Yo si temo un enfrentamiento militar entre Venezuela y EEUU.
Temo que al locatario de Miraflores le entre la ventolera
de declararle esta tarde mismo la guerra (plomiza, no verbal)
a Bush, y de tal manera no tener que esperar tanto tiempo
para enterrar el capitalismo.
Y lo que más miedo me da es que esa guerra la gane este
país, como lo hizo ya una insignificante monarquía
europea en Rugido de ratón, aquella inolvidable película.
Si ya nos sale muy caro Fidel Castro, ¡imagínense Uds.
si tenemos que (muy a la Mariscal Sucre) declarar que debemos
"Honor al vencido" y debamos ayudar con nuestro petróleo
a la reconstrucción de una New York arrasada por nuestros
bombarderos! ¡Imaginemos a Acosta Carles administrando ese
pandemónium en el país de la Coca Cola, el país
que industrializó el eructo! ¡Dios nos coja confesados!
A nosotros, porque los gringos son protestantes y a esa hora
ya estarán muertos.
ESTAN EQUIVOCADOS.- Pero dejemos de lado las bromas, porque
la cosa va en serio: el peligro de guerra que corre nuestro
país es cierto, e inminente. Pero tanto la oposición
nuestra, como el gobierno norteamericano están equivocados
de palmo a palmo cuando denuncian que la carrera armamentista
en que se ha lanzado el gobierno venezolano tiene por objeto
llevar la revolución bolivariana a los pueblos oprimidos
de América Latina, Asia y Africa, en la punta de la espada
del segundo Libertador.
No, señores: pretender eso es desconocer la historia
venezolana. Es seguir repitiendo como loros esa zonzera que
se dice para halagar los oídos de cadetes desaprensivos:
que el ejército venezolano es "forjador de libertades",
sugiriendo que lo fundó, in illo tempore, el mismísimo
Libertador. Ambas cosas son mentiras grandes como la mar Océana.
El verdadero fundador del ejército venezolano (profesional,
disciplinado, bien armado y bien nutrido, no aquellas hordas
harapientas del siglo XIX) fue ese Benemérito General
Juan Vicente Gómez, que el 5 de julio de 1910 abrió
las puertas de la Academia Militar, poniendo fin a la era
de los generales autodesignados.
ACABAR CON LA LIBERTAD.- Ese ejército fue creado no
para "forjar libertades" sino para acabar con ellas. A Dios
gracias, porque esas libertades no eran nada bellas, sino
la de los salteadores de caminos, "generales" de todas nuestras
"matazones republicanas", como las llamó con acierto
Laureano Vallenilla Lanz. Como remate de todo esto, recordemos
que ese ejército nunca ha peleado fuera de nuestras fronteras
ni contra un enemigo externo, que ha sido el brazo armado
del Estado no para defendernos de un eventual enemigo extranjero,
sino para imponer en el interior de Venezuela el orden y la
paz, poco importaba que ella fuese la de los cementerios.
Por el extremo contrario, la primera vez que se conocía
un gobierno civil (uno de verdad, no los pobres Vargas, Rojas
Paúl o Andueza), así fuese malcasado con un logia
militar, en 1945, se inauguró una tradición que,
desde entonces ha sido casi supersticiosamente respetada,
incluso (si la memoria no me juega una de sus habituales malas
pasadas) por la dictadura militar inaugurada en 1948: que
el presupuesto militar fuese siempre inferior al de educación.
UNA TRADICION HOY ROTA.- Por primera vez desde entonces,
esa tradición ha sido rota por el segundo venezolano
candidato al Premio Nobel de la Paz (el primero fue, en 1933,
Juan Vicente Gómez). En el actual, y bimillonario presupuesto
venezolano, los gastos militares (6,6%) superan a los destinados
educación, salud y desarrollo social (5,8%). Se ha destinado
nada menos que dos mil millones de dólares para la compra
de armas; entre ellas, cien mil fusiles AK en negociación
con los rusos, cuando el contingente venezolano se ha ido
más bien reduciendo y no tenemos bajo las armas más
de treinta mil venezolanos ¿A dónde van a ir a parar
los restantes y los fusiles belgas que hoy se declaran obsoletos
pero no inservibles? Se sospecha que irán a parar a los
grupos guerrilleros colombianos y de otras naciones latinoamericanas
que como la FARC de hoy, combinan una vago "bolivarianismo"
con un muy real y concreto narcotráfico, extorsión
y secuestro, amén del crimen crapuloso.
Esto puede ser cierto y muy cierto, pero insistimos en que
no es lo fundamental: se trata de armar un ejército paralelo,
para pelear en una guerra "asimétrica", pero no contra
un imaginario invasor extranjero, sino contra el pueblo venezolano.
ARMAR LAS MILICIAS.- Se trata de armar a las milicias del
novísimo "socialchavismo" para aplastar toda disidencia
interna. No es ocioso recordar que durante su campaña
electoral, Chávez ofreció armar "un millón
de reservistas". Como en todas las guerras venezolanas desde
la independencia hasta acá no han llegado a pelear un
millón de venezolanos, ni siquiera armando los muertos
se alcanzaría a colocar ese número.
¿Entonces? La idea es reclutar ese millón entre
los civiles ¿Se necesita un millón de civiles para
limpiar las botas, cuidar las barraganas de los oficiales
y cobrar los peajes, las "matracas" de la Guardia Nacional?
Con el alto grado de nuestra corrupción militar, tal
vez, pero siguen siendo muchos. La respuesta es una: se quiere
militarizar la sociedad entera.
Se supone que si se militariza una sociedad no es para que
plante crisantemos ni se dedique durante siglos a desarrollar
bonsáis, sino para hacer la guerra. Quien así se
plantea el futuro ¿será un candidato no folclórico
para el Premio Nobel de la Paz?