Cuán profusas e ingentes son las necesidades de los
venezolanos? ¿Cuántos permanecen en marginalidad
tras nueve años de la proclamación del "proceso"
revolucionario en la república socialista bolivariana?
¿Cuántos padecen penurias por la culposa desidia,
ineficiencia y corrupción roja rojita? ¿Y cuántos
más soportan las consecuencias derivadas de la endémica
pobreza, aumentando tras el reimpulso de la agresión
contra predios y empresas privadas, tradicionalmente eficiente,
generadora de bienes, servicios, empleo, riqueza y bienestar?
Centralismo. Nacionalizaciones y expropiaciones. Control,
intervención y regulación de la economía. Competencia
desleal del Estado cuando se enmascara de empresario para
interferir con el sector productivo privado. Todo ello configura
un cuadro de inseguridad jurídica que deriva en desinversión
con la consiguiente contracción, desempleo, escasez e
inflación. Estas las causas fundamentales del empobrecimiento
de las sociedades que adoptan estas estrategias anacrónicas,
generalmente regidas por autócratas populistas enseñoreados
en el poder.
El régimen vernáculo dilapida dinero a manos llenas
en el exterior y en actividades que no son las primordiales
del Estado. Y lo hace únicamente por razones electoreras.
Los menesterosos y sus penurias son la excusa "perfecta" para
sus fines proselitistas. Con ese desvío de recursos no
invierte lo necesario en lo fundamental: educación, salud,
vivienda, vialidad y seguridad, condiciones indispensables
para el desarrollo humano, social y económico del país.
Si bien circunstancialmente pudiera ser necesario aplicar
algún subsidio y/o control de precios, debería ser
puntual.
Resulta insólito que Venezuela comprometa recursos millonarios
y pretenda resolver los problemas alimentarios de otros cuando
aquí crece la pobreza, persiste el desabastecimiento
y galopa la inflación. En las barriadas venezolanas que
el Emperador tropical recién descubrió, nadie come
galletas de lodo, es verdad. Pero más de un compatriota
menesteroso ha "engañado" su estómago ingiriendo
alimento para perros o se vio en el imperativo de apipar a
su descendencia con teteros de agua de hervir espagueti. Y
ocurre en un país cuyo ingreso diario es de 400 millones
de dólares por venta de petróleo.
Inaudito, entonces, continuar destruyendo con estatizaciones,
confiscaciones y ocupaciones los fundos, fincas y haciendas
y asociándonos con fracasados en lides agrarias. No es
Cuba (tampoco Bolivia ni Nicaragua) el mejor aliado para impulsar
la recuperación de la marchita agricultura venezolana.
Ni siquiera como suplidor de azúcar, alguna vez su principal
producto de exportación. Cuba todavía raciona los
alimentos a su población debido al descalabro de su "reforma"
agraria, parecida a la que sus técnicos le vendieron
al Gran Líder local.
msanmartin@eluniversal.com