALEJANDRA M. HERNANDEZ F.
EL UNIVERSAL
Pasada la media noche y luego de varias horas de deliberaciones,
el Tribunal Segundo de Juicio del Estado Táchira, encontró
culpables por el delito de rebelión civil en grado de
cooperación, a ocho de los nueve acusados por los hechos
sucedidos el 12 de abril de 2002 en la sede de la Gobernación
de la entidad.
El juzgado Mixto (con dos escabinos), presidido por el juez
Gerson Niño, condenó a seis años de prisión
a Saúl Lozano, Orlando Pantaleón y Dany Ramírez
por la presunta comisión del delito de rebelión
civil en la modalidad de cooperación inmediata, mientras
que Elsy de Peña, Jacobo Sopelano, José Neira Celis,
William Forero y Omar Guillén fueron sentenciados a permanecer
tres años tras las rejas por su participación en
los hechos en grado de cooperación simple.
El único que se libró de recibir una pena fue
Wilfredo Tovar, quien quedó inmediatamente en libertad.
Al conocer la decisión, los abogados defensores
solicitaron al juez Niño una medida cautelar sustitutiva
a los fines de que los condenados pudieran cumplir su
pena en libertad, mientras se realizan los trámites
para apelar del fallo.
Alrededor de la una de la madrugada, el juzgado admitió
la petición de la defensa, pero solo en el caso
de las cinco personas sentenciadas a tres años
de prisión. Sin embargo, para que la medida
sea procedente, cada uno de los solicitantes deberá
presentar dos fiadores. Una vez cumplida esta exigencia,
los detenidos quedarán sometidos a régimen
de presentación ante el Tribunal. Asimismo, se
les decretará prohibición de salida del
país. Mientras tanto, deberán permanecer
recluidos, junto a los otros tres condenados, en la
cárcel de Santa Ana.
Cabe destacar que el juez Niño rechazó la
acusación de exitación a rebelión que
desde un principio había sido presentada
por los fiscales del Ministerio Público José
Benigno Rojas, Jairo Escalante y Violeta Infante.
Vale la pena señalar que la decisión se
produjo pasada la medianoche, porque una falla en
el suministro de energía eléctrica retrasó
la última audiencia que debía realizarse
en este caso. Esta situación obligó al juez
de la causa a solicitar la búsqueda de una
planta de gasolina para garantizar la continuidad
del proceso contra los acusados.
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