Venezuela no fue descubierta, como pretenden los colonialistas
y racistas españoles, en 1498, sino el 4 de febrero de
1992. Ese día, el general Hugo Chávez Frías
(quien debido a las intrigas del puntofijismo, apenas se le
había dejado llegar a teniente-coronel) se cubrió
de gloria batiéndose hasta la última gota de sangre
en la batalla del Museo Militar. Pese a su heroísmo,
cuando se dio cuenta de que sus compañeros de armas en
todo el país se habían rendido y que sólo él
continuaba luchando sin miedo, consintió en rendírsele
a un ejército al cual tenía prácticamente aniquilado.
UN OSCURO CAUDILLEJO.- Desde ese día, dejamos de llamarnos
venezolanos. Pese a que la unanimidad del pueblo quería
que pasásemos a ser "chavianos", la ingénita modestia
del Padre de la Patria Nueva propuso que nos llamásemos
"bolivarianos", cediendo la gloria que le correspondía
a un oscuro caudillejo de nuestro pasado indígena que
por supuesto, no le llega ni por las patas al semidiós
de Sabaneta.
Pese al descarado fraude del puntofijismo, que nombró
un Consejo Supremo Electoral compuesto de puros miembros de
sus partidos para que cumplieran a cabalidad su tarea de impedir
el triunfo popular trasladando electores, manipulando máquinas
de votar y nacionalizando hasta los turistas y dando sus resultados
electorales en gallos y media noche, el pueblo se impuso,
eligiendo al Padre de la Patria Nueva.
El cual, para vergüenza de sus tramposos enemigos, se
apresuró a nombrar un nuevo organismo electoral independiente,
imparcial, limpio, sin miedo y sin reproche. Un organismo
como nunca jamás se había conocido en la historia
de Venezuela, que se opuso con la mayor energía a todo
ventajismo oficial.
INCORPORO AL DRAE.- Ese CNE estaba presidido por un Académico
de la Lengua (a él se le debe la incorporación,
aceptada por el DRAE, entre otras de la palabra "tramparencia"
y las formas verbales "tábanos" e "íbanos") y un
psiquiatra sin odios ni complejos, amén de un bateador
emergente traído directamente de Sicilia para completar
el Triple Gordo de la CNE (siglas que designan a la "Cosa
Nostra" Electoral).
Desde entonces, ha podido desarrollarse en la República
Bolivariana de Venezuela la única revolución "bonita,
bonita y bonita" (así la llama con un dejo de ternura
el erudito Willian Lara) que se haya producido en el universo
mundo desde el paleolítico inferior hasta nuestros días.
Siendo nuestro propósito histórico y no político,
y además porque el espacio que las nuevas leyes patrióticas
dan es muy reducido, vamos a referir un solo aspecto de ese
proceso: la deformación de la historia por el terrorismo
fascista y golpista de los medios de comunicación. A
comenzar por la manipulación que ha hecho aparecer a
Carlos Ilich Ramírez, el equivalente nuestro de la Madre
Teresa de Calcuta, como un feroz asesino bebedor de sangre.
DOCE MANIFESTANTES.- Pero tal vez la más descarada conspiración
terrorista de los medios audiovisuales se produjo el 11 de
abril del 2002. Ese día, aproximadamente (para ser generosos)
una docena de personas desfilaron, armadas hasta los dientes
y con el apoyo de una Policía Metropolitana fascista,
terrorista y golpista dirigida por miembros de organizaciones
criminales llamadas "noTupamaros", "no-Carapaicas", "no-encapuchados",
intentó asaltar el Palacio de Miraflores, ante lo cual,
en un lenguaje fluido y rico que le hacía parecer un
Castelar, el general Lucas Rincón anunció urbi et
orbi que en vista de que la escuálida manifestación
le había caído a tiros a unos niños que recibían
clases en un jardín de infancia sito en Puente Llaguno,
al generalísimo Hugo Chávez Frías NO se le
había pedido la renuncia, la cual NO aceptó.
Llevándose las manos a la lisa frente, José Vicente
Rangel exclamó su decisión de derramar hasta la
última gota de sangre por la revolución bonita.
Toda su sangre y hasta todo su dinero, pero esto es un detalle
tonto: es bien conocido su manirrotismo.
EL GRAN HUMANISTA.- Aunque Ud. no lo crea, los medios fascistas,
golpistas y terroristas suprimieron las dos negaciones del
discurso del gran humanista Lucas Rincón, para hacer
creer que el Mariscal Hugo Chávez Frías se había
rendido, repitiendo así la hazaña del 4 de febrero
de 1992. Menos mal que aproximadamente doscientos millones
de venezolanos (cálculo moderado) se reunieron frente
a Palacio para proclamar su fidelidad al Jefe Unico, mientras
las turbas opositoras se dedicaban al robo y al saqueo.
A partir de allí, esos medios no han conocido tregua
en su labor deformadora. Terminaremos con un ejemplo, pequeño
pero emblemático: en Carabobo, un general de faz redonda
y rubicunda, trató liberarse de una molesta, y apoplética
inflamación abdominal como lo hace cualquier ser humano,
pero el flato equivocó su camino; y es así como
los medios transformaron esa saludable práctica en un
eructo, para decir que el general ignoraba las buenas maneras.
Menos mal que el pueblo, sin fraude ni manipulación,
lo eligió Gobernador y ahora él puede tomar todo
el carbón láctico que el presupuesto permita.
Y hasta aquí la lección de hoy, chicos. Váyanse
a casa, y que Dios y el Mariscal Chávez los bendigan.