Biografía Interrogada

CIEN AÑOS DESPUES

Entre Malraux y Malraux

El título André Malraux, une vie (Gallimard / 2000), que poco demorará en ser reeditado, torna evidente la meticulosidad del francés Olivier Todd para acometer la desmitificación de la leyenda y del perfil heroico que se forjara Malraux (1901-1976), "el primer escritor de su generación que logró edificar de una manera tan eficaz su propio mito", declara Todd en entrevista con Henri Godard, que cabe citar a propósito de su reciente visita a Venezuela.


Malraux, "un personaje cíclico"/Foto Inge Morath-Magnum

Henri Godard: ¿Por qué Malraux y por qué ahora?

Olivier Todd: Malraux es uno de los escritores que me fascinaron durante mi infancia y mi adolescencia y continuaron interesándome más tarde. En 1943, durante la Ocupación, descubrí La esperanza y volví a leerlo una vez más hace dos años y experimenté las mismas emociones de entonces. ¿Por qué ahora? No había programado esta biografía para el centenario del natalicio de Malraux, que coincide con el vigésimo quinto aniversario de su muerte, sino que mis investigaciones me tomaron dos años más de lo previsto. Como biógrafo, comprobé que es preciso dejar pasar primero un período de duelo para que los testigos hablen. Luego, lo cual es casi contradictorio, tengo cada vez más confianza en los documentos y cada vez menos confianza en los testimonios —no porque sean deshonestos, sino que las personas filtran su recuerdos de buena fe.

HG: ¿Cuál fue su punto de partida?

OT: Al igual que en la biografía de Camus, partí con un punto de vista neutro con relación a él. Por otro lado, un biógrafo no tiene que emitir juicios sino presentar los hechos. Sin embargo, me llevé más sorpresas que con Camus. Sabía que Malraux era un tanto mitómano, por ende mentiroso, ¡pero jamás a tal extremo!

HG: ¿Por ejemplo?

OT: Su historial militar, el cual tuve en las manos. Malraux mismo lo redactó parcialmente: se atribuyó lesiones que jamás tuvo y afirma haber pertenecido a la Resistencia desde 1940. ¡Vaya mentira! A todas luces, trató de borrar muchos rastros. Sin duda es posible hacer creer ciertas cosas, pero de tal magnitud es muy difícil. A la hora de hacer el retrato de Malraux, el gran problema que surge es esta mitomanía creativa. ¿Tenía conciencia de ella? Clara Malraux afirma que fue un estafador permanente, aunque genial, mientras que Paul Nothomb sostiene que Malraux no fue ni por un segundo un engañado. Creo que lo era en algunos casos, pero no en otros. No obstante, no cabe duda de que fue un personaje extraordinario, asombroso y extravagante. Con él no hay lugar para el aburrimiento: es el primer escritor de su generación que logró edificar de una manera tan eficaz su propio mito.

HG: ¿Es Malraux un mitómano de geometría variable?

OT: Descubrí un personaje cíclico. He aquí dos ejemplos: se marcha a Cambodia durante su juventud para "hacer dinero". Era, a pesar de cuanto se haya dicho, un saqueador de monumentos. Y muy pronto, a los veinticuatro años, crea en Cochinchina un periódico anticolonialista inteligente: el ciclo se inicia de manera negativa y se cierra de forma sorprendente, por no decir admirable. El segundo ejemplo: su más que modesta participación en la Resistencia. De hecho, entró en la Resistencia sólo en marzo de 1944, lo cual admite en sus cartas. No obstante corre riesgos y termina creando la brigada Alsacia-Lorena.

HG: ¿Cuál es el quid de su guerra española?

OT: Sin duda alguna su mejor período, porque lo que escribe coincide con lo que él es. Desde luego, hubo "embellecimientos": ¡Malraux jamás salvó a Madrid con su decena de aviones! Y si bien la guerra duró casi cuatro años, Malraux no la vivió sino siete meses… Sin embargo, nos presentó la película Sierra de Teruel, que he vuelto a ver con frecuencia y que, a mi juicio, es irreprochable.

HG: Después de Les noyers de l’Altenbourg, publicada en 1943, dejó de escribir novelas. ¿Descubrió usted por qué?

