LAURA DÁVILA TRUELO
EL UNIVERSAL
El niño de cinco años estaba a una cuadra cuando
comenzaron los disparos. Dentro de la casa, su mamá,
Mayra Álvarez, también los escuchó. En la puerta,
junto a la grúa que había conducido todo el día,
cayó Johan Martínez, de 24 años, con tres disparos.
La causa de su muerte fue no haberle pedido permiso a un azote
de la zona un día que él pasó y el hampón
estaba parado en medio de la calle.
A las nueve de la noche del sábado la familia entera
se movilizó. Salieron de la calle 13 de Septiembre, barrio
Gran Colombia, en El Cementerio, rumbo al Clínico Universitario.
A las siete de la mañana del domingo, con varios disparos,
a la emergencia del hospital entró un muchacho procedente
de El Valle. Con él venía Leiner Leonel Orta Álvarez,
de 17 años. Leiner salió media hora más tarde
y se tropezó con la familia de Johan, que también
salía para ir a la morgue a esperar que le entregaran
el cuerpo de Johan, que falleció durante la noche.
Leiner caminó para llamar por teléfono. La familia
de Johan no tuvo tiempo de llegar a la puerta, cuando por
segunda vez en menos de 12 horas escucharon un tiroteo. Mayra
Álvarez tomó a su pequeño e inició la
carrera para refugiarse bajo una escalera. A ella y a su mamá
les pareció que los disparos tardaron un largo intervalo
de tiempo. Apenas estuvieron seguras que ya los tiros habían
cesado salieron de su escondite y vieron a Leiner muerto con
más de ocho disparos.
Asustada y llorosa, la esposa de Johan, Mayra, no se separaba
de su bebé en la morgue. Cuenta que cuando mataron a
su compañero, unos vecinos se llevaron al niño para
que no lo viera.
Según los familiares de Johan, el responsable de su
muerte fue un azote de Gran Colombia, conocido como "Willita
el Loco", y quien volvió al barrio hace unos nueve meses
después de una temporada en prisión.
La familia cuenta que Johan no tenía problemas con el
hombre que lo mató, pero hace 15 días "Willita"
encontró una razón para disparar.
Los allegados relataron que ese día, Johan su esposa
y el pequeño de cinco años llegaban a su casa. "Willita"
estaba de pie en medio de la calle y aun así Johan lo
esquivó y siguió. El hombre, enfurecido, le gritó:
"¿Por qué no pides permiso?, ¿tú no tienes
boca?", sacó su arma y apuntó a la pareja que ya
se había bajado. El niño estaba aún sentado
en el asiento de la moto. Mayra y Johan sólo lo miraban,
pero los vecinos intervinieron y el hombre no disparó.
Para los allegados esa "tontería" es la única causa
que pudo ocasionar lo ocurrido.
Mayra cuenta que su esposo tenía tres años trabajando
en una venta de repuestos en Quinta Crespo, y el día
de su muerte sólo había salido a ayudar a su papá
con la grúa.
Afectados por lo ocurrido, los familiares no saben qué
hacer; se les ve impotentes y temerosos. "Aquí hay que
hacer algo", dice la suegra de Johan, Mayra Gerdel, al tiempo
que mueve la cabeza de un lado a otro.
Dos muertes al pasar
Jean Carlos Alberto Flores, de 23 años, comenzó
a trabajar en la empresa BMW cuando tenía unos 15 años.
Al principio ayudaba, hasta que con el tiempo se convirtió
en empleado formal de mantenimiento de los carros. Con el dinero
de su trabajo se compró una moto Yamaha.
Sobre esa misma moto iba a las 9:00 p.m. del sábado
cuando pasando por la carretera Petare-Guarenas, del sector
La Alcabala bajaron unos sujetos que se disparaban unos a
otros.
Un solo tiro atravesó a Flores de un costado a otro.
Más allá cayó John Gregori Gómez, también
de 23 años, quien caminaba por el lugar y nada tenía
que ver con el tiroteo.
Estos asesinatos son parte de los 19 decesos violentos que
ocurrieron entre viernes y domingo. Aun así fuentes policiales
dijeron al mediodía de ayer que en hospitales y en la
vía pública aún quedaban sin recoger unas 12
personas asesinadas.