NADIE tiene el derecho de imponer a los demás sus puntos de vista. Democráticamente, lo más que se puede hacer es exponer públicamente las razones para votar o no. Pero hacerlo con la ética de lo público; sin descalificar a quienes asumen votar ni tampoco despotricar contra los que no votarán. Tan legítimo es el derecho a votar como el derecho a no hacerlo. Sin embargo, hay algunos que hacen del cálculo de la conveniencia táctica el centro de esa discusión, concluyendo que "no votar es votar por Chávez" como otros concluyen que "votar es colaborar con Chávez".
Esos argumentos tácticos se tocan al final en los extremos y eluden el problema estratégico de fondo. Cada vez con mayor intensidad nos despojan nuestros derechos constitucionales. Ese ha sido precisamente el punto y la razón ética de nuestra posición pública: informar al ciudadano las condiciones, no de votar o no, sino del estado del proceso y de los derechos electorales. En la ciudadanía y sólo en ella reposa la potestad de deci dir finalmente qué hace el 4 de diciembre.
ESTOY CONSCIENTE que mucha gente espera de nosotros una posición ante votar o no votar. No obstante y en todo caso, considero que la lucha por la democracia no es un asunto que se reduce al hecho electoral. Por ejemplo, una tesis que sostiene el "votar como sea" es que hay que defender los espacios. Pero sabemos que los espacios democráticos no se limitan a una curul. Los reales espacios democráticos son los que están en la gente y al lado de la gente: esa enorme diversidad de formas organizativas que se estructuran para defender derechos ciudadanos e intereses legítimos de sus miembros. Los Congresos Estadales de Organizaciones Ciudadanas están reactivando esos espacios, bajo la convicción de que la lucha por la democracia no se consume en el acto de votar o no. Es una lucha en todos los frentes, todos los días y en todas las horas.
LA MIRADA sobre la política y la lucha por la democracia hay que ponerla muy lejos en el horizonte, aunque tengamos presente las piedras en este largo camino. Una de ellas es el 4 de diciembre. Respeto a quienes se concentran en el votar o no, porque al final contaremos con ellos. Pero hay que reconocer que estas elecciones son un nuevo trapo rojo donde todo el mundo embiste, mientras el sistemático proceso de liquidar nuestros derechos sigue su curso.
Por mi parte, prefiero poner la mente al servicio de lo que vendrá a partir del 6 de diciembre de 2006. En ese escenario, la conformación final de la Asamblea Nacional no figura como variable relevante. El gobierno no necesita tener el control de la Asamblea, porque siempre lo ha tenido. La oposición no podrá frenar al gobierno si obtiene más de un tercio, porque con la mitad menos 4 que tiene actualmente tampoco ha podido hacerlo. Esto será un hecho cumplido, votemos o no.
¿QUE PODEMOS HACER? Trabajar sin descanso en la renovación de la organización ciudadana en todas sus formas y propósitos para enfrentar ese duro porvenir. Abrir los cauces para la cooperación y la ayuda mutua de todos, sin distingos ni celos, en la defensa de nuestros derechos. Constituir la gran alianza ciudadana por el bienestar social, la democracia y la libertad.