Reseña

"LA ESPECIE HUMANA" DE ROBERT ANTELME

Testimonio del Holocausto

La especie humana, obra publicada en España a más de medio siglo
de su aparición en Francia, narra la experiencia personal de Robert Antelme
(1917-1990) en los campos de concentración nazis. Este relato
"del horror peor que la muerte" es un testimonio de lo que significa
la supervivencia y la destrucción del hombre: "Antelme refleja en su libro
cómo seres que humillan a otros y tratan a las personas peor que animales
también forman parte de la humanidad", apunta Laura Arias


Antelme, "guarda cuidadosa de lo humano"

La publicación de este libro, La especie humana (Arena Libros, Madrid. Traducción de Trinidad Richelet), aparecido por primera vez en el mercado español en el año 2001, acontece a más de medio siglo de su aparición original en Francia en 1947. Es el testimonio de la desoladora historia de un superviviente de los campos de concentración de la Alemania nazi. Robert Antelme (1917-1990) había nacido en Córcega, fue una singular figura del mundo intelectual francés, tentado siempre por la literatura y la política. Al estallar la guerra entró en la resistencia contra la ocupación alemana en el grupo que dirigía clandestinamente François Mitterrand. Detenido por la Gestapo junto a otros compañeros, entre ellos su hermana Marie Louise, a quien está dedicado este libro, que murió en el campo de Ravensbruck, estuvo en varios campos de concentración, entre ellos Dachau, Büchenwald y Gandersheim de donde pudo ser rescatado al final de la guerra. Esta liberación fue contada por Marguerite Duras -con quien contrajo matrimonio- en El dolor y por sus amigos Dionys Mascolo y François Mitterrand. En una visita de Mitterrand a finales de la guerra al campo de Büchenwald, acompañando a un alto cargo americano, descubrió a un Antelme irreconocible, que pesaba 35 kilos, que le llamaba débilmente desde un montón de aparentes cadáveres.

Robert Antelme regresó de entre los muertos y nos cuenta su experiencia en este libro estremecedor que llega con tanto retraso. Testimonio autobiográfico, vía escogida por autores como Jorge Semprún, Primo Levi y otros, refleja la experiencia personal del autor en los campos de concentración nazi en el que estaban no sólo judíos sino todo tipo de gente a la que se encarcelaba por diversos motivos.

El pensador francés Edgar Morin (que también participó en la resistencia) ha calificado este relato de Robert Antelme como uno de los libros mayores del siglo XX.

Como reconoce Jean Améry en Más allá de la culpa y la expiación, allí donde el yo debería haberse evitado por completo, éste se ha corroborado como el único punto de partida. Antelme refleja en su libro cómo seres que humillan a otros y tratan a las personas peor que animales también forman parte de la humanidad.

La creciente aparición en el mercado español de literatura del Holocausto ofrece con toda crudeza una profunda reflexión sobre la esencia del ser humano. Es el Lager un lugar para pensar la experiencia humana no sólo como el lugar donde se desarrollaron las mayores experiencias de terror, sino también como reflexión filosófica (Giorgio Agamben en Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, Pre-textos).

Es evidente que nadie quiere ver que la historia ha creado un nuevo género de seres humanos: aquellos a los que los enemigos meten en campos de concentración y los amigos en campos de internamiento. Pero La especie humana no es una reconstrucción del horror, sino una insistente narración de la miseria que es horror por su reiterado aparecer. Es una tensión, afirma Antelme en el prefacio, entre la experiencia vivida que se manifiesta como inimaginable y una experiencia que rehumaniza a quien la relata: "El resorte de nuestra lucha no habrá sido más que la reivindicación enloquecida y casi siempre solitaria por sí misma, de seguir siendo, hasta el final, hombres".

Este es un relato que transcurre en dos planos paralelos: el plano de la miseria, la nieve, del viento que cala a través de los uniformes a rayas, de la mandíbula que se paraliza, del hambre, de los piojos; y el plano moral, el de la insistencia por erradicar lo humano del hombre.

Es el testimonio del horror peor que la muerte. Tal situación exigía un conocimiento atento de la totalidad de la propia existencia, una atención que nunca podía caer en las reacciones automáticas cotidianas. En los campos era imposible realizar mínimamente esta singularidad, no obstante Antelme nos muestra cómo seguir manteniendo la idea de singularidad. Mantenerse a flote tras luchar contra la desesperación de sí mismo. Esto escucha Antelme de otro prisionero, Lanciaux: "Sólo la moral me hace aguantar". Y en un momento de sus reflexiones Antelme dice: "Aquí nunca nadie se convertirá a sí mismo en su propio SS".

