Aproximaciones

La galaxia Severo Sarduy

Víctor Bravo delata "la fiesta paródica de la crisis de la representación y del sentido" en virtud de la cual Severo Sarduy (Cuba, 1937 / París, 1993) inmolara -incluso- su propio cuerpo. Y, luego de leer la edición preparada para la Colección Archivos por Gustavo Guerrero y François Wahl de la obra completa del escritor, insiste Bravo en denunciarla como "radicalmente transgresiva", excepcionalmente capaz de ofrecer "el resplandor de un misterio, la cifra de un enigma estético de incalculables resonancias…"


Severo Sarduy desnudó las formas del artificio


La obra literaria de Severo Sarduy (Camagüey, Cuba, 1937; París 1993), forma parte de una especial familia de escritores que parecen desprenderse de manera expansiva de las propuestas de un James Joyce, y entre los que es posible mencionar, por ejemplo, a Raymond Russell o Witold Gombrowicz, quienes llevan el juego paródico y el abismo del sin sentido a insoportables límites. El relato, hoy, ha regresado a formas más transparentes del contar, a la recuperación de lo que Nietzsche llamó apetencia de sentido (de allí la fuerte tendencia a los alegorismos), pero la obra de Sarduy, radicalmente transgresiva, nos ofrece el resplandor de un misterio, la cifra de un enigma estético de incalculables resonancias que, como el mulo en el abismo lezamiano, nos coloca en incomparable experiencia de vértigo.

La edición preparada por Gustavo Guerrero y François Wahl, en dos tomos, de la obra completa de Severo Sarduy para la Colección Archivos, que dirige Amos Segala desde París, unida a la Antología de textos inéditos (notas, prólogos, artículos, entrevistas...), preparada por Gustavo Guerrero y publicada en octubre de 2000 por Fondo de Cultura Económica, de México, es la apertura de una posibilidad de lectura, a distancia de su momento transgresivo, pero en su intransferible e inagotable hallazgo estético, como uno de los más importantes momentos de ese proceso deconstructivo del arte y la literatura que tiene los antecedentes de un Cervantes y un Velázquez, y que alcanza un momento espectacular en el Dadaísmo, de manera especial en el Gran Vidrio y los Ready Mades de Marcel Duchamp y que en la narrativa de Sarduy alcanza uno de sus más complejos avatares: la fiesta paródica de la crisis de la representación y del sentido. En una práctica sin concesiones, en una escritura lujosa, a la vez tersa y proliferante, el proyecto estético de Severo Sarduy dibuja la trayectoria del desprendimiento desde lo real hacia las formas del artificio.

En Gestos (1963), su primera novela, la realidad cubana se transpone en el desvío pictórico. En entrevista con Emir Rodríguez Monegal, el autor declara: "La planta eléctrica que describo, por ejemplo, es un Vasarely y luego un Soto; los muros son Dubuffet. Esos gestos no son, como se ha dicho, movimientos de gente que habla, o al menos, no son únicamente movimientos de manos, sino pintura gestual. El arte me sirvió de intermediario con la realidad". La historia de esa mulata lavandera que lleva una bomba en su cartera para colocarla en la Central Eléctrica de la Habana, en la lucha contra Baptista, desplaza el relato entre escenas de carnaval y teatro. En De dónde son los cantantes (1967) la estructura de la novela responde a la "superposición" de las tres culturas de la isla, la española, la africana y la china, y allí el desvío plástico es recurrente; así, la imagen erótica entre María Eng y el marino se transpone en un cuadro erótico de la china antigua, y la segunda parte establece correspondencias con la pintura de Wilfredo Lam, específicamente con el cuadro La jungla. Así Pup, en Cobra (1972), remitirá a la infanta Margarita, de Las meninas de Velázquez; en Colibrí (1984), el combate y la huida en ese delta y esa jungla no es sino de nuevo el cuadro de Lam. En este sentido Sarduy ha confesado: "En casi todo lo que hago hay influencias de Lam, en particular de su cuadro La jungla. La transposición plástica, que puede encontrarse en toda su obra, es uno de los procesos textuales del desvío, de resistencia al referente que tiene otra de sus más ricas expresiones en la metamorfosis.

