"Si no queremos una dictadura, cuando se empieza a limitar a los medios hay que protestar y movilizar a la opinión pública"
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GIULIANA CHIAPPE
EL UNIVERSAL
Todo lo que escribe Mario Vargas Llosa lo escribe a mano.
Novelas enteras, ensayos y artículos de opinión
surgen de ese ritmo mecánico, de esa cadencia muscular
que dice necesitar. Sospecha que pertenece a la última
generación de autores que dependen de la libreta y el
lapicero, pero defiende al libro impreso pues no cree que
desaparezca.
El escritor peruano pasó 24 horas intensas en Caracas.
Aterrizó a las tres de la tarde del sábado, a las
seis ofreció una rueda de prensa y a las diez acudió
como espectador de lujo al montaje Al pie del Támesis,
dirigida por Héctor Manrique, basada en una obra de teatro
de Vargas Llosa. En los ratos previos a la función, estremeció
los espacios culturales del Trasnocho al ser protagonista
de una ovación multitudinaria, saludó y firmó
imprevistamente algunos libros.
Aunque no haya cambiado su método literario -basado,
como confiesa, en imágenes de la memoria que fecundan
su imaginación, reposados apuntes escritos y un trabajo
posterior sistemático y de mucha relectura-, ha evolucionado
en sus experiencias de hombre literario, y sobre todo político,
cuestionándose y cuestionando aquellos principios del
socialismo que sazonaron la utopía social de tantos intelectuales
de los setenta.
Vargas Llosa agita la bandera de demócrata consumado.
Ya no es el izquierdista revolucionario como cuando "era muy
joven". Después de un proceso que describe como largo
y traumático, pleno de desencantos y desmoronamiento
de utopías, defiende la democracia, "con todas sus imperfecciones",
como el mejor sistema político que una sociedad puede
tener. Celebra a esa izquierda del nuevo siglo, que decidió
jugar la carta democrática, fortaleciéndola, y critica
a aquella otra que sigue aferrada a viejos esquemas que han
demostrado ser infértiles.
-Usted ha dicho reiteradamente que las democracias son
imperfectas. ¿Cree que eso haya provocado que la izquierda
esté retomando el poder en América Latina? ¿Lo
ve como una amenaza para las libertades democráticas?
-El fenómeno de América Latina es interesante porque,
por primera vez, hay una izquierda que está jugando la
carta democrática. Cuando yo era joven, la izquierda
consideraba que la democracia era una farsa que justificaba
la explotación social. Afortunadamente, eso ha cambiado
para ciertas izquierdas. Es el caso de Chile, donde el socialismo
era muy radical y ahora es un exitoso pilar democrático.
En Brasil también pasó, de manera sorprendente,
pues hace 20 años Lula no era demócrata y ahora
lo es a carta cabal y desde el punto de vista económico
es un liberal clásico. Esa izquierda, cuyos mitos han
caído por su propio peso y se ha renovado, es bienvenida.
"El caso de Venezuela es distinto porque su Gobierno cree
en la democracia. Cree en un tipo de democracia que no lo
es, autoritaria, que irrespeta libertades, discrimina y que
sigue una política económica que ha fracasado en
todo el mundo. Por eso se hundió la Unión Soviética,
por eso China dio un volteretazo a una economía de mercado
con gobierno autoritario y por eso Cuba es un país misérrimo.
Esa izquierda anacrónica sólo está presente
en Venezuela, Cuba y Bolivia. Incluso en Ecuador su pueblo
frenó ese proceso. En el resto de América Latina
yo no veo ese vuelco hacia la izquierda. Esa es un visión
pesimista de la situación".
-Usted calificó como "siniestra nube negra" lo que
ocurre políticamente en Venezuela. ¿Cuándo
cree que se disperse esa nube?
-Esa respuesta la deben dar los venezolanos. Quienes gobiernan
este país fueron escogidos por los propios venezolanos.
Los pueblos a veces se equivocan y lo pagan carísimo.
Tienen los gobiernos que eligen tener aunque luego se arrepientan.
Eso debería servirnos de escarmiento para no caer de
nuevo en el error. Me espanta ver, en América Latina,
ejemplos absolutamente flagrantes de autoritarismo y que aún
algunos sectores crean que es el camino del desarrollo y la
justicia. Esa ceguera hay que combatirla, recordando lo que
significa en corrupción, violencia y falta de libertad.
-Hace muy pocos días, en un encuentro, los mandatarios
de Ecuador y Venezuela abogaron por limitar la actividad de
los medios de comunicación. ¿Cómo pueden los
medios independientes enfrentar esta tendencia?
-Protestando y haciendo resistencia. Ya sabemos qué
significa que un gobierno empiece a recortar la libertad de
los medios: eso conduce a una inevitable dictadura. Y si no
queremos una dictadura, cuando se comienza a limitar a los
medios hay que movilizar la opinión pública tanto
adentro como internacional. Sobre ese tema hay gran sensibilidad
en el mundo. Ustedes lo vieron cuando el Gobierno cerró
RCTV. La movilización fue inmensa. Yo creo que lo único
que cabe es protestar con todos los mecanismos que la democracia
permite. Cuando se cierran medios, lo que viene es una dictadura.
No hay una sola sociedad sin medios críticos que sea
democrática.
Hombre de teatro
Su obra más conocida es narrativa. Sin embargo, Vargas
Llosa revela que el teatro fue siempre "su amor paralelo".
Dice que ver un montaje en las tablas basado en alguna de
sus obras siempre le alegra. Al pie del Támesis
la ha visto en dos versiones: en Lima, dirigida por su coterráneo
Luis Peirano, y en Caracas, por Héctor Manrique. Aquí,
esa experiencia puede que adquiera un matiz especial pues
el hecho que inspiró a Vargas Llosa para que la escribiera
está protagonizado por Esdras Parra, poeta venezolano
que cambió quirúrgicamente de sexo en los años
setenta.
-¿En qué proyecto trabaja actualmente?
-Desde hace algún tiempo trabajo en una novela basada
en Roger Casement, un polémico personaje histórico
que descubrí leyendo una autobiografía de Joseph
Conrad. Es un personaje novelesco, con mucha sombra como para
poder trabajar, más o menos, en una obra en torno a Casement,
a su época y a los mundos en los que se movió.
-¿Qué ha significado la tecnología para
usted y qué cree que significa para la literatura?
-Yo sigo escribiendo todo a mano. Sólo que ahora cuando
paso a limpio, lo hago en computadora y no en máquina
de escribir. Pero yo creo que son muy pesimistas esas posiciones
de que el libro impreso vaya a desaparecer. La literatura
siempre será una forma de crear ficción aunque ahora
haya otras maneras. Pero entre ellas no debería surgir
una competencia feroz.
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