Sin duda, el honor personal y el respeto por uno mismo son las posesiones más preciosas, las que nos permiten reconocer dentro del propio corazón el contraste entre libertad y servidumbre.

Pero están los que no resisten. El musulman (Giorgio Agamben, Lo que queda de Auschwitz, Pre-textos, 2000) que ha dejado de luchar y a quien todos dan la espalda, es el que no tiene un espacio en su conciencia para el bien ni el mal, es el que ha dejado de luchar. Como bien lo ilustra Antelme: "Así que también tenemos que luchar para no dejarnos sepultar por el anonimato, para no cesar de exigirnos a nosotros mismos lo que no le exigimos a otros. Descubrimos que uno puede abandonarse como antes jamás habríamos imaginado que fuera posible".

Los diarios de guerra de Ernst Jünger ofrecen también prueba de las temidas dificultades a las que se expone el individuo cuando desea mantener firme ante sí mismo sus valores morales y su concepto de la verdad en un mundo en que la verdad y la moral pierden toda expresión reconocible.

Pero la gran importancia de La especie humana es el verdadero testimonio de cómo luchar o cómo arreglárselas para resistir. Así lo expresa Antelme:

"Si fuésemos a buscar a un SS y le mostrásemos a Jacques, podríamos decirle: Míralo, lo has convertido en este hombre podrido, amarillento, lo que más debe parecerse a lo que piensas que él es por naturaleza: el desecho, el desperdicio, lo habéis conseguido. Pues bien, vamos a deciros lo siguiente, algo que debería dejaros tiesos si 'el error' pudiese matar: le habéis permitido convertirse en el más completo de los hombres, en el más seguro de sus poderes, de los recursos de su conciencia y del alcance de sus actos, en el más fuerte… Comprended esto bien: vosotros habéis conseguido que la razón se transforme en conciencia".

Mantén la cabeza bien alta y si puedes hacerlo, nadie tendrá poder suficiente sobre ti, sea quien fuere. Parece como si estas consignas hubieran alimentado la mente y el corazón de los sobrevivientes frente a la orden máxima empleada por los SS: No tienes que ser. Pero sin duda los campos de concentración nos enseñan los mayores afectos, el amor al hombre y el horror hacia él con una certeza como jamás en ningún otro lugar.

Como bien sabemos, el nazismo empieza sin ningún pie en la tradición, representa el derrumbamiento de todas las tradiciones alemanas y europeas, tanto las buenas como las malas. Y nos enseña también, acerca de la insensibilidad general o en todo caso la evidente falta de corazón que a veces se cubre de sentimentalismo barato como la negativa profundamente enraizada a encarar y soportar lo sucedido. Huimos de la realidad y al hacerlo huimos también de la responsabilidad.

En su carácter completamente estremecedor, el relato de Antelme es la guarda cuidadosa de lo humano, de la identidad de aquello que no puede perderse. "Creer que tenemos como misión histórica la especie es un sueño SS y ya que esta mutación se efectúa demasiado despacio, matan… Y esto puede querer decir dos cosas: en primer lugar, que se pone a prueba la solidez de esta especie, su firmeza. En segundo lugar, que la diversidad de las relaciones entre los hombres, su color, sus hábitos, su repartición en clases, ocultan una realidad que aquí resulta manifiesta, en el punto extremo de la naturaleza, cerca ya de nuestros límites: no hay especies humanas, hay una especie humana".

La tortura, el terror es la experiencia del campo, el campo es el lugar del sadismo, el lugar donde el mal es la posibilidad de la libertad constitutiva del hombre. La aparición de un libro como éste tiene gran importancia por lo que Auschwitz representa, la enorme vulnerabilidad del ser humano y de la humanidad: nuestro empobrecimiento moral. La moral de los vencidos tiene un papel que cumplir en la historia. Con imperiosa urgencia, ayer como hoy, tenemos que volver a reivindicarnos como especie humana ante el odio y la idiotez creciente. El Holocausto está cerca y su olvido también.

Laura Arias. Psicoanalista

 
N 30 Año VI
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