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Impresiones
EL PERIPLO
DE BENJAMIN VILLEGAS Y ERNESTO ARMITANO
Raptar el universo y volcarlo
en un libro
Ambos hombres
parecen venidos del siglo XVIII, reúnen los atributos para
merecer el título de "editor": aquel ser que de
acuerdo a Coromines se afanaba por "sacar de lo inédito",
bien una historia, bien un objeto, bien una especie
Y si así
reza el cargo, la actividad , remonta aún más lejos
y alude su raíz a "parto", "sacar a fuera",
"dar a luz". No han hecho menos el colombiano Benjamín
Villegas y el italiano Ernesto Armitano -venezolano por elección
desde 1970.
De allí que sus apellidos se encuentren -con la letra "y"
como mediadora-
y se les sentencie como "Los dos grandes editores latinoamericanos",
con la obligante y requerida exposición de pruebas (cincuenta
y dos obras
por editor, ampliamente ilustradas, de gran calidad estética)
a las que el gran público tendrá acceso a partir del
viernes próximo. El evento ha sido organizado por la Embajada
de Colombia,
el Consulado (que ha destinado el Salón Gabriel García
Márquez
para tal fin) y la Fundación Cultural José María
Espinosa

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Al
pie de la letra
Y si hubiese
que resumir en un par de párrafos la bitácora
profesional de cada uno, al menos tendría que destacarse
que:
A Ernesto Armitano
le quita el sueño el encendido de las maquinarias que
pueblan sus talleres. Se apresura por hacer suyos los avances
tecnológicos de la industria editorial. Se erige en
maestro y hace gala de su profesionalismo en el manejo de
las artes gráficas. Su apellido sugiere un antes y
un después -descollante- en lo que se refiere a libros
de arte producidos en Venezuela. Ha inclinado el peso de su
catálogo hacia los artistas plásticos, ha divulgado
la historia de la pintura, de la escultura, de la arquitectura,
sin ponerle resistencia a la naturaleza. Diríase que
ha enfatizado la majestuosidad original del Palacio de Miraflores,
que al lado de Gaston Diehl dotó de más espacio
al trazo simbólico y mítico de Oswaldo Vigas
y en alianza con Efraín Subero evitó el naufragio
del mar de historias que encierra la isla de Margarita.
El destino de Benjamín
Villegas podría ser interpretado como un destino
manifiesto, advertido desde siempre y a cada instante por
¿la Divina Providencia?, ¿por cuál de
los dioses de qué panteón? Porque su hoja de
vida y las hojas de los libros se superponen, cruzan fibras
desde su época de colegial, mientras estudió
arquitectura y durante lo que ha seguido y lo distingue como
el único editor latinoamericano cuyos libros circulan
en inglés y francés, a través de los
más prestigiosos catálogos, amén de los
innumerables premios internacionales recibidos. Incursiona
Villegas con igual vehemencia, "tras la verdad sin distancias"
y junto con el fotógrafo Hernán Díaz,
en el recinto amurallado de Cartagena, como en el torrente
sanguíneo que hace de América un paraíso
multicultural, apreciación que avanza en equipo con
William Ospina.
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