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Condiciones para la integración

La integración sólo puede desarrollarse entre pueblos con intereses comunes

LUIS ENRIQUE OBERTO G. |  EL UNIVERSAL
miércoles 4 de noviembre de 2009  12:00 AM

En este tiempo de la proliferación de alianzas y acuerdos -sobre las más disímiles materias- entre gobiernos de países vecinos y, también, muy distantes unos de otros -física y culturalmente-, cuando de la integración de unos pueblos se trata conviene estar claro sobre las condiciones que debe cumplir el proceso a desarrollar, para que conduzca paso a paso a una unión firme de esos pueblos.

La integración de los pueblos, para ser tal, sólo puede ser impulsada a partir de la decisión sostenida en el tiempo de promover su creciente bienestar, en paz entre sí y en sus senos, en libertad y con el respeto a la dignidad como personas de todos y cada uno de sus miembros. Mientras que los acuerdos, cualesquiera sean, pueden estar movidos por propósitos inclusive contrarios al bien de las comunidades que los gobiernos comprometen con ellos.

La integración sólo puede desarrollarse entre pueblos con intereses comunes y que comparten los mismos valores, conducidos por gobiernos dispuestos a defender en todas las circunstancias la libertad y la dignidad de las personas. No se promueve contra nadie, sino para potenciar a través de la unión las posibilidades de sus pueblos de beneficiarse de las oportunidades que se abran en el mundo exterior.

La felicidad
Los gobiernos de los países que se integran tienen que tener por norte la felicidad de toda la gente. Y que los derechos fundamentales -los intrínsecos a la persona- no se negocian. Como consecuencia de ello, que deben aceptar que para asegurar la realización conjunta de estos propósitos y la satisfacción de las condiciones antes enunciadas, se requieren instituciones supranacionales con capacidad real para contribuir a su consecución, lo que exige de cada país la cesión de soberanía en favor del todo.

Salto cualitativo
Eso es lo que han venido haciendo los países que conforman la Unión Europea, con los resultados favorables al bienestar -material y espiritual- de los pueblos que la integran, a la vista de todos. Y hoy se preparan para el salto cualitativo que en la organización de la UE representará la entrada en vigencia del Tratado de Lisboa, fruto de la constancia y el sostenimiento de los principios en los que se fundamentó su promoción.

Por eso, por no satisfacer las condiciones señaladas, todo llama a esperar que ninguna de las asociaciones de países de nuestro continente conduzca a una integración real, salvo la de los países del Pacto Andino si logra superar la crisis provocada por sus miembros no dispuestos a respetar la libertad ni la dignidad de las personas.

luisoberto@yahoo.com



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