Estamos cada vez más cerca del muy esperado conflicto
bélico con quien sea, una de las aspiraciones fundamentales
de la revolución chavista y evento clave para reeditar
las leyendas guerreristas, desviar la atención de las
miles de derrotas y fracasos internos y, de pasadita, mantener
el petróleo volando alto.
Si el deseo, no faltaba más, del líder intergaláctico
es mover aviones, desplazar batallones, rodar tanques y echar
plomo. Si la aspiración es muerte, sangre, balas y cañones,
muy al estilo 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, pues
todo está listo para la Batalla de Ayacucho versión
2008.
Y como el líder cósmico está cansado de que
el imperio no le pare, pues está empeñado en alcanzar
la gloria con Colombia; que, dicho sea de paso, tampoco le
para mucho. Pero bueno, líder es líder. Y si quiere
probar sus juguetes rusos y demostrar una vez más la
fibra de valientes que compone cada átomo de estos revolucionarios
del siglo XXI, tengan la seguridad de que lo hará. No
hay Amiba que lo impida.
¿Con qué contamos para esta gesta que habrá
de limpiar el honor ecuatoriano y calmar las iras tardías
del incontrolable Correa? ¿Con qué contamos para
colocar a Venezuela en el Olimpo de las naciones justicieras?
¿Con qué contamos, más allá de las probadas
destrezas militares de los golpistas del 92, para provocar
que los colombianos corran despavoridos, entre sollozos y
tembladeras, hasta México, luego de pasar a nado el Canal
de Panamá?
Después de diez años de revolución ¿con
qué contamos? Veamos.
Tenemos una reserva militar que no duerme en cuarteles sino
en geriátricos y que no comen sólidos porque las
planchas dentales no aguantan eso.
Si nos atenemos a lo que se ve en televisión, tenemos
una pequeña cúpula militar chavista pasada de peso
y una tropa solamente entrenada para vender pollos y verduras.
Sí hay amplia experiencia en combate, pero contra el
colesterol y los triglicéridos.
Tenemos una capacidad alimentaria que, a punta de producción
endógena, aguanta hasta un año sin importar ni un
marrano brasileño o una vaca submarinista de Argentina.
Tenemos un excelente sistema antiaéreo y de radares,
como el que usaron para ubicar el avión en Los Roques,
que impedirá que nos vuelen, tres refinerías, El
Guri y el viaducto Caracas-La Guaira; pues, además, está
absolutamente demostrado que los colombianos son mochos. Tenemos
un confiable sistema eléctrico del tipo arbolito de Navidad,
de moderno mecanismo prende y apaga. Tenemos agua suficiente
y segura hasta en el último barrio del más alejado
rincón de Venezuela. Tenemos la más completa y mejor
dotada red hospitalaria, si es que acaso hace falta. Tenemos
abastecimiento de medicinas como para tres guerras. Lo malo
es que si hay guerra no hay quien venda los pollos.
No importa. ¡Al ataque, camaradas!
erojas@eluniversal.com