Recientemente fue nombrada la Comisión Presidencial
para el Bicentenario de la Independencia. Extrañamente
el Presidente designó personas con nombre y apellido
y no a funcionarios, aunque en este caso varios de ellos lo
sean. Destacan dos universitarios: Héctor Navarro y Francisco
Rivero. También, el diputado Darío Vivas, los ministros
Nicolás Maduro y Francisco Sesto, Diosdado Cabello, Cilia
Flores y el general Pérez Arcay..
A pesar de que es obvia la tendencia de la comisión,
también es obvio que la Independencia es de todos. Y
en los tres años que faltan para el 5 de julio de 2011
(dos para el 19 de abril de 2010) es mucho lo que puede hacerse
hacia el pasado y hacia el futuro. Sería lamentable que
el Presidente use el Bicentenario para el odio, como ha hecho
con el 12 de octubre y Cristóbal Colón (nótese
nada más la diferencia entre "Encuentro de Dos Mundos"
y "Resistencia Indígena", sin negar que el período
hispano tuvo de ambas cosas), con la enseñanza de la
historia oficial (el 23 de enero fue bueno durante 24 horas,
desde el día siguiente la ignominia).
El Bicentenario tiene que ser motivo de orgullo y de unidad.
De orgullo porque Venezuela nació entonces y ha vivido
por dos siglos. Que sigamos existiendo es un milagro político:
basta ver el mapamundi y recordar nombres como el Imperio
Austrohúngaro, Tíbet, como hasta Polonia han dejado
de ser en su milenaria historia, los países que se han
ido para siempre en Asia y África. Tan posible es que
Venezuela hubiese muerto en estos doscientos años, que
de hecho desapareció momentáneamente dos veces:
las caídas de la Primera y Segunda Repúblicas.
Y muchos orgullos más, cuya lista no se agota con la
epopeya de la Independencia y fracasos, como en todo lo humano.
Una democracia, como lo que somos desde 1958 y salvamos el
2 de diciembre de 2007 -esa fecha se agiganta con el paso
del tiempo- es compleja y difícil como la vida, no acepta
simplismos, catecismos políticos o iluminados. Así
que la flamante comisión tiene que dar espacio a todas
las voces en esta celebración, no convertir el Bicentenario
en otra batalla. Aprender del Bicentenario de Bolívar
en 1983, donde todas las corrientes venezolanas participaron.
Orgullo y unidad. Los que aquí estamos de allá
venimos. Celebrémoslo todos.
glinares@cjlegal.net