III Bienal de Literatura de Coro


Elías David Curiel, el penitente profeta que aguarda

Basta leer la obra de Elías David Curiel (Coro 1871-1924) para suscribir que posee
un "indiscutible valor y pese a esto, aún no ha sido bien estudiado", como se señala
en la convocatoria a la III Bienal de Literatura Elías David Curiel, concebida como "un medio
idóneo para rescatar el nombre de quien fuera poeta excepcional", creador de "un universo
poético de altísima originalidad, decididamente nuevo y definitivo". Razones de peso
que inspiran esta nueva edición de esta Bienal en la que, entre el 3 y el 6 de octubre,
será homenajeada Reyna Rivas y cobrará vida una agenda que, además de profundizar
en la obra de Curiel, invita a optar por el homónimo Premio de Poesía y propone el diálogo
en torno a tópicos como la crítica de la poesía, la enseñanza de la literatura,
las huellas de la poesía judía en el continente

La obra de Elías David Curiel no puede ser calificada sino como trascendental
para la poesía venezolana. Mas, a pesar de la estatura de su escritura -volcada en tres
libros: Poemas en flor, Música Astral y Apéndice lírico, editados póstumamente-, sigue siendo
"un gran desconocido en nuestras letras actuales", aseveran quienes se han concentrado
en el estudio de su universo, como es el caso de Pedro Cuartín y Virgilio Medina. Así,
en estas páginas, Medina entra en la personalidad psíquica del hombre y Cuartín trae
al día la urgencia de Curiel por "sustituir nuestro fracasado pregón de la originalidad absoluta,
con el de la sinceridad emotiva", pauta que se transparenta en los, digamos,
"poemas invocación-homenaje" de César Seco y Ernesto Zaléz

El atavismo, la voz ancestral

Sólo quien con los muertos haya comido
la adormidera de los muertos,
no perderá jamás
el más sutil sonido.

(Rilke, 1983: 55)

 

 

 

 

Ha existido, desde tiempos inmemoriales, una relación, ficcional y científica, entre poesía y alquimia. Los alquimistas han llegado, por experiencias combinatorias, a la obtención de metales, e, igualmente, los poetas han obtenido visiones, vidas y muertes por intermedio de la combinación de palabras envueltas por la escansión y por el ritmo.

En otro sentido, el texto poético podría ser considerado como una iniciación en la alquimia, como una palabra de ayer y de hoy. Es por eso que Curiel considera a Carlyle, Baudelaire, Poe, entre otros, como alquimistas al decir "La solidez de los citados químicos literarios es la solidez de los altos pisos; se desnarizaría quien rompiera el pavimento. Otros poseen la solidez de los cuerpos demasiadamente ponderosos: son incapaces de elevación. La solidez de los espíritus superiores es la solidez cristalina del diamante: posee la cohesión suprema" (1974: 164).

Existe, por intuición, una relación entre alquimia y ascensión, sobre todo por el lado del oro, el metal, igual que el diamante, más perfecto y destellante, más cercano al enigma de las alturas, aunque el oro sirva solamente para las apropiaciones terrenales. Sin embargo, su esplendor intenso se conjuga con las armoniosas visiones del más allá, con lo invisible e intangible de las voces remotas inherentes, de acuerdo con el trasfondo hebraico de nuestro poeta, al atavismo, a la voz ancestral.

La poesía, según algunas reflexiones de nuestro poeta, es una forma del conocimiento, su mayor relevancia se logra por constituir un constructo ficcional epistémico. De tal suerte que la conciencia, destinada a modificar intencionalmente la lógica establecida, convierte lo extraño en familiar, lo lejano en cercano, la emoción en idea, y viceversa porque "creía que la expresión sentimental era la única expresión genuinamente poética" (Curiel, 1974: 165).

No sólo la emoción, la idea también es determinante para la construcción del lenguaje hagiográfico, no por la persuasión mística, más bien por la construcción religiosa, en el sentido etimológico, de religio, vínculo entre los humanos y los dioses, y, ciertamente, nada hay que nos acerque más a los dioses que la poesía, fundamentalmente, por dejarnos ver lo invisible.

Así, el poeta debe tener distancia frente al sentimentalismo, para evitar caer en el empalagamiento desbordado, para evitar caer, igualmente, en la personalización envuelta, muchas veces, por el desgarrón ácueo sin sustentación de estilo. Tal como lo plantea Friedrich (1974: 39) a propósito de la despersonalización en Baudelaire "hay que prescindir de todo sentimentalismo personal en aras de la fantasía clarividente, que resuelve problemas más difíciles en forma más ventajosa que aquél".

