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Caracas, domingo 27 de febrero, 2005  
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OPINION
Marta Colomina

Carlos Blanco

Marta Colomina sale de Televen por las presiones del Gobierno hacia ese canal. En honor a la verdad, éste resistió muchos intentos anteriores; pero no pudo o no quiso hacerlo más.

Una vez, José Vicente Rangel llamó a Omar Camero para quejarse del programa de Marta Colomina (La Entrevista, que se transmite de lunes a viernes a las 5:55 de la mañana), y Camero le dijo que no podía reclamarle a la periodista, como no lo había hecho con el propio Rangel cuando algún funcionario de los gobiernos de entonces lo había llamado para quejarse.

El Vicepresidente admitió que era verdad, que había sido respetado. Así, por la actitud de Camero, Marta Colomina se mantuvo un tiempo más en la pantalla, pero ahora sale de allí la semana que viene.

En la mira

No es la primera agresión contra algún periodista. Patricia Poleo, Ibéyise Pacheco, Napoleón Bravo, Philipe Gunson, junto a muchos otros, forman la legión de amenazados, perseguidos, enjuiciados y agre didos.

Marta es una periodista de nervio, con una densa formación académica, que se ha convertido en símbolo de una ac titud firme frente al Gobierno y que no pretende ocultarla en una gastada y falsa objeti vidad. Por esa firmeza sale de Televen y por esa reciedumbre casi la matan en un atentado que, como tantas cosas, espera por una investigación del fiscal.

La ausencia de Colomina en la televisión es una victoria del chavismo, sin duda alguna, y también es una evidencia de cómo se taponan los espacios democráticos. A los del Gobierno no les gusta ella para nada; su carácter incisivo y su formación garantizan la disección de temas que, a veces, otros menos expertos sueltan cuando apenas han rasgado su superficie.

Hay en la oposición a quienes tampoco gusta la periodista; la consideran excesiva, demasiado radical; especialmente les causa escozor a los excesivamente equidistantes y moderados. Sin embargo, unos y otros la echarán de menos cuando se vaya de la pantalla.

El cese de la periodista en Televen es una evidencia de la marcha oficial contra la libertad de expresión y también patentiza que no es el Gobierno el que protege esta libertad, sino los propios medios de comunicación: sus dueños, directivos, periodistas y trabajadores, en general.

Cuando el medio de comunicación, sea por decisión de sus propietarios o de algunos factores que lo influyan, no ampare más o en forma suficiente la libertad de expresión, entonces el régimen avanza y logra el silencio.

De manera que el pensamiento crítico existe en la televisión, la radio o la prensa escrita, no por gracia del Gobierno sino por la imposibilidad que éste ha tenido (¿o tuvo?) de cercenarlo, dada la resistencia que ha habido en los medios y que, todavía, hay en algunos.

La ausencia de Marta Colomina se une a otras ausencias, a otras persecuciones.

Es posible que con su partida, dado su carácter polémico, se alegren algunas mentecillas llenas de amargura, sin advertir que el problema no es una persona, sino la marcha del autoritarismo.

Los ataques contra la libertad, cuando ocurren impunes, sólo anuncian los que les corresponderán a los que se alegran, sean antichavistas o chavistas.

Avanzan los ataques a los periodistas de todos los medios, sean audiovisuales o escritos; sin embargo, la ofensiva tiene sus prioridades: primero, la televisión; más luego, la radio; al final, la prensa escrita. Después, el silencio.

carlosblancog@cantv.net



 
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