ERNESTO J. TOVAR
EL UNIVERSAL
Las importaciones de alimentos se mantienen como un recurso
del Gobierno nacional para paliar las deficiencias de abastecimiento
en rubros como leche, carne, pollo, aceite, azúcar, granos
o cereales.
No obstante, al incremento del consumo nacional se ha unido
el aumento de los precios de los alimentos en los mercados
internacionales, que se mantienen al alza desde hace dos años
por una combinación de factores económicos y climáticos.
El economista Ángel Alayón explica que -según
datos de Cadivi- Venezuela destinó $1.900 millones en
2005 para importaciones de alimentos, mientras que para 2007
ese renglón cerró en $5.840 millones, un salto de
208%. Pero destaca que este mayor gasto en divisas no se tradujo
en mayores volúmenes de alimentos para los venezolanos,
"pues en el mismo período 2005-2007, de acuerdo con números
del Instituto Nacional de Estadísticas, se pasó
de 3.127.000 toneladas de alimentos a 4.509.000 toneladas
de alimentos importados, un aumento de apenas 44%".
Esta proporción dispareja significa que las importaciones
son más costosas para la nación, que durante 2007
importó cerca de 130.000 toneladas de leche en polvo,
101.000 toneladas de pollo (100% más que en 2006), y
unas 211.000 toneladas de carne en canal o en pie.
Se compra pero, ¿se produce?
En una coyuntura alimenticia en que la producción
nacional de alimentos debe privar para proteger al país
de la crisis mundial, los números del Banco Central revelan
que la industria de alimentos se desaceleró fuertemente
respecto a 2007.
Según el BCV, la manufactura de alimentos de enero de
2006 a enero de 2007 creció 18,1%, pero de enero de 2007
a enero de 2008 ese crecimiento se frenó hasta apenas
6,2%.
Y aunque en ese lapso se recurrió a las importaciones,
los gremios productivos agropecuarios del país coinciden
al señalar que ya no es suficiente tener dólares
para importar alimentos pues la reducción en la oferta
internacional, el encarecimiento de los fletes por la distorsión
de la demanda de transporte de Asia, los efectos climáticos
y la acción de especuladores ha presionado el alza de
los principales precios internacionales.
Ángel Alayón señala que "hay una situación
explosiva con los alimentos a escala mundial. Esta crisis
nos obliga a tener una estrategia en materia alimentaria que
se fundamente en el incremento de producción nacional,
puesto que es insostenible en costos mantener esta estrategia
basada en importaciones, especialmente, en productos terminados".
Asegura que desde febrero de 2006 se han registrado aumentos
de 300% en el trigo, 158% en la soya, 140% en la palma, 168%
en el maíz y 151% en la avena.
Las expectativas no son las mejores para 2008, pues la FAO
considera que los precios de los cereales como arroz, trigo
y maíz se mantendrán al alza, afectando a los países
más pobres que pagarán hasta 37% por sus compras
de alimentos.
La propia crisis ha generado reacciones en países exportadores
como Brasil, que anunció que podría suspender algunas
de sus ventas por el incremento de los precios en su mercado
interno. En Asia, 10 países del sureste continental,
que exporta 50% del arroz del mundo, decidieron racionar,
subsidiar y limitar las ventas.