La XV Asamblea de Cavidea, organización que agrupa a
las principales agroindustrias del país, se realizó
bajo un clima marcado por las reuniones previas entre grupos
empresariales y el Gobierno. Las primeras después de
un prolongado lapso marcado por desabastecimiento e importante
inflación en alimentos. Desde la visión del consumidor
esta es una buena noticia.
Cavidea a través de calificados expertos presentó
tres proyectos orientados a incrementar la producción
nacional, la oferta de productos procesados y, además,
apoyo tecnológico a pequeños productores en una
iniciativa de importancia social que además puede incrementar
la eficiencia de las cadenas agroalimentarias. Presentados
por los expertos Luigi d'Alvano y Ángel Alayón,
así como por Lorenzo Mendoza, se inscriben en una lógica
económica global, que ha mostrado su validez tanto en
los países donde las fuerzas del mercado han actuado
con libertad, como en aquellos de orientación socialista
que, tras sufrir las consecuencias de la planificación
centralizada, entendieron que un país no puede funcionar
bien sin el concurso de la iniciativa de cada ciudadano.
La inflación y el desabastecimiento se combaten, sólo
con más inversión y producción. Para que esto
ocurra, es indispensable una política pública más
flexible. En efecto, la congelación de precios por prolongados
lapsos, la fijación de precios inadecuados a los productores
y las enormes dificultades para cumplir con la densa trama
de requisitos, bien para acceder a las divisas, acceso al
crédito público o certificación de finca productiva,
se han sumado a la fragilidad de los derechos de propiedad
para dibujar el panorama actual: una producción de alimentos
inferior a la exigida por la población.
Resultado de las políticas, se encuentra el crecimiento
de las importaciones que aumentaron de un promedio de unos
1.300 millones de dólares a 1.900 millones el año
2005, a 3.400 en el 2006 y a más de 5.800 en el 2007,
cifras que ilustran una creciente dependencia. El elevado
valor se debe a que hemos pasado de importar materia prima
para la elaboración de alimentos en el país, a productos
terminados, dejando el valor agregado y la generación
de empleo en otros países. Más grave aún, como
señaló Luis Vicente León, la inflación
golpea con crueldad al 44% de la población ubicada en
el estrato E cuyo ingreso familiar promedio es de apenas Bs.
938. Además el 15% de la población, aquellos en
la banda más baja de ingresos apenas percibe unos Bs
600 mensuales y requiere con urgencia programas de asistencia
alimentaria.
Entre las conferencias de Cavidea llamó la atención
la expuesta por el doctor D.T. Yang sobre la evolución
de la economía alimentaria de China, país que pasó
de las enormes hambrunas de 1959-61 a un razonable nivel de
abastecimiento y luego a exportar alimentos. Esto ocurrió
cuando el Gobierno comunista entendió que el dominio
de las empresas estatales, controles de precios y el sometimiento
del productor a una rígida planificación centralizada
había sido un error.
El país requiere acuerdos básicos entre las cadenas
agroalimentarias y al Gobierno le conviene elevar su mermada
popularidad. Bienvenido el diálogo.
machadoallison@yahoo.es