Orlando Hernández espera que su hermano Liván refuerce a Bravos
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Aunque tiene cuatro anillos de Serie Mundial y es conocido como "el Duque", Orlando Hernández está muy lejos de sentirse un ser superior.
"Hermano, tranquilo, yo soy balsero, yo cargo mis maletas", suelta el experimentado escopetero cubano cada vez que alguien intenta rendirle pleitesía. Y es que "el Duque" vino a Venezuela a disfrutar y jugar pelota, no para recibir tratos especiales. "La balsa fue apenas una batalla dentro de la guerra que ha sido mi vida", señala el derecho para referirse a la cruzada que decidió emprender para escapar de Cuba con un grupo de coterráneos el 26 de diciembre de 1997.
El Duque aún recuerda que pasó cuatro días en el deshabitado Cayo Anguila, cerca de Las Bahamas, antes de ser rescatado por un helicóptero de guardacostas de Estados Unidos.
"En ese país (EEUU) volví a jugar pelota, pero como un hombre libre", esboza el lanzador que meses antes de su fuga había sido mandado a retirar de la selección cubana por el mismísimo Fidel Castro, ya que el presidente cubano tenía la sospecha de que Orlando desertaría como lo había hecho su hermano, Liván Hernández.
El apodo de "el Duque" se lo debe a su padre Arnaldo, quien también fue pitcher y fue nombrado así en Cuba debido a su buen vestir.
Orlando está disfrutando al máximo por estos días su experiencia con los Bravos de Margarita en la pelota local.
"Recibí ofertas de Puerto Rico (Ponce) y Dominicana (Licey) para lanzar allá, pero me decidí por Venezuela porque sé que esta liga es de mucha calidad", comenta Hernández a quien se le escapó que los Bravos están intentando traer también a su hermano Liván. "Si todo sale bien, debe estar aquí en diciembre".
El propósito principal de "el Duque" es volver a las Grandes Ligas el año que viene, con todo y sus 44 años de edad. "Siento que aún tengo las condiciones para regresar, no siento que deba retirarme. Muchos fanáticos, amigos y hasta mi hija me preguntan que por qué no estoy pitchando en las mayores. Sé que muchos scouts vienen acá en estos meses", expresa.
Hernández no oculta que extraña su país. "Mi sangre es azul", confiesa con referencia a los Industriales de La Habana, el equipo de sus amores en la pelota cubana. Aunque reconoce la madurez y el aprendizaje que le ha dejado su paso por la pelota norteamericana.
"Roger Clemens, David Cone y Dwight Gooden me ayudaron mucho cuando estuvimos en los Yanquis", recuerda un Duque que conserva su humildad.
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