Buscarle pleito a otros países o amenazar con guerra
si pierde algunas gobernaciones y alcaldías no resolverá
el desabastecimiento que aqueja al país. Hicieron todo
lo posible para que no hubiera la insustituible leche para
los niños, mientras dilapidan la renta petrolera. Ahora
condenan a los habitantes de la frontera a más desabastecimiento
con una torpe medida que viola el libre tránsito de alimentos
hacia Táchira y Apure.
El concepto de seguridad alimentaria manejado por el Gobierno
está equivocado desde la A hasta la Z y los resultados
están a la vista. Sordos a cualquier otra idea, comenzaron
por el desarrollo endógeno, cuando los países
modernos tratan de producir para exportar. Luego dominó
el "slogan" del autoabastecimiento, cosa de países
muy pobres e incapaces de importar o exportar. Al tratado
de equivocaciones le sumaron el control de cambio,
la fijación de precios al productor y el congelamiento
de precios al consumidor, fórmula ensayada y fracasada
en todo el planeta. Como si lo anterior no fuera suficiente
para asegurar el desabastecimiento, le añadieron la
salida de la CAN y del Grupo de los 3, amén
de violaciones a los convenios dirigidos al libre comercio
con los integrantes del grupo andino.
Al barril sin fondo de errores le agregaron un ingrediente
crítico: el debilitamiento de los ya precarios derechos
de propiedad, pero a las tantas barbaridades de la ley
de tierras, sumaron una de mercadeo agrícola,
mientras estimulaban invasiones de tierras y edificios, hasta
empleando a las fuerzas armadas, para destruir la infraestructura
productiva. Crearon su propio, costoso e ineficiente sistema
gubernamental de distribución, transporte, cooperativas,
centrales azucareros, agroindustrias y cuanto parche poroso
existe. A la par, se hicieron tolerantes con el hampa
y alcanzamos marcas mundiales en asesinatos, secuestros,
tragedias que además generan costos, que se trasladan
al consumidor. Culpando a productores e industrias, promovieron
organismos gremiales paralelos y financiaron la erosión
del sistema. Miles de millones de dólares malgastados.
Tras la perversión que cercó a ganaderos y agricultores,
la emprendieron contra los industriales, importadores y distribuidores.
Crearon, garantizando que no hubiera comida para los niños
y los pobres, todas las barreras imaginables al libre y ágil
comercio requerido: licencias de importación,
nuevos impuestos, máquinas facturadoras que exigen
cédula y dirección, solvencias y cuanto papel
se les ocurre. Todo lo que hace costoso, difícil y lento
obtener dólares para importar y distribuir alimentos.
El populismo los llevó a aumentar el dinero en circulación,
más no las inversiones necesarias para producir más
y generar empleo, infalible fórmula para crear inflación.
Les explotó en la cara, el pueblo pasará factura.
Ahora corren buscando leche, carne, aceite, huevos, caraotas,
harina, maíz amarillo, azúcar y sorgo. Las importaciones
alimentarias saltaron de 1.500 millones de dólares a
más de 5.000 y aún no logran satisfacer la demanda.
No basta ajustar ciertos precios y sólo grandes cambios
evitarán que en este año la inflación en los
alimentos baje del 35% y, de paso, pierdan la mitad de las
alcaldías y gobernaciones.
machadoallison@yahoo.es