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Ensayo
GIUSEPPE
UNGARETTI
El
estupor de La Alegría
Giuseppe Ungaretti
conoció la guerra y con ella las desilusiones, el dolor por los
ausentes, la muerte y el exilio. De esos sentimientos nace La
Alegría, título que -apunta Erika Reginato- "intenta definir
sus angustias", el miedo que lo embarga fuera del país natal, su
melancolía. Y es que el horror frente al mal sólo toma un orden
en la palabra que lo nombra, en esos versos que dicen del "desierto
emocional que lo acompañará a lo largo de la vida"

Ungaretti "nos transporta a la religiosidad del instante"
En
París, Ungaretti frecuentó las clases de Henri
Bergson, quien predicaba la teoría de la conciencia como
memoria y el tiempo como realidad interior. Con esta teoría
quedó fascinada toda una generación de jóvenes
e influyó profundamente en la cultura y en la poesía
de la segunda y tercera década del siglo XX. Ungaretti,
nacido en Egipto, junto con los poetas Salvatore Quasimodo
y Eugenio Montale se le consideró como uno de los
precursores del hermetismo italiano caracterizado por el uso de
las palabras con un significado especial y por la anulación
de los signos de puntuación. En 1915, con la ayuda de Palazzeschi,
publicó sus primeros poemas escritos entre 1914 y 1915 en
la revista Lacerba, perteneciente a un grupo de futuristas.
Participó
voluntariamente en la Primera Guerra Mundial y su vivencia lo condujo
a escribir Il Porto Sepolto, poema de profunda reflexión
acerca de su experiencia y desilusión, y la plaquette
en francés La Guerre. En 1923 en una reedición
publica el poemario Il Porto Sepolto con un prefacio de Benito
Mussolini, cabecilla de un periódico socialista. En 1931
publicó un libro en donde se reagruparon casi todos los poemas
que antes había publicado en distintos periódicos,
revistas o en pequeñas ediciones, pero con el título
definitivo: L'Allegria. Libro en donde se demuestra la esencia
y la capacidad de comunicar las emociones a través de la
palabra precisa y una musicalidad notoria. Libro que nos hace sentir
un acercamiento directo y consciente de aquello que se realza en
toda su obra: la limpieza del trabajo, la fuerza absoluta de su
voz y un lenguaje que se desarrolla en el clima del movimiento literario
de vanguardia con la presencia del Futurismo europeo. Al respecto
escribe Gianfranco Contini: "la sua poesia verte
sulla parola, e non muove dal discorso quanto logicamente organizzato
(
) In Ungaretti il discorso nasce succesivamente
alla parola". Queriendo decir que la palabra utilizada
en cada verso suele ser tan exacta que todas nos ofrecen un orden
que no se puede alterar, pues se perdería su contenido inicial.
El ritmo con el que escribió cada verso avanza en el discurso
dándole más fuerza a su voz, más originalidad
tonal a su acto de creación. El poeta abre las puertas a
una lírica moderna enfrentándose continuamente a ese
riesgo de la poesía ungarettiana. Refiriéndose a esta
innovación escribe Fortini: "la tonalitá
delle liriche dell'Allegria è d'una tensione vitale sorpresa
di se stessa, sbalordita di poter esistere. 'Allibire' è
verbo ungarettiano, e non sta a significare spavento quanto rapito
stupore" ("la tonalidad de la lírica de La
Alegría es de una tensión vital sorprendida de
sí misma, asombrada de poder existir. 'Allibire' es un verbo
ungarettiano, y no significa susto sino robado estupor").
El poeta intenta recogerse, aceptarse "a sí mismo",
y lo expresa en sus últimos años de vida. En el poema
Taccuino del vecchio dice: "Ancora intento
mi rinvengo a cogliermi" ("Todavía intento
volverme a aceptar"). Todavía en 1960, después
de varios años en el ejercicio poético, Ungaretti
intenta volver a aceptarse y elige "aquel momento" de
observación, moviéndose en el delirio y la angustia.
Finalmente su poesía es un nacimiento de otro estilo, una
voz intuitiva que ni los poetas franceses, siempre tan innovadores
de formas y estilos, no lograron realizar en el movimiento artístico
y poético de la época. Su estilo, sin duda, fue diferente,
traspasó las fronteras impuestas de la versificación,
el contenido del poema dibujó otra estructura: su ritmo y
su tiempo fueron huellas. Un espacio trabajado desde otra perspectiva,
alternado con profundos silencios y con la consciencia de la palabra
escrita.
La Alegría
nos revela el sentimiento que domina su juventud e intenta definir
sus angustias. Expresa una continua desilusión y el dolor
por los ausentes, el inicio de la búsqueda, el miedo fuera
de su país natal y durante los años de la guerra,
es la melancolía en una continua explosión. Sus versos
cortos están dominados por la furia de la inspiración:
su trabajo es impetuoso, enérgico, pasional, no es racional
ni metódico, implica pasión y descarga. Su verso-librismo
acata múltiples silencios, largas respiraciones que ocupan
una hoja entera. Así pues, La Alegría (1914-1919)
supone un territorio ocupado por la palabra poética en un
comienzo de liberación.
Este libro
abre la antología Vida de un hombre (Arnoldo Mondadori
Editore, Milano, 1999) y se divide en cinco partes: la primera "Ultimas",
luego viene el "Puerto Sepultado", le sigue "Naufragios",
"Vagabundo" y por último "Primeras".
