KELVY PIRELA
ENVIADO ESPECIAL/EL UNIVERSAL
Buenos Aires.- Un balón que tocó Casseres
botó y salió rozando el palo; otro, que tenía
la endemoniada pegada de Vielma a cuestas, se estrelló
en las manos de Abbondanzieri y se convirtió en un rebote
que Ruberth no pudo alcanzar. Esos pequeños detalles no
permitieron a Venezuela empatar o revertir un resultado que
a ratos dejó sabor a injusticia.
La Argentina que año tras año alimentó su
yugo sobre el seleccionado nacional, terminó defendiendo
el resultado ante un equipo venezolano que inició cojeando,
pero que culminó a toda carrera y confirmando que sus
mejoras no son cuentos y que los errores corregidos a tiempo
pueden meter en apuros hasta a un equipo como Argentina.
Jamás fue tan posible un triunfo venezolano sobre
Argentina, por el inicio del proceso de Pekerman en la albiceleste,
por el poco tiempo que tuvo el equipo para preparar el partido
y porque la vinotinto, que arrancó la jornada en la
sexta casilla de la tabla, no es la misma de antes. Venezuela
es valiente y juega fútbol, tiene, como dijo el técnico,
"convicción".
Richard Páez jugó con cautela, con un solo
atacante desde el comienzo y cinco mediocampistas, aunque
esta vez dejó fuera del trío de zurdos a Gabriel
Urdaneta e incluyó en su lugar a Jorge Rojas, quien
tuvo otra destacada actuación. Pero el experimento
le complicó en los primeros minutos, sobre todo porque
el equipo perdió el balón ante una Argentina
que cumplió su rol de local buscando el partido.
El tanto tempranero en una jugada a balón parado
le dio otro ritmo al partido, acabó con los nervios
de Venezuela que se encontró en la cancha y que,
gracias al gran momento que vive Ruberth Morán,
pudo abrir sus espacios para soñar con un uno a
uno que le bajó el volumen a la tribuna. Morán,
que ahora es sinónimo de gol, acabó con un
caño al encopetado Abbondanzieri, nueve años
de sequía ante los argentinos llegaron a su fin
y el partido daba para más.
Cuando se agotaban los primeros 45 minutos, Riquelme
puso el 2-1, que obligó a Páez a maquinar
variantes. La primera de ellas sería Urdaneta,
quien ingresó en la segunda parte para equilibrar
el medio y recuperar a ratos la pelota, pero la mesa
seguía cojeando y Argentina puso el tercero.
Entonces Páez entendió que algo más
había que hacer y, contra todo pronóstico,
sacó a Ricardo David _quien tuvo otro juego para
olvidar_ y metió a Vielma, quien le dio otra
cara al equipo con su juego destructivo y un certero
disparo que apagó las luces del Monumental y
los puso a temblar.
Quedará la duda de si el partido se perdió
cuando se hizo la alineación, o si la Venezuela
que crece y que lucha con ahínco por clasificarse
al primer Mundial y que todavía lucha con arbitrajes
nefastos como el de Gilberto Hidalgo tiene mucho
por aprender.