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Crítica
DARIO
RUIZ GOMEZ
Ciudad
Universitaria
Juan Carlos Palenzuela
toma nota de la "afirmación ligera" que Darío Ruiz Gómez emite en
el libro Ciudad y Arquitectura, "en la que sentencia como
'fallido intento' a la Ciudad Universitaria de Caracas", obra de
Carlos Raúl Villanueva. Deduce el crítico que el profesor colombiano
se sirvió de una fuente de información no del todo acertada y, en
consecuencia, recomienda consultar el título firmado por Sibyl Moholy
Nagy y el estudio asumido por Marina Gasparini, Eliseo Sierra y
Miguel Arroyo
Darío
Ruiz Gómez es un estudioso de la arquitectura, del espacio
urbano, de la ciudad como el sitio para el encuentro feliz entre
los hombres. El hábitat como la mejor realización
cultural es el eje de sus escritos, desde Proceso de la cultura
en Antioquia (1987) hasta Ciudad y Arquitectura, diez
años después, la ciudad es entendida como lugar de
pertenencia.
Su mirada y
reflexión sobre la ciudad tienen el acento de su propia vivencia,
al menos cuando habla de Colombia. Ser urbano, conocedor de la historia
y mentalidad crítica -y a veces irónica-, le permite
observar y analizar la movilidad de la ciudad, la sucesión
de tesis, de desequilibrios, de coexistencia de procesos y en fin,
de enfocar como parte de un mismo asunto el de la ciudad-arquitectura-diseño-buen
gusto y celebración cotidiana de la vida.
En el libro
del profesor Ruiz Gómez, Ciudad y Arquitectura,
editado por la Universidad Nacional de Colombia, encuentro una afirmación
ligera en la que sentencia como "fallido intento" a la
Ciudad Universitaria de Caracas (p. 66), obra del arquitecto Carlos
Raúl Villanueva. Su opinión se halla en un texto
referido al arte en el espacio urbano, ante cuyos ejemplos el autor
se muestra escéptico.
Su juicio es breve y sin posibilidad de desarrollo. Dice que fue
un "intento fallido" y continúa su discurso, pues
lo de la Ciudad Universitaria de Caracas no es el sujeto de su disquisición
sino que apenas viene al caso como (fallida) ilustración.
Pienso que
Ruiz Gómez ha tomado el ejemplo de algún libro
de Juan Calzadilla, sea Pintura venezolana de los siglos
XIX y XX, en su página 93, de 1975, o Movimientos
y vanguardia en el arte contemporáneo en Venezuela, en
su página 33, de 1978 (puesto que, dicho sea de paso, constituyen
un mismo texto al cual el autor apenas cambió de título
sin la debida advertencia). Allí Calzadilla hace un
dictamen superficial y negativo de la obra universitaria de Villanueva
llegando a extremos inauditos al señalar a ese proyecto "las
fallas debidas a la improvisación en la elección de
las obras y los tipos de materiales en que ellas fueron realizadas",
lo cual es un disparate que se refuta con una simple visita a la
universidad y, dada la supuesta poca fortuna del experimento, ese
patrimonio artístico se encontraría (Calzadilla
aún repite su cita en 1979 cuando por tercera vez cambia
ingeniosamente de título, ahora Obras singulares del arte
en Venezuela, página 59) "condenado al más
completo abandono y a la destrucción", por lo que remata
afirmando que "el experimento fue mucho más afortunado
en la teoría que en el destino", lo cual es una fórmula
para intentar descalificar la integración y vigencia de las
artes de Villanueva.
Naturalmente
si la fuente de información es mal interesada, la impresión
que obtenga el investigador será errada. Sobre el punto que
nos ocupa existen dos libros que ofrecen una visión acertada:
el de Sibyl Moholy Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura
de Venezuela (Editorial Lectura, Caracas, 1964) y el de Marina
Gasparini, Eliseo Sierra y Miguel Arroyo, Obras de
arte de la Ciudad Universitaria de Caracas (Universidad Central,
Caracas, 1991).
Para concluir
diremos, primero, que la generalidad de las obras de arte de la
Universidad Central se encuentran en buenas condiciones (aunque
siempre hace falta más mantenimiento) y, segundo, que el
ejemplo de ese campus arquitectónico es un hito de la modernidad.
Juan
Carlos Palenzuela. Crítico de arte
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