Los poemas que constituyen La Alegría es una muestra de la
ausencia, de la voz que conoce bien su destino y su origen, es un
libro que reúne aquel territorio que aqueja al poeta: escapa
de un desierto físico, deja Egipto y viaja a Europa para
someterse a un desierto emocional que lo acompañará
a lo largo de la vida.
Iniciamos la
lectura del libro con "Ultime" en donde nos conseguimos
con el poema que lleva por título Eterno, advirtiendo
el tiempo detenido en el reloj de arena, trasmitiendo la suspensión
del alma infinita y ondas pausadas. En la poética ungarettiana
frecuentemente encontraremos un espacio en blanco, totalmente limpio,
que nos invade de preguntas y de silencios inexplicables: "l'inesprimibile
nulla" ("la inexpresable nada). Es aquel territorio
al cual pertenece su palabra. Es la sensación misma de pesadez,
del miedo causado por el paso del día y la noche y esa extraña
marca que lo señala con irse, con marcharse y finalmente
no regresar a la vida del poeta. Su memoria lo atropella continuamente
como dejándolo sin respiración y sin calma: "Anche
questa notte passerà", ("También esta
noche pasará") nos dice y trasmite su insomnio al lector.
En un continuo enfrentamiento con el tiempo, la vida y la muerte,
con el instante que murmura entre la sombra de sus sueños
y haciendo continua referencia al desierto que ha asumido, a la
tierra seca, al sol que ciega, que rapta a la ciudad con olor a
muerte, a sequía, a fuego, escribe recordando su país
natal el poema Recuerdo de Africa: "Il sole rapisce
la citta / Non si vede piú / Neanche le tombe resistono molto".
Asumiendo la iluminación poética con la metáfora
del sol que ciega y avanza, absorbiendo y arrasando toda a su paso.
Más
tarde, se suicida su amigo de juventud Moammed Sciab, y Ungaretti
escribe un hermoso poema a su memoria, lo pública en "Puerto
Sepultado", especie de Diario en donde afirma por primera
vez, su apego a la vida: siente la suerte de estar vivo después
de ver la muerte a su lado. Este es el libro que escribe durante
su lucha en la Primera Guerra Mundial, entre 1915 y 1918, y los
sucesos extrapoéticos lo marcarán de por vida: el
horror lo descubre como un ser frágil y desnudo ante la soledad.
Poemas del día tras día en los que Ungaretti
trasmite en el delicado hilo de sus palabras un ritmo que se funde
con el idioma paterno y una nueva visión de la forma en la
composición poética. En Sono una Creatura
escribe: "La morte / si sconta / vivendo". Una
originalidad y a la vez una fuerza estética inconfundible
que abarca una línea con un sólo movimiento de su
tinta, simplificando el objeto en una palabra sin sinónimo,
sin otra posición que la que el poeta la hace asumir. La
tercera división de La Alegría lleva por nombre
"Naufragios" y nos encontramos con el poder de la nostalgia,
con la necesidad de la soledad y el desbordamiento del ser. En el
poema Navidad leemos: "Non ho voglia di tuffarmi
/ in un gomitolo / di strade / Ho tanta / stanchezza / sulle spalle
/ Lascia-temi così / come una / cosa / posata / in un / angolo
/ e dimenticata (...)". Este poema fue escrito en Napoli
el 26 de diciembre de 1916.
Ungaretti
advierte el oficio del poeta, intenta comunicar lo más querido,
aquello que más lo ha inquietado y agitado en su interior.
Aprieta entre sus labios aquello que pertenece más profundamente
a la razón misma de la vida y se revela en un trozo de papel,
desafiando nuestro propio destino de un modo sumamente objetivo.
Su poesía no es descriptiva, sus versos son limpios, cortos
y a la vez se prolongan en un pasado imaginario y un presente recreado
en las imágenes. El desierto se descubre entre lineas, en
la ambigüedad y en la simpleza del lenguaje: "Avrò
/ stanotte / un rimorso come un / latrato / perso nel / deserto".
Un perro perdido en el desierto, un grito o un aullido que nadie
escucha. El cuarto poemario que incluye La Alegría
es "Vagabundo" en donde encontramos la visión de
una vida casi nómada, en donde se aleja de su propia tierra
para decirnos: "In nessuna / parte / mi posso / acassare
(
) Cerco / un paese inocente". Este verso recuerda
la emigración de él, de sus padres y predice la desventura
que lo seguirá a Brasil en donde su hijo Antonello muere
y, atormentado el poeta, huye de nuevo.
El último
capítulo, "Primeras", nos transporta a la religiosidad
del instante en donde se resiste a escribir un poema-anécdota
y en versos largos hace resonar la luz del atardecer y el calor
hogareño. En el poema titulado Lucca la madre recita
el rosario y el poeta, recordando el paisaje de la infancia, los
muros, la hostería, descubre que de su país como en
Lucca, de donde provenían los padres, la meta era
irse. Se despide de sus deseos, de sus nostalgias, de sus amores
y de sus sueños, sólo le queda resignarse a morir
como los demás. El libro, La Alegría, finaliza
con el poema llamado Plegaria, escrito entre París
y Milán en 1919, su búsqueda se convierte en un grito
ahogado: "concédeme Señor / de aquel joven
día el primer grito". Rogando un instante para volver
a nacer, un profundo aliento para poder sentir su alma ligera sin
peso alguno, limpia y sin la barbarie del mundo.
Erika
Reginato. Poeta
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