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Indagaciones
FERNANDO
LLERAS DE LA FUENTE AVANZA ENTRE SOMBRA Y PENUMBRA
El
tiempo, epicentro de nuestra lengua
Maurizio Fantoni
ha logrado calcar en italiano el justo tono con el que Fernando
Lleras de la Fuente impregna de misterio y torna sugestiva cada
una de sus historias: Ombra e penombra
será presentado entre los "Juegos del Tiempo", a los que hará alusión
Lleras
como umbral a la presentación que de dicha traducción hará Luis
Alberto Crespo,
el próximo martes, en el marco del VIII Festival Atempo,
que celebrará del 9 al 17 de julio

En
alguno de mis libros escribí una vez: "el sentido del
humor nació en el momento en que el hombre inventó
a Dios".
Hoy, pasados
los años, me he dado cuenta de que tal vez me equivoqué.
He aprendido que uno de los más maravillosos y deplorables
hábitos del ser humano es crear conceptos que no puede y
no podrá jamás llegar a comprender, y que Dios, al
fin de cuentas, no es más que una consecuencia de dos nociones
previas: tiempo y espacio.
Se trata de
intuiciones en apariencia obvias, naturales y sencillas, razón
por la cual, como buenos humanos, nos dedicamos a complicarlas con
tanto empeño, nobleza y alevosía que terminamos por
idear cosas como "infinito" y "eterno", ideas
que ningún hombre ha podido, puede o podrá jamás
comprender a cabalidad, pero que resultan de inmensa utilidad para
explicar cómo dos líneas acaban por encontrarse en
el infinito, por supuesto después de una eternidad.
Naturalmente,
son dos especies de cualidades que le atribuimos de inmediato a
ese ser superior que llamamos Dios: nos era indispensable no poder
comprenderlo, de lo contrario sería apenas un pobre tipo
más, en su rinconcito del universo, con arteriosclerosis
y quién sabe qué otras desgracias propias de nuestra
condición.
Debo, pues,
retractarme, para decir que el sentido del humor nació en
el momento en que concebimos el tiempo. Pero ante tal afirmación,
la pregunta indispensable tiene que ser: ¿lo descubrimos
o lo inventamos?
Nadie podría
dar una respuesta. Nos acercamos con admiración y terror
al monstruo que tal vez descubrimos e inventamos a la vez y que
se apoderó de nosotros con tal ímpetu que terminó
por ser nuestro amo.
Todo lo que
tiene que ver con el ser humano, y con la vida en general, está,
para nosotros, sin excepción, ligado a la noción de
tiempo.
No tendríamos
forma alguna de pensar, y por lo tanto de conocer el mundo y de
comunicarnos si el tiempo no fuera el epicentro de nuestra lengua.
Nada en este mundo sería comprensible sin los conceptos de
ayer, hoy, mañana, recuerdos, olvido, lento, rápido,
promesas, desengaños, y por supuesto, vida y muerte.
En el fondo,
no hay palabra, o sea no hay pensamiento humano, que no se fundamente
en la noción de tiempo. Más aún, no hay sonido
alguno que tenga integridad fuera del tiempo, pues por definición
no puede darse.
"En el
principio fue el ritmo", dijo Von Bülow, uno de
los grandes músicos del siglo XIX. Tan hermosa afirmación
es errónea: el ritmo es simplemente una función del
tiempo. Es más, hoy el ritmo nos parece ser una tendencia,
y no un principio, cuando sabemos que hay partículas sub-atómicas
que se mueven al azar.
Hay, en apariencia,
un tiempo "objetivo", cuyo comportamiento tal vez nunca
llegaremos a conocer, y otro, que podríamos llamar "subjetivo",
cuyas características también parecen ser indescifrables.
Ambos tiempos se mezclan para formar la paradoja más formidable
del ser humano.
Conforman una
entidad que es abstracta y concreta, abstracta porque es libre y
universal, concreta porque es individual; libre porque se comparte,
privada porque la atesoramos. Y atesoramos algo que hemos perdido,
lo perdemos mientras lo edificamos, y lo edificamos para perderlo.
No importa
cuáles sean nuestras ideas o nuestra fe, el proceso es siempre
el mismo.
Intento a través de la poesía de ilustrar cómo
el tiempo nos entierra porque lo cultivamos, convirtiéndonos
luego en misteriosa cosecha del tiempo. Hay que tener un indudable
sentido del humor para aceptarlo.
(Fernando Lleras introducirá
con estas líneas su disertación sobre los Juegos
del Tiempo, tema por el que apuesta el Festival Atempo en esta
octava edición que servirá también como escenario
para la presentación de la traducción al italiano
de su libro Ombra e penombra).
Fernando
Lleras de la Fuente. Narrador colombiano
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