EN LAS ULTIMAS SEMANAS hemos abordado con preocupación el tema Irán y hoy otra vez nos vemos obligados a hacerlo para clamar por un cambio de orientación en la política exterior que nos está llevando a enmorocharnos con el bien llamado "Eje del Mal" (el de verdad) al cual nuestro Gobierno se empecina en pertenecer y hasta con tal de dar estatura universal al héroe del Museo Militar.
No se trata de discurrir si Gran Bretaña, EEUU u otras potencias tienen o no autoridad moral para solicitar a Venezuela respeto a las reglas de convivencia internacional; es evidente que no la tienen siendo que muchos episodios históricos recientes o no, así lo atestiguan. Sin embargo ello no significa que no existan algunas reglas básicas, de consenso general, que hay que acatar. Entre ellas ocupa lugar prioritario la necesidad de controlar la proliferación nuclear para evitar que la tecnología para su uso pacífico derive en su utilización militar. Ese principio es tan reconocido que hasta en el preámbulo de nuestra vigente Constitución está expresado.
NO SE REQUIERE perspicacia para comprender la posibilidad de que un Estado que aúpa el terrorismo, se gobierna bajo el fundamentalismo religioso y anuncia que hará desaparecer del mapa a Israel, no sería un poseedor confiable de tecnología nuclear y por dicha razón es del interés de la Humanidad no permitírsela. Así de simple.
Tan es ello evidente que ni siquiera los restantes socios de la OPEP (to dos musulmanes menos Venezuela) acompañan a Irán en su aspiración porque temen con fundamento que la posible posesión futura de tecnología nuclear militar se traducirá en mayores tensiones y desestabilización del Medio Oriente, que ya de por sí es conflictivo.
Tampoco se precisa gran astucia para llegar a la conclusión de que quien rompe los precintos de seguridad, expulsa a los inspectores de la agencia Internacional de la Energía Atómica, reanuda experimentos prohibidos y desata un discurso belicis ta ha dado suficientes indicios de que no estamos en presencia de un inocente proyecto de generación eléctrica.
Es por ello que parece increíble que Venezuela se ponga al lado de Irán y que en tal empresa sólo se vea acompañada por Cuba y Siria. Sólo nos falta ahora dormir abrazados con Corea del Norte y Sudán para convertirnos en miembros plenos del club de los estados forajidos cuya conducta obliga a los demás a ponerles un parado. ¡Bonita compañía!
BUSCAR ALIANZAS con Cuba aun cuando no parece lo más conveniente al menos tiene sabor a cultura occidental judeo-cristiana, historia y cultura relacionadas, cuenca geográfica compartida y algunos objetivos comunes. Pero pegarse con unos fanáticos religiosos con cuya cultura y valores nada tenemos en común resulta francamente demencial y hacerlo no será gratuito.
Que el señor Chávez nos embarque en una aventura internacional de consecuencias imprevisibles tan solo por confrontar aún más a EEUU de cara a su proyecto electoral de reelegirse en diciembre excede lo tolerable. No sería extraño que próximamente anuncie que Venezuela, con ayuda de Corea del Norte e Irán emprenderá su propio programa nuclear haciendo caso omiso al Tratado de No Proliferación y al de Tlatelolco que consagra a todo el continente americano (al sur del Río Grande) como área libre de armas nucleares. El día en que eso ocurra habremos entrado en la vorágine de lo imprevisible y el precio de esa locura lo pagaremos entre todos... como siempre...
apsalgueiro@cantv.net