La autenticidad, ya para finalizar esta parte, es la que posibilita la inclusión del yo en el otro, la conversión del yo en un nosotros sin dejar, por eso, los rasgos individuales que conducen a un diálogo con el contexto histórico. Nuestro poeta lo dilucida mejor en las siguientes líneas: "Creo que es mejor, que con el propio criterio, pensar con el criterio de la época. Y salga el sol por Antequera. La cuestión es decir que debemos manifestar toda el alma en la forma, aunque no se equilibren en la forma la emoción y la idea, y sustituir nuestro fracasado pregón de la originalidad absoluta, con el de la sinceridad emotiva…" (Curiel, 1974: 166).

De: "Relación entre Poesía y Alquimia" en Mil fragmentos de caótica substancia / Ediciones "Libros Blancos", Coro 1998.

Pedro Cuartín. Poeta y ensayista

Elías David Curiel

Bajo este sol multiplicado tú asciendes por un hilo.
Tú hilas el nombre de aquel Elías que en La Palabra
es nombre.


El vidrio del vuelo en la sangre.
El trueno mi corazón espiga.


Tú socorres numerado el peso de tus faltas.
Tú te sueltas pájaro en helecho.


Fuego azul gasificado sea éste por el cual te invoco.
Una señal mi mano erige para que vuelvas a tu llama.
La rosa en la boca el pan encuentra.


Diamante a tus puntos blandes.
Cubil de éter.
Sal nuestra en el sol ondea.


Convengamos eres tú el remolino.
Pie de tela. Oído extraño.


Tú el astro suspendido de la soga.
Convengamos Cábala tu número.

César Seco

 

 

Sueño

Mi abuela. Mi hermana mayor. Mi madre
corriendo humillada hacia el umbral.

Una mesa. Una mesa larga. Una mesa llena
de velas encendidas. Una mesa con un niño
dormido, alumbrado.

Elías David Curiel, ya es agosto,
el mes de los engaños.

Camino de la escuela, veía tu espectro
en la grama del cementerio judío.
Lo confieso ahora y te invoco:

Hermano mayor. Hermano de simiente
maldita. Escarabajo de la bóveda. Ceniza
de mi tálamo. Lebrel.

Tú estás encerrado en un sepulcro y yo estoy
encerrado en un armario. Tú te ahorcaste y yo
engendré dos hijos.

Tu soga es una víbora y mi vida es un vértigo.

Elías David Curiel, ya es agosto y te invoco.

No he podido hacer nada. Me senté y me vi
llorar ante el espejo. Estoy oscuro. La locura
me persigue. Quisiera correr hacia el cielo.
No sé de pintura, pero conozco el desierto.
La noche con la antigua piedra que decrece.
Veo rostros desde una ventana. Veo mi rostro
en el espejo. Veo mis ojos cerrarse. Toco mis
párpados. Siento la respiración. El aliento
empaña el espejo. El aliento es neblina. La
neblina oscurece mi vida. Viejo en el espejo.
Espejo de agua de la vida intrauterina. Mírame
en tu rostro padre, yo te miro en la miseria
que soy en el espejo.

Ernesto Zaléz

 


 

Creyón para el retrato de un poeta maldito

Muchos de los que fueron sus discípulos presentan a Elías David Curiel como un dipsómano sentado a la puerta de su casa -una solariega casona del Coro colonial de siglos atrás-, abstraído, con la mirada errante, perdida en un extraño y lejano mundo, despertando en los transeúntes que le contemplaban con cierta malediciente curiosidad, las más inverosímiles conjeturas.

Otros -ordinaria expresión de un medio ajeno a todo noble sentido artístico- lo evocan como un espécimen enfermo, complacido en el desaliño de una indumentaria desarreglada, ingiriendo el azul veneno del alcohol que lo transportaría a sus alucinantes paraísos artificiales, denunciando con el más habitual de sus gestos, la presencia de una epilepsia interior, que se resolvía las más de las veces en un plácido sueño.

Cuando estas extrañas convulsiones lo acometían en pleno salón de clases -Elías David Curiel fue maestro de escuela-, los muchachos se marchaban a sus casas porque el Maestro se había quedado dormido.

