En una ocasión, hace un año y medio, quien esto escribe le explicaba a un profesor de Harvard cómo era que Chávez controlaba todos los poderes y el amable profesor respondió: lo que usted dice de Chávez se puede decir de Tony Blair igual, éste controla todos los poderes en el Reino Unido; y añadió, "yo no simpatizo con Chávez y su control del Estado no es de la misma naturaleza del de Blair; pero, lo que usted me dice no es una explicación suficientemente convincente para enfrentarlo".
En otra oportunidad, un alto funcionario de un gobierno extranjero argumentaba: "si este gobierno no es una dictadura, entonces es una democracia. Una democracia imperfecta, pero, una democracia al fin". Este narrador le contestó a Su Excelencia: "Usted se maneja en una dicotomía que no admite otro tipo de regímenes; los investigadores ya han llegado a tipificar estos regímenes como semi-autoritarismos, semi-democracias, o como yo prefiero, neoautoritarismos".
El personaje no conocía estas otras tipificaciones, por tanto, lo que para él no era una dictadura era, entonces, una democracia.
En una reunión de funcionarios latinoamericanos y europeos, éstos se quejaban de la oposición.
Decían que a ellos no les tenían que explicar nada sobre el carácter despótico del Gobierno venezolano, que ellos lo conocían; pero, que consideraban a la oposición de un nivel de incompetencia tal que, por esa razón, sus gobiernos no iban más allá en contra de Chávez.
La oposición les producía el vértigo del vacío.
Tres ejemplos de una incomprensión que no se resuelve con un discurso más largo, ni con videos, ni con análisis detallados. Se resuelve sacando a las luchas por la libertad y la democracia en Venezuela del lugar simbólico en el cual las confinó el Gobierno.
No se trata de explicar que la oposición no es golpista u oligárquica, sino de vincular las luchas venezolanas a las corrientes mundiales que bregan por la libertad y, en este caso, contra el militarismo rampante, corrupto y criminal que se sacia por estos pagos.