Este 2008 como síntoma de la "enfermedad holandesa"
que sufre Venezuela por la riqueza petrolera malgastada, en
vez de alegría ante el alza del crudo sobre 100 dólares
el barril, los venezolanos mostramos es incertidumbre respecto
al porvenir. Así es enorme la preocupación ciudadana
porque el petróleo en continuo aumento, financie con
más petrodólares el derroche oficial y siga el Gobierno
favoreciendo la agricultura de puertos frente al panorama
de alimentos importados más caros y de disponibilidad
limitada por la demanda de otros países.
Siendo la materia agroalimentaria cuestión de interés
vital a todos los venezolanos, quienes gobiernan están
obligados a revisar sus acciones y omisiones. Si bien es necesario
importar los alimentos y materias primas que hagan falta,
una buena parte del ingreso extra petrolero debe destinarse
hoy a desarrollar nuestra agricultura, que es la comida segura
del mañana, así como también a financiar los
programas sociales de alimentos para proteger a la población
vulnerable del alza de precios y la escasez.
Comprando y distribuyendo directamente el Gobierno a través
de Mercal, sobre 1,4 millones de toneladas de alimentos en
2007, y previendo más en 2008 a través de Pdval,
es deber oficial transparentar los programas sociales de alimentos
para que la corrupción no robe la comida de los pobres.
Además debe reducir la permisería de alimentos que
entraba y retrasa su producción, importación y exportación,
lo que ayudaría a un mejor abastecimiento.
En 2007 importar dos millones de toneladas de alimentos,
exigió tramitar 25.924 certificados de no producción
y 1.646 licencias de importación otorgadas a dedo como
los dólares controlados por Cadivi. Para exportar 50.959
TM de alimentos, los productores tramitaron 4.261 certificados
de demanda interna satisfecha.
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