Del alza global de precios de los alimentos no se salva nadie,
y tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados,
todo el mundo para poder comer tiene que pagarlos. Sin embargo
en los países en desarrollo, los ingresos no alcanzan
para la subsistencia y al encarecerse más los alimentos,
el consumo disminuye y aumentan el descontento y la desnutrición.
En Venezuela, país en desarrollo, petrolero por demás,
pero con extensiones de tierras y mar, suficientes para producir
sus alimentos e inclusive exportar, la situación ante
el alza global de precios de alimentos es muy preocupante.
Si bien el ingreso extraordinario petrolero puede utilizarse
para evitar el hambre mediante importaciones, éstas no
son seguras, siendo por eso temerario mantener deprimida la
producción nacional agrícola mediante controles,
libres importaciones subsidiadas y el terror oficial aplicado
al agro, la cría y ahora a la pesca.
Porque la disminución de la producción agrícola
es altamente inflacionaria y siendo insostenible en el tiempo
amortiguar la explosión de precios mediante controles
e importaciones subsidiadas, Venezuela tendrá que adoptar
políticas favorables a la agricultura, la ganadería
y la pesca. En esa dirección es oportuno el reciente
llamado al final de abril, de Jacques Diouf, director general
de la FAO: "Ha llegado el momento de relanzar la agricultura,
y la comunidad internacional no debería perder la oportunidad".
"La combinación de amenazas y oportunidades que se presentan
por el alza de los alimentos llama para un enfoque de doble
vía: políticas y programas para proteger la vida
de los millones de gente pobre adversamente afectada por esta
situación, mientras se crea un ambiente favorable para
fortalecer a los agricultores para que tomen ventaja de las
oportunidades ofrecidas". ¿Comenzamos?
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