Entrevista

"SALI HUYENDO DE BOLIVAR"

Frédérique Langue desenreda la madeja de nuestra Historia

Cuando Frédérique Langue llegó a Venezuela "veía a Bolívar por todas partes", y revela
a Diana Lichy haber sentido la necesidad de "salir huyendo" de éste, hasta volcarse en los documentos que la llevaron a encontrarse "no con el héroe militar, símbolo nacional,
sino con alguien mucho más interesante. Así pues, me reconcilié con Bolívar", y además
se convirtió en la autora del único título actualizado sobre el devenir del país: Histoire du Venezuela, de la conquête à nos jours (Editorial L'Harmattan / París 1999)


Foto: Archivo
Frédérique Langue ficha la vida de las "mantuanas escandalosas" venezolanas


La primera vez que Frédérique Langue llegó a Venezuela fue atraída por la música popular, sin embargo su pasión por la historia la llevó a dar clases en diferentes centros de estudios, así como a realizar una labor investigativa. Esta experiencia le serviría más tarde para redactar Histoire du Venezuela, de la conquête à nos jours, el único libro sobre nuestra historia disponible en francés y que fue presentado este año por la editorial L'Harmattan. Hay que añadir con tristeza que salvo una serie de guías turísticas, es casi nada lo que se encuentra publicado sobre Venezuela en Francia.

El libro de Langue es claro y ameno. Su exposición de los hechos es precisa, ubica al lector en el tiempo y en el espacio, ya que analiza y compara fechas y acontecimientos tanto de diferentes países de Europa como de América. La obra presenta también un anexo con una lista de novelas y películas históricas venezolanas, a la vez que incluye una página con enlaces sobre Venezuela en Internet. Este libro viene a colmar un vacío entre las publicaciones francesas y aparece en un momento propicio, pues desde que Hugo Chávez asumió la presidencia, Venezuela ha ocupado la atención de la prensa francesa con frecuencia.

—¿Cómo fue el trabajo de la escritura del libro?
—Ha sido la acumulación de un proceso tanto de trabajo como de investigación, así como de experiencia personal, ya que estuve viviendo en Venezuela varios años.

—¿El libro parte de un material que había comenzado a trabajar? ¿cómo surgió la idea?
—Yo tenía material trabajado, pero sólo sobre el siglo XVIII, sobre historia de las mentalidades y representaciones, pero no sobre períodos más recientes, como el siglo XIX y XX. Aunque yo ya había dado clases en Venezuela sobre esos períodos.

—¿Y por qué publicar en Francia un libro de historia de Venezuela?
—Yo quería escribirlo porque no había ningún libro de este tipo. Hay una historia de Venezuela que se publicó en 1908. Es un libro que está perdido en los cajones de la Biblioteca Nacional de Francia, que nadie lee, así que desde entonces no se había publicado nada.

—En general hay muy pocas publicaciones sobre Venezuela.
—Así es. En cambio sobre otros países la situación no es la misma, por ejemplo, sobre México hay montones de cosas, incluso sobre Colombia se consigue bastante material. Es una lástima que Venezuela no esté más presente aquí. Pienso que también eso tiene que ver con los estudiantes, a quienes se les dirigen los temas de tesis. Ha habido algunos geógrafos, unos pocos interesados en la literatura, pero los historiadores son una minoría. Es por eso que yo quería escribir este libro sobre Venezuela, pero había pensado en algo más sintético. Sin embargo, la editorial L'Harmattan llamó para preguntarme si no tendría redactada alguna historia de Venezuela. La verdad es que yo estaba comenzando a escribirla y esta oportunidad me permitió trabajar un libro más completo. Además lo difícil fue resumir la historia de un país en unas pocas centenas de páginas.

Frédérique Langue habla en un perfecto español y sin ningún acento. Le preguntamos de dónde le viene la curiosidad por Venezuela.
—De una serie de lecturas, de encuentros con historiadores venezolanos, y de una manera más personal, de mi gusto por la música popular. Algo que sí aparece en el libro, y a lo que hago referencia en la introducción, es esa experiencia vivencial que tuve en Venezuela, especialmente en la universidad. Esto me ayudó bastante, tuve la oportunidad de trabajar con Brito Figueroa, Elías Pino Iturrieta y muchos otros. Di clases de postgrado, y todo eso me ayudó a tener una visión del país. Creo que esto es importante, porque tuve que hacer comparaciones con otros países latinoamericanos.

