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Otra vez el mismo llantén, camarita

Ese libreto está trillado. Es una novela de indios y vaqueros que ya no surte efecto en los suyos

MIGUEL SANMARTÍN |  EL UNIVERSAL
sábado 21 de noviembre de 2009  12:00 AM

Otra vez lo mismo. De nuevo está enguayabao. Sumido en el ratón anímico que le produce la indiferencia-desafecto del soberano. Un rechazo comprensible, "ganado" a pulso, porque defraudó a las suyos. Les vendió una ilusión. El cielo, la felicidad. Todo lo contrario de lo que resultó el socialismo del siglo XXI. Ya entramos en recesión. ¿No estábamos blindados contra la crisis? "Aquí no entra ni coquito", aullaban. Fue otro embuste. Cuando estas depresiones lo embargan, se victimiza, juega a inspirar lástima e intenta transferir su agonía inyectando dudas y miedo en su clientela: si yo no estoy, pierden todo lo que yo les dí. El desafecto es justamente porque la gente dejó de recibir.

La vulnerabilidad electoral -caída en las encuestas y fracaso del proceso interno del PSUV- lo acoquina y consterna. ¿Con qué pataleta -enemigo o amenaza- saldrá ahora? ¿Mantendrá en la reservará algún otro recurso histriónico después de los ya proferidos? Sigue insultando y amenazando al imperio y sus cómplices, congela relaciones políticas, suspende intercambios comerciales, alerta de invasiones, espionajes, magnicidios y con guerras de cuarta generación. ¿Qué más podría maquinar para conmover a sus parciales? Nada de esto le funciona ya.

Lo que realmente pretende -y no consigue- con la monserga guerrerista recurrente es distraer la atención pública de los graves males que le causó al país. También excusar su responsabilidad, la ineptitud y la corrupción de su equipo, evadir las funestas consecuencias que implica el descalabro económico de Pdvsa y, en paralelo, espolear la fibra patriotera para recuperar el carisma perdido para no perder las elecciones parlamentarias.

Pero este libreto está muy trillado. Es una novela de indios y vaqueros. En el pasado le funcionó. Con discursos altisonantes, expresiones grotescas, descalificaciones, sermones plañideros (anunciando catástrofes si lo relevaban del mando) y con promesas de redención logró engatusar e incluso inspirar confianza para obtener el favor-gratitud de una clientela que recibía periódicamente prebendas a cambio de fidelidad. Pero eso cambió. Las misiones navegaron -río abajo- por el Guaire que no fueron capaces de sanear ni Juan ni Jacqueline. Como tampoco crecieron los emporios industriales socialistas, ni producen las empresas endógenas, ni brota un rábano en las tierras expropiadas ni nadie hará nunca una tortilla o un hervido de gallina con el producto de los gallineros verticales.

Como perdieron impacto sus dádivas, no funciona más el expediente de hacerse el mártir y tampoco logra con insultos ni amenazas reflotar su popularidad, taz vez las próximas guerras se las declare a los pigmeos del Fantasma, los esquimales, la reserva seminole de los everglades, la colonia de focas de Guadalupe o la congregación de monjes del Tibet. ¿Será?

msanmartin@eluniversal.com



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