ANGEL OROPEZA
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
La situación se ha vuelto insostenible. No se
puede seguir intentando tapar el Sol con un dedo. Ya son
más de 10 violaciones precisas a la ley por parte del
CNE. Si para el 15 de agosto las condiciones nos parecían
injustas, ahora son, además, delictuales, pues están
en franco desacato a lo que la ley impone. No se trata sólo
de las migraciones fraudulentas de electores, y la negación
permanente del escrutinio público.
Existen más de 1,8 millones de "cédulas" que
votan, pero sin posibilidad de saber a qué personas
pertenecen. Incluso el Centro Carter, en su "Informe Comprensivo"
del pasado 29 de septiembre, señala , en el punto tercero,
que no es posible que se celebren en Venezuela nuevas elecciones
hasta tanto una auditoria externa e independiente del REP
se haya completado y sus múltiples problemas hayan
sido resueltos.
El mismo Jorge Rodríguez asegura que "sólo" 700.000
electores aparecen en el REP sin domicilio específico,
afirmando con cinismo que "95,48% de los electores inscritos
presentan en el campo de la dirección de domicilio
su dirección de estado, municipio y parroquia", cuando
la verdad es que el numeral 3 del artículo 95 de la
Ley del Sufragio, aprobada en 1998, exige que se especifique
"la residencia del elector con todos los detalles de su
ubicación exacta", lo que ciertamente va mucho mas
allá de decir el estado o el municipio en que se habita.
Uno se pregunta entonces: si de verdad estas cedulas corresponden
a personas reales ¿qué criterio se siguió
para asignarlas al centro "mas cercano a su residencia",
si la única referencia _cuando la hay_ es tan vaga?
Vuelve a ocultar Rodríguez el delito en el que está
incurriendo el CNE, cuando acusa hipócritamente que
también en el pasado existían electores sin
dirección. Una vez más, el discurso de los cínicos:
no me puedes criticar que sea corrupto, porque antes también
había corrupción. Sin embargo, las mentiras
siempre tienen las patas cortas, la ley anterior a 1998
no exigía la dirección exacta, mientras la de
ahora sí.
Ante tanta corrupción y juego sucio por parte
del CNE, se impone una respuesta.
Es un falso dilema plantearse como alternativa abstenerse
o votar. Dadas tanto las características del
régimen como las condiciones impuestas por el
CNE, ninguna de las dos es válida. Porque sea
que se abstenga o que acuda a votar, ya usted perdió.
Su voluntad ya ha sido burlada. Por eso el asunto
va mucho mas allá del dilema electoral entre
votar o no. El problema es de una profunda naturaleza
política, y no puede ser respondido sólo
con soluciones o respuestas electorales. Se trata
de discutir acciones políticas efectivas y de
impacto en defensa de la gente. En este sentido, la
nueva bandera de lucha de los demócratas debe
ser exigir, a través de todos los medios, la
suspensión del proceso por inviable y por corrupto.
La bondad de esta propuesta es que ella sí
se constituye en una razón convincente y seductora
para convocar gigantescas manifestaciones populares
por toda Venezuela, porque allí se congregarían
tanto los que prefieren abstenerse como los que
sienten que van obligados a votar sin la mas mínima
de las condiciones. Y evita los dos grandes riesgos
de la abstención proclamada desde ahora: uno,
que retirarnos todos en este momento le permitiría
al CNE desmontar antes del 31 la estructura del
fraude. El otro, el riesgo que la abstención
se convierta en el primer paso de una conducta colectiva
de autoinhibición y resignación políticas.
Hay que evitar que la abstención sea el primer
paso para que se instale en Venezuela el conformismo
como la máxima expresión de protesta.
Se trata no de huir o ceder, sino de participar
activamente en el evento del 31 de octubre, enfocando
la lucha hacia la modificación de la podrida
estructura fraudulenta, y exigiendo la suspensión
del proceso. ¿Que pasará al final? ¿Terminaremos
votando o absteniéndonos? Creo que la respuesta
más inteligente y más políticamente
digna es la que surja después de haber dado
esa batalla.