—¿En relación con los estudiantes franceses, notó diferencias frente a los venezolanos o el nivel de preparación es equivalente?
—A mí me parece que el nivel de los estudiantes venezolanos es muy bueno, realmente. Incluso en postgrado, me parece que son mucho más exigentes en Venezuela que en Francia. A nivel de los programas, de todos los seminarios que uno tiene que tomar, el trabajo allá es enorme. La contrapartida es que aquí hay mucha más libertad. A mí especialmente me conviene la manera de trabajar en Francia: uno puede investigar a gusto. Los programas son menos dirigidos. Quizás porque en Venezuela la formación a nivel de bachillerato es menos buena, no es el mismo nivel que el bachillerato francés. Pero en la universidad eso cambia. Yo he tenido estudiantes brillantes.

—Me gustaría que me hablara de su percepción sobre el culto bolivariano, que en parte comenzó a ser desarrollado en el país a partir de Guzmán Blanco. ¿Qué opinión tiene al respecto ?
—Es una pregunta que me suelen hacer. Es lógico, por la gesta heroica, el culto del héroe, y por la historia oficial. La verdad es que cuando llegué a Venezuela, veía a Bolívar por todas partes, las plazas, en las monedas… en un primer momento incluso tuve una actitud de rechazo, como le decía al historiador Germán Carrera Damas, me parecía que era una especie de espejismo, que toda la historia del país estaba escondida detrás de Bolívar, y que él era como un obstáculo para entender la realidad nacional, la sociedad, la cultura de un país. En un primer momento, salí huyendo de Bolívar, pero poco a poco, como mi tema tiene que ver con la historia de las mentalidades, enfocado desde otra óptica, que tiene que ver con la economía y la sociedad, la verdad es que me volví a encontrar con Bolívar, pero de otra manera, en los documentos, y casi con otro tipo de personaje, no con el héroe militar, símbolo nacional, sino con alguien mucho más interesante. Así pues, me reconcilié con Bolívar.

—¿Qué proyectos tiene?
—Tengo varios compromisos editoriales. En este momento estoy trabajando en un libro que se va a publicar aquí en Francia, una especie de novela histórica, basada en un libro que publiqué sobre los zacatecas de México, y que parte de la investigación para mi tesis de doctorado. Eso me da la oportunidad de escribir de manera más libre, no de una manera "seria", estricta, rígida, ya que un historiador se tiene que atener a ciertas normas de publicación de los hechos o de críticas, en cambio, ahora con hechos reales estoy escribiendo ficción. Luego tengo un proyecto sobre mantuanas escandalosas; al igual que en mi trabajo de investigación sobre México, mientras investigaba sobre Venezuela hallé datos en los archivos, y me encontré con estos personajes.

—¿Y cómo son esas mantuanas escandalosas?
—Yo andaba persiguiendo a las élites, por mi tema sobre la historia de las mentalidades, y tarde o temprano tenía que toparme con las mantuanas. No ha sido fácil, porque la mayoría de los archivos venezolanos no están abiertos al público. No siempre se pueden consultar. Yo he tenido mucha suerte para entrar a los archivos. Total que me encuentro con casos de mantuanas escandalosas, que salían en las noches a encontrarse con sus amantes. Era la historia no oficial. Y a mí me interesa saber qué es lo que hay detrás de lo no oficial, de la leyenda política.

—¿Había muchas mantuanas escandalosas?
—Eran unas cuantas… lo que pasa es que los historiadores venezolanos no se atreven a tratarlo. Pero algunos han empezado.

—Pero el historiador Elías Pino Iturrieta ha tratado ese tema.
—Es el único, porque él también ha trabajado con la historia de las mentalidades y tiene gran interés sobre ese tema. Ahora hay más personas. Han formado un grupo en Venezuela, que trata de trabajar en eso, es un método histórico que se ha puesto de moda. La desventaja es que quien quiera dedicarse a la historia de las mentalidades, agarra cualquier caso escandaloso en los archivos, y lo comenta, bien o mal. Pero esto no es hacer historia de las mentalidades. Uno tiene que desentrañar procesos más profundos, más sutiles. No tiene nada que ver con casos escandalosos. Ahora yo hablo de mantuanas escandalosas, pero en aquella época se hablaba del comportamiento escandaloso, y me pareció que el término podía ser un buen título.

Diana Lichy. Poeta y guionista

N° 58 Año III
Caracas, sábado 10 de junio de 2000
 
 
 
Apuntes
La inmensidad en Irazábal
(Juan Carlos Palenzuela)
 
 
 
 

 

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