Una cosa es la inflación calculada por el Banco Central
de Venezuela (IPC) y otra la que percibe el consumidor cuando
acude a los puntos de venta. La diferencia es debida a la
capacidad de compra por nivel socioeconómico, hábitos
familiares, edad, sexo, peso corporal, condición de salud,
disponibilidad de los productos en los puntos de venta cercanos
y otros factores. Por otra parte, existen canastas de referencia
y mediciones sobre la inflación en sus componentes, pero
algunas no incluyen chucherías, las cervecitas del viernes,
chocolates y otras cosas que el consumidor tiene derecho a
ingerir. Las "canastas", válido punto de referencia,
emplean entre 30 y 50 productos, pero el derecho al consumo
incluye miles de presentaciones diversas y cada persona o
familia tiene, de hecho y derecho, su propia canasta.
Comparé los precios de febrero de2004
con los de la semana pasada. Tomé 44 productos comunes
en mi canasta, una mezcla de regulados con no regulados y
estos son los resultados. "Mi lista de mercado" aumentó
185% en cuatro años, es decir, 46% anual. El cambio de
precio, en esos cuatro años, y voy a escoger sólo
algunos, son en porcentaje y entre paréntesis: aceite
(27), tomate (39), harina de maíz (40), arroz (93), azúcar
(115), carne de res (176), cerveza (179), refrescos (198),
huevos (220), pastas (238), plátano (234), piña
(246), yuca (264), queso (224), leche (283), cambur (309)
pescado (354), papa (404), naranja (464) y batata (542). Las
zanahorias, berenjenas, pimentones y lechugas han aumentado
entre 200 y 400%, aunque es justo señalar que varían
de acuerdo a la estación. Ahora sume el costo de ir a
un punto de venta al otro para poder completar "su canasta".
Para muestra, un botón: en febrero del 2004 una bolsa
de leche en polvo costaba 4.180 y ahora 16.040, es decir,
11.860 bolívares de aumento que es 283%. Para no sentir
el golpe de los alimentos sobre su presupuesto, su sueldo
debería haberse triplicado desde el 2004. Son muy pocos
los que han tenido tal suerte.
Si se alimenta bien (carnes, pescado, frutas, vegetales,
tubérculos, huevos; algo de azúcar, aceite y harinas),
pues han tenido una inflación en alimentos mucho mayor
al índice de precios al consumidor. Si su base de alimentación
es de carbohidratos (harinas, aceite, pastas, arroz y azúcar)
y sólo acude a Mercal, entonces ha sido menos golpeado
por la inflación, pero no se está alimentando bien.
Si es diabético, tiene sobrepeso, está embarazada,
pertenece a la tercera edad o tiene unos infantes bien alimentados,
pues percibe una inflación de terror. Previsible resultado,
de desaciertos como control de precios y divisas, amenazas
a la propiedad de los productores, procesadores y distribuidores,
crecimiento en el consumo y abatimiento en la inversión.
El índice de remuneraciones del BCV se multiplicó
por 3 desde el año 2000 y el costo de los alimentos
por 5,2 en ese mismo lapso. No sólo hay menos
alimentos disponibles, sino que son más caros. El cliente,
señores gobernantes, siempre tiene la razón. El
bravo pueblo, pues bravo está. Prudente y urgente, señor
Presidente, cambiar la política agroalimentaria.
machadoallison@yahoo.es