Fotografía

REVELACIONES BIOGRAFICAS DE SEBASTIAN GARRIDO

Soy un diafragma abierto

Viene del encendido azul del Africa, tierra frente a la que nació, y ha forjado su destino
en medio del azul del Caribe. Así, como un reo de la luz, transcurre la historia de Sebastián Garrido
(Premio Nacional de Fotografía / 1998), una historia que -se adelanta a revelar a Edda Armas-
torna en capítulo central la misión -porque antes que tarea profesional fue y es compromiso existencial- que emprendiera junto a don Alfredo Armas Alfonso, en los días en que,
a fines de los años sesenta, refundaron Cumaná desde el lente,
a través del diafragma de la cámara


Foto: Sebastián Garrido
Castillo San Antonio de la Cabeza, en la Iglesia Santa Inés de Cumaná, 1992


EA: La luz inicial del Mediterráneo.
SG: Nací en un espacio de luz en el Mediterráneo y eso marcó mi vida. Además, nací en una casa llena de fotografías, pues todos eran fotógrafos: mi papá, mi hermano, mi abuelo, hasta mi madre alternaba la cocina con la fotografía. Pero nunca me planteé ser fotógrafo. Yo, verdaderamente, lo que quería estudiar era farmacia. En la postguerra española mi familia decide irse de España, y el puente de salida se establece a través de mi hermano Pedro, que estaba exiliado en Venezuela. Con su ayuda nos fuimos viniendo por etapas.

-La luz y el azul me persiguen.
-Mi primer azul fue el de Africa, pues nazco en Garrucha, un pueblito frente a ese continente. Vengo de ese azul profundo y me encuentro con un azul, de alguna manera, más claro, acá en el Caribe. Desde el avión ya me asombran las aguas color esmeralda que podía observar y ese golpe inmenso de luz, que me es vital, pues soy un ser que no podría vivir en la oscuridad. La luz es tan importante para mí, que los días grises me hacen estar triste, pero en los soleados soy un diafragma abierto. Los azules se complementan. Entre el azul en el que nazco y al que llego hay sólo medio diafragma. En Venezuela, que es un país de una luz particular, el tema de la luz no ha sido agotado. La luz de Oriente, por ejemplo, está llena de azules. Estar frente al mar, leer el poema "Azul" de Cruz Salmerón Acosta y asumirlo viendo cómo transcurren los azules a lo largo del día, desde la ventana de la propia casa del poeta en Manicuare, es un gran gusto que uno se ha dado.

-El espacio es una memoria y una elección.
-Si bien me inicié en la fotografía a los trece años (mi hermano Pepe me daba lecciones y era muy exigente), realicé muchos oficios antes de trabajar como fotógrafo, entre ellos el de vendedor. Mi primer empleo fue en una tienda llamada "Oxford, el imperio de las medias", de Gradillas a Sociedad. Como fotógrafo comencé en el diario El Heraldo, con Eleazar Díaz Rangel, donde tuve la suerte de tener como jefe al fotógrafo Carlos Balda, quien me orientó, y de quien guardo un recuerdo agradecido. Mi pasantía por la prensa fue un extenso recorrido por deportes, sociales y sucesos.

En Cumaná, donde me fui a trabajar con don Alfredo Armas Alfonzo, en el año 62, cuando lo nombran el primer director de Extensión Universitaria de la Universidad de Oriente, entendí el problema del inmigrante. Uno transita espacios, pero elige el suyo. No siento una nostalgia exagerada por España, pues llegué a Venezuela con 16 años, y me ayudó mucho trabajar con venezolanos desde el primer día. El espacio de España es una memoria conectada con los padres.

-El oriente venezolano, mi otro entorno.
-Como dije antes, Alfredo Armas Alfonzo, quien me bautizó "torero", y así me quedé, me lleva a Oriente y marca un espacio nuevo en mi vida, que es otra visión de la fotografía: "El venezolano y su entorno". Empiezo a fotografiar ese mundo, del cual Alfredo era partícipe y me enseña a amarlo, haciéndonos cómplices de esa gente, de esa otra luz, de otros amaneceres. Era un tema permanente de conversación con Alfredo la necesidad de "crear un banco de imágenes con la memoria del país", y lo hablábamos antes de irnos a Cumaná (a principios de los sesenta) y ese fue el gran encantamiento, que se nos hizo una necesidad de vida, y nos hemos mantenido consecuentes con ese propósito en el ejercicio de nuestra profesión.

-Una definición de la fotografía.
-La fotografía es una necesidad vital para mí, al punto que si existiera la posibilidad de reencarnar volvería a ser fotógrafo. Retratar al ser humano en su entorno es un gozo que la fotografía me permite. En el negativo debe estar el alma y ésa es el encuadre. Estudio y observo mucho antes de hacer la toma. La luz es muy importante, espero la luz con relación a una textura, por ejemplo.

"Creo que la fotografía es un arte fundamental para la sociedad", porque un país sin memoria es un triste país. No es un arte puro, es un mestizaje, como nosotros mismos. La fotografía no es un hecho aislado, hay quienes la llaman arte, memoria, documento. Y al final hay una visión muy particular de cada cual que se enriquece con la mezcla, con el mestizaje. Recuerdo a Pablo Picasso cuando lo acusaron de haberse robado el arte africano y él acotó: -No me lo robé, yo me llené del arte africano y devolví una nueva visión de la africanidad.

-Venezuela, un país que aún no ha sido fotografiado.
Con relación a los temas, éstos me eligen a mí. Me ha pasado siempre. Recuerdo una vez que iba viajando con don Alfredo e hicimos una parada para ver el abrojo a orilla de la carretera. Me demoré mucho haciendo la fotografía. Don Alfredo guardaba silencio, hasta que me dijo: -"torero", usted tiene capacidad de amar hasta a una piedra.

En los últimos cinco años he realizado un registro, que llega a los ocho mil negativos, sobre artesanos y su obra, especialmente en la isla de Margarita, Falcón, Trujillo, Mérida y Puerto Ayacucho. El arte nace del pueblo, y estoy convencido de que nuestra artesanía no ha sido bien manejada, con criterios de honestidad. En artesanía no ha habido políticas claras. Definirlas es una labor de Estado.
Hay que fotografiar, urgentemente, un país que aún no ha sido fotografiado. Digo esto porque hay una falta evidente de coherencia en los registros. Hay fragmentos. Portafolios incompletos. Algunos trabajos como los de Paolo Gasparini, Nelson Garrido, Luis Brito y Ricardo Armas. El gran registro de Venezuela, su patrimonio, sus creadores, sus habitantes y su paisaje, habría que abordarlo como un gran proyecto nacional que nos conduzca a un registro fotográfico coherente, orgánico y sistemático. Estoy hablando de una tarea de muchos y a mediano plazo.


Foto: Sebastián Garrido
Concepción de Carache (la nieta de Rufa), 1992

Edda Armas. Poeta

 

 

 

 

 

N° 47 Año III
Caracas, sábado 25 de marzo de 2000
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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