Quizás sea en la figura del travestí donde la obra de Sarduy alcanza la más compleja articulación entre metamorfosis y, por inesperadas fugas del referente, vacío; así dirá: "hay un travestí constante en mi literatura". Sarduy ve en el travestí la metamorfosis sin límites, pues éste no copia, simula, olvidándose de su modelo: "no se reduce a la imitación de un modelo real, determinado sino que se precipita en la persecución de una irrealidad infinita, y desde el inicio del 'juego' aceptado como tal, irrealidad cada vez más huidiza e inalcanzable… los travestí son hipertélicos, van más allá de sus fines". He aquí el tramado estético de Sarduy que lo lleva a la resistencia ante el referente, al desvío de la representación pictórica, a los juegos anagramáticos, al delirio metamórfico: la paradoja de la representación del vacío, que es en sí mismo irrepresentable. Tarea ésta, inaudita y delirante, del barroco; esa escritura que, según Deleuze, se pliega en un movimiento sobre sí misma hasta el infinito, escritura de la sobreabundancia y el desperdicio, de la perversión y el erotismo; escritura, en palabras de Sarduy, de la fluorescencia del vacío.

La estética del vacío de Sarduy, se puede decir, tiene tres puntos cardinales: la correspondencia cosmológica, la representación del Oriente, y la crítica de lo originario. Ya Edward W. Said, en un texto fundamental (Orientalismo, 1978) ha señalado que la representación que de Oriente tiene Europa es mediada, distante, una representación de superficie para crear el imaginario del otro (como ocurrió en cierto sentido con América). Por ello Lamartine podrá decir: "Oriente es la patria de mi imaginación". Ese imaginario de superficie será asumido por Sarduy como un imaginario textual que señala su límite: ya la crítica con el Oriente que aparece en Cobra está mediada por la textualidad de Conjunciones y disyunciones (1969), de Octavio Paz, y es posible decir que la relación textual que Paz establece con Oriente en el libro señalado, y en El mono gramático (1974) y Vislumbres de la India (1995), establece sus correspondencias con el Oriente representado en Sarduy. Así la parte india en De dónde son los cantantes, el viaje al Oriente en Cobra, el viaje desde el Oriente en Maitreya (1978). Al igual que con la teoría del Big bang, Sarduy convierte al Oriente en una metáfora de la representación desde el vacío; de este modo, el budismo es visto como el modo de señalar lo ilusorio de todo; de este modo la India es vista como el reverso de la América utópica, nacida del error de Colón. Roberto González Echevarría ha observado con lucidez el viaje a la India en Cobra: "Nuevo Colón (pero reflejado en un espejo; es decir: invertido especularmente), Cobra viaja a las Indias para reencontrar sus (nuestras) Indias". Cocuyo (1990), y, de manera especial, Pájaros de la playa (1993), derivan hacia una perfección de la parodia, en una perfección de la frase que sólo será posible de encontrar en Borges, rozando, en la representación de la enfermedad, en inesperadas y lúcidas formas de escepticismo.

La Colección Archivos reúne de manera exhaustiva, y con el criterio "generativista" que le es propio, la obra completa del autor cubano (poesía, novela, teatro, ensayos, y un amplio dossier sobre la recepción mundial de la obra).

Sarduy
estableció, en sus delicadas y complejas filigranas del barroco, inusitadas correspondencias entre las teorías cosmogónicas y movimientos y teorías estéticas. En este horizonte, y frente al posible lector del nuevo milenio, por el que siempre apostó el autor de Cobra, esta edición de la Colección Archivos se abre como una galaxia.

Víctor Bravo. Ensayista

N° 48 Año IV
Caracas, sábado 01 de septiembre de 2001
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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