Ambas versiones, la de sus fieles y admirados discípulos, como la de los que, por demasiado apego a un pedestre sentido de la vida, no podían tomarse el trabajo de comprender aquella estupenda alma de artista torturado, nos llevan a la presencia serena de una existencia extraña, "llena de dolor y ensueños".
Los retratos físicos que de Elías David Curiel se conservan, nos lo presentan como lo que genuinamente fue: flor y fruto desgajado del remoto y gigantesco árbol de Israel. El rostro ovalado; los ojos abstraídos como aferrados a una visión de pesadilla interna; la nariz enormemente corva, hebraica en todas sus sinuosidades, le imprimía junto a su barba rubia de Nazareno, un aspecto hierático, de penitente profeta bíblico.

Empero esta familiaridad con este bohemio impenitente, casi siempre mal vestido, que escribía versos ininteligibles y hablaba solo cuando transitaba las desiertas calles de Coro, pocos sospechaban que él representaba, entre los poetas contemporáneos de Venezuela, los que tenían por santo y seña al El Cojo Ilustrado, uno de los de mayor connotación y obra más trascendente, si bien ésta, todavía no conocida, sino muy fragmentariamente, por el público venezolano.

Un poeta enigmático
Si el estilo es la concreción integral de la vida del hombre, o, como con mayor parquedad filosófica, dijo Buffon, es el hombre mismo, nada tan eficaz y exacto como este método para estudiar y comprender en toda su variedad la obra de un poeta, intelectual, artista, que verificar un rastreo de su personalidad humana. En la génesis de sus angustias, de sus traumas, de sus desventuras, pasiones y virtudes, encontraríamos la clave de su estilo. Este no vendría a ser, pues, sino el testimonio de su vida.

La de Elías David Curiel fue sedentaria dentro de un vibrátil nomadismo psíquico.

(…) De su oscura existencia, entregada penitentemente a la auscultación de la pitagórica música de los espacios; nutrida de éter y astros; de su infancia monótona y sin alegría, y de su cercanía con la soledad y con la muerte se originó -no podía ser de otro modo- su estilo hosco, remoto, enigmático y hechizado. (…)

Es el caso de anotar, que después de leer algunas de sus obras, de haber conocido los secretos de aquella vida atormentada y única (…) no se resiste la tentación de compararlo con Paul Verlaine, o de ir a esa diabólica galería de los "Raros", de Rubén Darío, y llegarse hasta Poe, el conde Lautréamont, para hallarle un par semejante. (…)

Infancia y poesía
(…) Una niñez pobre, sin juguetes, sin gozos de ninguna especie, triste y atribulada como la de Elías David Curiel, tenía que servir inevitablemente de materia elemental a su poética, saturada de amargura, frustración y nihilismo. A la par que su vida, desde la adolescencia hasta su madurez signada por una permanente bohemia, más la estrechez de un medio sórdido y mojigato, tenía que imprimir a su poesía ese despeinado acento de ráfaga, poblado de alucinantes visiones oníricas. Es así, como con atinado acierto muchos han pretendido ver en la amargura que matiza y domina en su producción lírica, una clara proyección de su niñez triste y abandonada, cuya sombra stendhaliana, vertebrada a todo lo largo de su aislada existencia, le insuflaría para siempre una peculiaridad inconfundible.

Sabido es que, aun cuando sus padres pertenecían a la llamada clase culta y acomodada de la sociedad coriana, con algunos medios de fortuna, la ascendencia judía de los mismos tropezaba sordamente con factores de resistencia ambientales derivada, por una parte, de mezquinas rivalidades mercantiles y, por la otra, de una mal entendida tradición de catolicidad, elementos ambos que en 1855 hicieron crisis y convirtieron a Coro en escenario de los primeros y únicos progromos antisemitas que registra la historia de Venezuela.

Frescos se conservarían por muchos años en la memoria de los progenitores del poeta estos desgraciados sucesos, y ellos han debido obrar como elementos aisladores del niño primero y del adolescente después del medio circundante.

Verdad es que el hogar del poeta, a juzgar por muchos testimonios, por tradición religiosa de casta y como compensación de aquella hostilidad del medio a la que hemos aludido, devino entonces como un remanso de paz, de afecto y de solícita filial hacia él y sus hermanos. Especialmente su señora madre, doña Excilda, quien con su maravillosa intuición maternal, llena de presentimientos acerca de la maligna influencia saturniana, bajo cuyo signo astral había nacido, lo cobijó en su más tibia ternura.

