CARLOS BLANCO
La Comisión de la Verdad
Podría ser útil una Comisión de la Verdad
para zanjar el más grave y polémico dilema que divide
radicalmente a la oposición. Se necesita establecer con
total claridad lo que ocurrió el 3 de diciembre, para
determinar si es cierto que Chávez ganó y si lo
hizo con la cifra difundida por el Consejo Nacional Electoral
o si, como creen muchísimos ciudadanos, lo que ocurrió
fue el clímax de un inmenso y descomunal fraude montado
por el régimen, para perpetuar al nuevo César.
División
profunda.Existe una división en el seno
de los opositores que no se puede desconocer. No se refiere
a una natural diferencia de opiniones entre ciudadanos, sino
al asentamiento de convicciones profundas, que han creado
barreras que amenazan con convertirse en duraderas, calcificadas
y casi imposibles de superar. Lo más grave es que pareciera
irse configurando dentro de ese pueblo opositor una fractura,
no ya vertical (unas opiniones contra otras), sino horizontal
(los de abajo contra los de "arriba", contra los dirigentes).
Las diferencias tienen diversos orígenes, entre las
que destaca la decadencia de los partidos políticos y
su incapacidad para expresar nuevos y plurales movimientos
sociales. Sin embargo, hay una incompatibilidad esencial que
está allí: un numeroso sector ciudadano no cree
en los resultados electorales y estima que la conducta de
la dirección opositora fue negligente, en el mejor de
los casos, o "colaboracionista" y traidora, en el peor. Mientras
tanto, la dirección opositora, básicamente la tríada
de dirigentes constituida por Manuel Rosales, Teodoro Petkoff
y Julio Borges, ha desarrollado una política destinada
a convencer a los ciudadanos de la victoria de Chávez.
Como quiera que hay demasiados elementos que permiten pensar
que hubo un fraude y que algunos grupos profesionales, como
los encabezados por Freddy Malpica y Genaro Mosquera, han
hecho estudios que parecieran corroborar esta visión,
la fractura esencial se ha sostenido y se ha amplificado.
Importancia
de Saber Qué Pasó.No es sólo
saber la verdad; concepto elusivo y resbaloso. De lo que se
trata es de establecer una visión común que permita
adoptar tácticas unitarias hacia el futuro. Lo que existe
en las mayorías ciudadanas opositoras es una especie
de retiro de la política, por la firme creencia en que
ocurrió un fraude y que los dirigentes no respondieron
a cabalidad. No es complacencia o ganas de acomodarse, sino
un profundo escepticismo con respecto a los dirigentes opositores
y a sus estrategias.
Se vienen produciendo fenómenos interesantes, pero que
no dan respuesta al recelo básico sembrado en la sociedad.
La reagrupación en torno a Un Nuevo Tiempo es importante;
allí se congregan, básicamente, los que dirigieron
la Coordinadora Democrática para el RR de 2004 y para
la elección de diciembre pasado, ahora con la notable
excepción de Primero Justicia. Los esfuerzos de Copei
en estos días por reagrupar a los socialcristianos de
disímil ubicación, revelan también un intento
de incierto destino. Igualmente, AD se propone reconstruirse
desde abajo y es imposible determinar si tal decisión
puede restituir un papel para el poderoso partido de antaño.
En el campo de los movimientos de resistencia, igual pareciera
que hay un énfasis en lo organizativo. Casi todos los
sectores políticos, partidistas o no, andan en los trámites
de (re) construirse, porque han llegado a la convicción
de que la larga marcha hacia la democracia requiere un esfuerzo
que no necesariamente pasa por las pantallas, ni siquiera
las de la televisión.
Sin embargo, esa voluntad de los dirigentes no impresiona
demasiado a la gente de a pie. Hay quienes piensan en la existencia
de una nueva despolitización, constituida por el pensamiento
de aquellos ciudadanos que dicen "yo marché, peleé,
perdí trabajo, bienes u oportunidades y ahora me voy
a dedicar a mí, a los míos y nada más"; otros
sostienen que lo que hay es una inevitable adaptación
a una situación que se ve como estabilizada y que amenaza
durar más de lo que se estimaba.
Esas explicaciones pueden tener algo de cierto; de todos
modos, podría ser algo más complejo. Lo que a veces
se expresa no es falta de disposición a participar en
nuevas luchas, sino falta de disposición a participar
bajo la conducción de los mismos. El derrumbe de Manuel
Rosales en las encuestas es, virtualmente, idéntico fenómeno
al que ya se ha llevado en los cachos a los más importantes
núcleos de dirección que han conocido la gloria
y, luego, el hundimiento.
Es posible que lo que acontezca en estos instantes sea, de
nuevo, una rebelión silenciosa contra los dirigentes,
más que la expresión indolente de los ciudadanos.
Ciclos sin solución que se dan y se han dado desde hace
años. De allí que el intento de saber qué pasó,
cómo fue que ocurrió lo que ocurrió, puede
ser una manera de reconstruir ese trozo de historia que es
el punto ciego de las luchas democráticas.
Algunas Ideas.
Un grupo de técnicos, encabezado por Enrique Márquez,
trabajó con Rosales en la campaña electoral; igualmente,
un equipo de académicos de primera línea entre los
cuales están el ex rector Malpica y el profesor Mosquera,
han desarrollado los estudios sobre el fraude; la gente de
Súmate posee un trabajo excepcional sobre los hechos,
tanto del revocatorio como de la reciente elección; otros
grupos similares, de alto nivel técnico, han estudiado
esos procesos electorales. De tal modo que si se constituyera
un equipo de elevada calidad profesional, aceptado por los
más variados sectores disidentes, con un plazo definido
para presentar su informe, podría lograrse una base común
en el tema que en forma más tajante divide a los opositores.
Desde luego que la historia no se puede desandar a voluntad.
Chávez se quedó, por ahora, en el poder, haya perdido,
haya ganado por estrecho margen o haya ganado por esa inflación
de votos. Pero, como se sabe, una cosa es con guitarra y otra
cosa es con bandola. Si la victoria del Presidente es inobjetable,
como defiende lo que fue el comando de campaña de Rosales,
la visión sobre lo que hay que hacer en la escena política
y en el trabajo social, es una; en cambio, si el Gobierno
hizo el fraude que muchos sectores creen que hizo, entonces
el problema no es cómo conquistar una mayoría, que
muchas veces se habría conquistado, sino cómo evitar
que la minoría insolente que se adueñó del
país desarrolle un proyecto a contrapelo de esa mayoría.
Es posible imaginarse un equipo que consulte datos, cifras,
procesos técnicos, e informaciones que no se han intercambiado
hasta ahora, y que le diga al país con seriedad, lo que
aconteció. Así, se sentarían las bases para
un reencuentro que ahora luce lejano, espinoso y, casi, sin
objeto. Es difícil imaginar que alguien se oponga a una
idea como ésta; sin embargo...
carlosblancog@cantv.net