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| Caracas, domingo 13 de febrero, 2005 | |||||||||||
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NATACION / Rafael Vidal falleció a los 41 años Un campeón que alzó vuelo
AMALIA LLORCA EL UNIVERSAL Rafael Vidal encarnó el sueño de todos los nadadores venezolanos el 3 de agosto de 1984 cuando subió al podio en los Juegos Olímpicos de Los Angeles. Se convertía así en una especie de superhéroe que cristalizó un anhelo que hasta el momento parecía imposible de cumplir. Tenía apenas 20 años cuando se convirtió en una gloria y el mundo deportivo se rindió a sus pies.Fue mágica aquella tarde de agosto. El país se paralizó frente al televisor para ver a su tritón, que batalló entre los grandes y se labró un espacio _con temple y coraje_ en la prueba de 200 metros mariposa en la que ocupó el tercer lugar detrás el australiano Jonathan Sieben y del alemán Michael Gross. Su marca de un minuto, 57 segundos y 51 centésimas se convirtió además en la tercera del mundo y apenas cinco décimas lo distanciaron de la medalla de oro.
El podio olímpico fue el pináculo de un largo recorrido por las piletas, que se inició en 1971, cuando con siete años sus padres lo inscribieron en un curso vacacional en la escuela que funcionaba en Parque Miranda. Allí se encontró con los entrenadores Andresito Alvarado, Reinaldo Carvallo, Alfredo Torrealba y Roberto Infante. Inmediatamente formó parte del equipo infantil y estuvo cinco años bajo el ala protectora de "Alvaradito". Se hizo adolescente y su vida cambió. Comenzó a estudiar en el colegio Santiago de León, que tenía un poderoso equipo de nadadores, comandados por Alfonso "el Viejo" Victoria, quien pasó a ser su tutor y su guía. Allí también se reunió con Alberto Mestre, su inseparable amigo y compañero de andanzas deportivas. Su debut internacional fue en 1978, en los Centroamericanos de Medellín, donde apenas mantuvo sus marcas, no sobresalió y pagó el noviciado con un corte de pelo al rape _hecho por el resto de la delegación_, cargando maletas y recibiendo coquitos.
Benditos años ochenta Llegaron los ochenta y con ellos el esplendor. En las piscinas se hablaba de las maravillas de la televisión a color, de Starsky y Hutch y de Los Angeles de Charlie, mientras "el Viejo" Victoria impartía órdenes estrictas y sometía a sus pupilos al "garrote vil", como le llamaban a la forzada rutina de entrenamientos. El año 80 comenzó muy bien, pues Rafael Vidal formó parte de la delegación que participó en los Juegos Olímpicos de Moscú. Tenía 16 años y ocupó el puesto 11 en 200 mariposa y el lugar 18 en los 100. Al año siguiente se realizaron los Juegos Bolivarianos en Barquisimeto, donde junto a Mestre se robó el show. Cada uno conquistó siete medallas de oro y desataron el furor por la natación. Siguió el ritmo arrollador y en 1982, en el marco de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados en La Habana, dejaron a todos boquiabiertos. Vidal y Mestre ganaron seis medallas de oro cada uno y fueron recibidos como seres de otro planeta, en una ceremonia oficial ofrecida por el comandante Fidel Castro, en la que el mandatario los colmó de elogios. En 1983, el complejo de piscinas del Parque Naciones Unidas fue una fiesta durante la realización de los Juegos Panamericanos. El tricolor nacional vistió las tribunas, el público cantó el himno y apoyó a sus nadadores como nunca antes. Nuevamente la dupla Vidal-Mestre cumplió con creces y cada uno alcanzó cuatro medallas de bronce. Pero a Vidal le correspondió la consagración y lo consiguió en Los Angeles con la conquista de la medalla olímpica, el sueño de todo atleta de alta competencia y que a los venezolanos se les hace tan esquivo. Se convirtió así en el único que hasta el momento ha alcanzado tan alto propósito y en el mejor nadador venezolano de todos los tiempos. Desde 1984 todos los niños quieren nadar mariposa como Rafael Vidal. Una mariposa que ayer alzó vuelo en trágicas circunstancias. El pasado 6 de enero cumplió 41 años. Actualmente no era atleta activo, nunca incursionó en la natación master pese a la insistencia de sus compañeros, pero transmitía sus conocimientos a jóvenes competidores a través de un programa de asesorías. Dejó dos niños y el legado de que con constancia, rigor y perseverancia se puede tocar el cielo del Olimpo. Un cielo que ahora lo envuelve. |
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