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In Memoriam
JACINTO
FOMBONA PACHANO
Hombre habitado, encendido
En vida publicó
sólo tres títulos, Virajes (1932), Las torres desprevenidas
(1940) y la plaquette
titulada Sonetos (1945). Sin embargo, esta obra reducida
no restó ejemplaridad a la palabra
de Jacinto Fombona Pachano (1901-1951). De ello da cuenta Guillermo
Sucre
en el prólogo al libro Poesías, que comprende una selección
de los anteriores volúmenes
y de Balcón y Estelas, ediciones póstumas que recogen otros
poemas. He aquí un capítulo
para conmemorar los cien años de su nacimiento

Foto: cortesía Jhonny Phelps
Jacinto Fombona Pachano, distante del efectismo
Estas
escuetas referencias iniciales no tendrían especial significación
si no fuera porque, de antemano, vienen a poner de relieve dos aspectos
de la personalidad creadora de Fombona Pachano.
En primer término,
el sabio sentido de selección que mantuvo a todo lo largo
de su propia labor. Precisamente, ya en uno de los poemas -suerte
de autorretrato lírico y vital, todavía un tanto romántico
es verdad- de Virajes, se concluye con estos dos versos en
que la exigencia poética se hace más veraz por la
humildad con que se asume: las obras muy limitadas, pero las
manos muy puras, / y una pupila de cóndor para una vasta
visión.1 Actitud que es
consecuencia de la concepción radical misma que Fombona
Pachano tenía de la poesía.2
Y todo ello como indicio de algo más que un simple pudor
estético. Voluntad de estilo más bien, rigurosa confrontación
con una verdad interior que lo condujo hacia un estado de disciplinada
pureza, de ascetismo creador, más resaltante aún en
los poemas expresionistas, impregnados de cierta atmósfera
apocalíptica de Las torres desprevenidas. Claro está,
no se trata de buscar en Fombona Pachano los signos de una
"poesía pura". Nos referimos fundamentalmente,
pensando en lo más concentrado y sin fisuras de su obra,
al grave despojamiento que fue imponiendo a su lenguaje, al poder
aislante y transfigurador que tiene en él la palabra misma.
Esa noble sencillez de su canto.
En segundo
término, como en algunos de los poetas venezolanos más
auténticos, la lenta gestación con que fue madurando
su espíritu creador y esa especie de paciencia lúcida,
tensa pero sin apremios, con que él mismo pareció
observar tal proceso. Estando ya en la edad de las afirmaciones,
sus propias palabras así lo confirman: Vivo las mismas
inquietudes de siempre. He evolucionado. He estudiado. He ensayado.
He sufrido diversas influencias en todos los órdenes. Modificado
muchas veces mis puntos de vista, con inquietud, pero honradamente.
3 En efecto, no hubo en Fombona
Pachano ni falsa alquimia ni precipitados líricos impuestos
por la moda. Nadie más distante que él del efectismo.
Iluminado a su manera, con irreductible fidelidad a su propio mundo,
su poesía sigue, con paso moroso pero sereno, entre espaciados
fulgores, la verdad que en ella misma se iba revelando. No por azar,
en su obra tal verdad aparece nutriéndose siempre del tiempo
y es además en el tiempo donde busca honda justificación
-el tiempo vivido como un absoluto en que el hombre ve integrarse
su propio destino.
Así,
la poesía de Fombona Pachano aspira a ser temporalidad
pura. Más aún, en ella, poesía (palabra, canto)
y tiempo se hacen términos intercambiables. Tal fusión
es lo que justamente da relieve a uno de sus poemas más aéreos,
frágil arquitectura de reiteraciones y de símbolos,
como lo es "La canción perdurable". Vislumbrando
el futuro del amor, el poeta dice: Tus ojos se asombrarían
/ de hallarme viejo de cantos. Obsérvese que no es de
años de lo que envejecería el poeta, sino de cantos.
De modo que su envejecer lo es y no lo es a la vez en sentido real
y concreto; su canción lo ha cargado de una enigmática
vida, de una trascendencia que viene a confundirse con la eternidad.
Tiempo que se trasciende: en esta sencilla pero ardua metamorfosis
la poesía encuentra, para Fombona Pachano, su verdad,
es verdad. Así la última estrofa del poema termina
con un tono de reiterada certeza, de jubilosa y tranquila afirmación:
Yo quedaría a tu vera, / con tu nombre entre mis labios,
/ haciendo un rumor de siglos / y envejeciendo de cantos
En otro poema, todavía más directo y simple, encontramos
un pasaje en que ese mismo temple frente al tiempo le comunica a
todo el contexto repentina profundidad:4
El jazminero
estrellado
venía de lejos:
él me dio su saludo
cargado de aromas;
yo le di mi saludo
cargado de tiempo.
En tales saludos
se expresa una relación que sorprende precisamente por su
naturalidad, por su ingenuidad: así como el
jazminero está cargado de aromas, el poeta está cargado
de tiempo. Cargado de tiempo, no de cantos, en esta ocasión.
Es igual. Los dos términos, como ya hemos dicho, son equivalentes.
Estos dos aspectos,
como se ve, son bastante reveladores. Nos ponen en el camino de
comprender, en su auténtica realidad, una poesía más
reflexiva que "espontánea"; diáfana sin
duda, pero de una misteriosa diafanidad; asediada por interrogantes
en las que se trasluce no tanto una actitud desesperada ante la
vida como cierto estoicismo lleno de grandeza y aun de plenitud.
Poesía de vigilia, en vigilia, iluminada visión que
se cierne sobre una realidad pocas veces convencional del mundo:
el hombre que preserva su propia pureza y a través de ella
intenta realizar su absoluto. Tentativa no arbitraria; se remonta
al "angelismo" que domina la actividad poética
del siglo pasado. "El don de la poesía del siglo XIX,
es una esperanza insaciada de inocencia", decía Ungaretti.
El mismo Fombona
Pachano acierta cuando, en poemas de épocas distintas,
se define como: Hombre habitado, encendido, / de pies, / con sus
huéspedes en vela: Muro habitado y llave y firme puerta /
y perfil vigilante y luz despierta / y no lo que tú ves,
luzco a mis horas.5 Veremos, en el desarrollo de este estudio, que
tal definición corresponde plenamente no sólo a un
plano poético, sino también vital. Experiencia del
hombre cotidiano, es decir, esencial, que incide radicalmente sobre
los textos y testimonios de su espíritu creador.
Notas
1 Mensaje.
2 "Me gusta la expresión de Unamuno cuando dice
que la poesía es cosa diferente de la literatura. Porque
la retórica viste y la poética 'desnuda sentimientos'.
Por lo tanto, la función del poeta no es la misma que la
del literato propiamente dicho. El poeta reacciona de manera muy
personal ante el mundo, sin copiar la realidad. Más bien
la deforma y la reconstruye. La poesía implica, pues, un
proceso de selección".
3 Cf. José Ramón Medina: "En torno a la
poesía de Jacinto Fombona Pachano", Revista Nacional
de Cultura, N 106-107.
4 El jazminero estrellado.
5 Vigilia y Sonetos: Soledades, II.
(Capítulo del prólogo
al libro de Jacinto Fombona Pachano, Poesías, Caracas
1964).
Guillermo
Sucre. Ensayista
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