OT: No voy a ocultarle que para mí hay dos grandes novelas de Malraux: La esperanza, a pesar del lado más bien stalinista de la moral implícita del libro; y su propia vida. Esta es una novela que no ha dejado jamás de escribir. Sin embargo, Malraux acusa una pérdida brutal de creatividad literaria, seguida de varias tentativas, de anuncios de novelas que jamás escribió, historias extravagantes y manuscritos supuestamente perdidos o confiscados por la Gestapo… Incluso llegó a incluir fragmentos de novelas inconclusas en sus maravillosas crónicas novelescas que son las Antimemorias. En ese sentido, es posible plantearse el problema de saber si el encuentro con De Gaulle fue o no un desastre literario: ¿qué ocurrió primero, el fin de la inspiración o el encuentro con De Gaulle? Aquí se entra en el terreno de la relación entre De Gaulle y Malraux. Una relación extraordinaria. Fuera del hecho de que ambos se impresionaban, pero también se intimidaban, mutuamente, cada uno era aquello que el otro hubiera querido ser a toda costa. De Gaulle sentía una profunda envidia de ser considerado escritor. A la inversa, Malraux soñaba con ser un estadista. Llegó a ser sólo "ministro de Estado", lo que de ninguna manera era lo mismo. De Gaulle se abstuvo de concederle un ministerio importante, mientras que Malraux se veía como ministro del Interior y hasta de Relaciones Exteriores.

HG: Resulta difícil recordar a Malraux sin hablar de sus tics.

OT: Así es. Sufría de una rara enfermedad, el síndrome de Gilles de la Tourette, todavía muy mal conocido, aun cuando personas como Mozart y Boswell la padecían. A ella se debieron sus tics y su hiperactividad. Estos tics le conferían, sin embargo, cierto poder de seducción. Primero, resultaban fascinantes y, luego, a menudo, en cuanto se dejaba llevar por lo que decía, desaparecían, lo cual era igualmente fascinante.

HG: Precisamente, ¿que hay que decir del Malraux seductor?

OT: Malraux pasó la vida diciendo "no me interesa". La verdad sea dicha, sólo una persona le interesaba: él mismo. En el plano personal, tal cosa lo convertía en un lisiado del corazón. Sus relaciones con sus mujeres y sus hijos son en extremo complicadas, trátese, entre las que más importaron, de la de Clara Malraux, Josette Clotis, Madeleine Malraux, Louise de Vilmorin y de Sophie de Vilmorin. Malraux era menos virtuoso de lo que reconocía, pero era más un seductor que un conquistador. Así se ve en el relato que hago de su coqueteo con Jackie Kennedy, a quien sedujo proponiéndole exponer la Gioconda en Estados Unidos.

HG: En su opinión, ¿cómo llega al Panteón?

OT: Cuando era joven, le decía a Clara que se erigiría una estatua y así lo hizo. Ahora se trata de saber si la estatua es de concreto, mármol o, aquí y allá, de arena… En esta cuestión de su ingreso al Panteón, hay un extraño hilo conductor: el asunto de Jean Moulin. Ambos se conocían desde antes de la guerra, pues Jean Moulin había suministrado aviones a los republicanos españoles. Mucho después, en los fragmentos de una novela inconclusa, Non, Malraux entra en escena durante la Resistencia con el nombre de "coronel Berger" e imagina que Rex (Jean Moulin), ha sido detenido en Caluire, y que él, Berger, es quien encabeza la Resistencia francesa. En 1964, es Malraux quien pronuncia la oda a Jean Moulin en ocasión del traslado de sus cenizas al Panteón. Todo esto tiene una lógica. Podría decirse que se había programado para ir al Panteón; y yo acoto, con interés, que reposa precisamente al lado de Jean Moulin.

HG: Considerando todo, ¿qué opinión le merece Malraux?

OT: En este escritor había —lo que era esencial en él— locura, delirio, extravagancias, pero no mezquindad. De cierta manera, el desarrollo de Malraux se detuvo cuando tenía aproximadamente veinticinco años: al igual que un gran adolescente, continuó sintiéndose fascinado por la guerra, los grandes hombres, los honores, las cenas oficiales y las fruslerías del poder. No obstante, creo también que vacilaba profundamente, que pasó la vida tranquilizándose y siendo tranquilizado. Una clave de la vida de Malraux es quizás esta frase de La condición humana: "Ni auténtico ni falso, sino vivido".

Traducción: Mario Bulfone
(Entrevista a Olivier Todd / Boletín Gallimard)



Henri Godard. Periodista francés

 
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