(…) Esta lúcida intuición de su desgracia, de la desventura que nació con él, lo situó en el plano de pensar y desear, con una agonía émula de la de Santa Teresa, su muerte como el principio de su definitiva liberación. (…)

Para entender la obra y poesía de este extraño poeta, que elaboró y la escribió toda en aquella isla de añoranza y soledad que fue su nativa provincia coriana, es indispensable, sobre su tránsito por el mundo, hurgar los resortes de su estilo en el hondón de una vida que transcurrió a espaldas de las asperezas del paisaje de su tierra y fuera de las exigencias que integraban el complejo de su época.

"Alma mía cántale a ti misma,
sé sola en mis versos mi único ritmo".

Así se comunica en uno de sus poemas, y ello, entre otras implicaciones, significa que el poeta Curiel fue un poeta íntimamente divorciado de todo ese repertorio emocional de valores, presentimientos, nociones e intuiciones que definieron, años más tarde, como diría Uslar Pietri, el concepto del ser americano. (…)

Fragmentos del ensayo "Elías David Curiel / Creyón para el retrato de un poeta maldito", incluido en la Memoria de la I Bienal,

Virgilio Medina. Ensayista

 


 


El viaje… hacia los templos del arte

La diáspora del pueblo judío será evocada, bajo el título de El viaje…,
en un libro-portafolio de arte que encierra el trabajo gráfico y textos poéticos
de artistas judíos, índice que da cuenta también de una canción popular sefardí de autor
anónimo y de la firma de dos autores del Siglo de Oro español.
Esta iniciativa del Museo Sefardí de Caracas Morris E. Curiel se hace explícita igualmente
en forma de exposición, tal y como se podrá apreciar en el Museo
de Arte Contemporáneo de Coro, en el marco de la referida Bienal de Literatura.
De allí entonces que aquí sean citadas tres de las voces de ese viaje:
la de Curiel, la de Sonia Chocrón y la de Martha Kornblith


Baruj Salinas / Alef

Samy Benmayor / Sin título

Felipe Ehrenberg / A mis descendientes

 

¿Quién puede decir que he perdido?

¿Quién puede decir que he perdido?
Si no es menos naranja la naranja porque se pudre
si no es menos árbol el árbol porque se tuerce
si nos cubre el hábito del cielo,
el hábito de la mañana
el hábito del día
Todo esto hemos hecho
fructuoso o no
es nuestra piel, nuestro nombre
No podemos recorrer todos los jardines
no podemos tener todos los silencios
Este camino es nuestro único camino
nuestras raíces se han aferrado
al oro y al barro
hemos cosechado en la podredumbre
Que nuestro privilegio, nuestra ganancia
es la costumbre y el viaje
es a lo que me refiero.

Martha Kornblith

 

 

Desorientación

Desorientado en medio de la llanura
desolada, no encuentro la dirección,
pues no hay polar estrella, ni tengo brújula,
ni en el Orto sombrío despunta el Sol.

Camino largo trecho, camino mucho,
del imprevisto acaso siempre a merced;
y cuando la fatiga detiene el rumbo,
siempre en el mismo sitio me hallo de pie.

Es porque retrocedo siempre que avanzo.
Los puntos cardinales trastueca el gris
nocturno y soy peonza sobre mis pasos,
sin que del llano negro logre salir.

Fluir oigo en remota clepsidra, el agua,
muerto de sed y ardido por el calor…
Y no sé en mi extravío ni a dónde vaya,
ni en dónde estoy!

Elías David Curiel

 

 

Esta es mi ciudad

Esta es mi ciudad
hecha a la mesura de altos corazones
y no es Jerusalén todavía
En las riberas del Tajo hay jazmines florecidos
expulsos por el agua en su murmullo
para abrazar conducir y ser arrullo
de todos los caminos en Toledo
Y las calles y puentes y cavernas
filigranas son de mazapán puro
por do andan reyes y sabios y vasallos
con espadas de ataujía y entendimiento oculto
Al norte el templo de Almaliquim
de tesoros igualados a la fe
Y al final destas maravillas
sinagogas mezquitas y capillas
el palacio de Galiana se alza al cielo
que desde allí
hasta las piedras de Toledo tienen alma

Sonia Chocrón

 

 

N° 52 Año IV
Caracas, sábado 29 de septiembre
de 2001
 
 
El destino de la voz de Reyna Rivas
Pacientar
en la poesía

(Gonzalo Ramírez Quintero)
 
 
Ultimo Sábado
"Sefarad" de Antonio Muñoz Molina
Una novela trufada
(Rafael Castilllo Zapata)
 
 

 

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