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FRENTE
A NUEVAS EDICIONES DE SU OBRA, RAFAEL CADENAS REITERA SUS PALABRAS
"El alma siempre está
en peligro"
Cuando Rafael Cadenas avanza
alguna afirmación no intenta ampliar o esclarecer.
"Prefiero dejarla así, escueta", dice, y opta por
compartir un sentir: "existe más allá del yo
una fuerza sostenedora". Mas, mientras mora por este mundo
se inclina por la palabra y la honra,
sin dejar de dudar de ella. En fecha reciente, a pocas semanas de
que culminase la última
edición a la Semana Internacional de la Poesía -que
le fuese dedicada-, los lectores
han recibido una intensa ráfaga del aire que alimenta al
poeta: la Antología publicada
recientemente en Madrid por Visor llegó precedida por dos
nuevos libros en torno
a su quehacer poético y en la víspera de la circulación
de una compilación -armada
por los responsables de la revista La oruga luminosa- de
las entrevistas que,
como
la que sigue, ha concedido el también ensayista

Foto: AJ Stephan
La
entrevista, conversada. Especie de locura entre dos, dice Cadenas,
con su tono y ritmo suave y pausado. Hombre parco, despojado, coherente
en lo que conversa con su vivir y anotar. Se retira insobornable
de los lugares ocupados por estridentes declaraciones. Generoso,
amable, inamovible. Está viviendo lo que llama la parte externa
de su quehacer, publicaciones, distinciones. No oye música,
sino los ruidos de la calle. Hombre poeta, lejos de estar en una
gran incertidumbre pareciera haber llegado a una certeza: abandonar
y vivir.
CS: El 27
de agosto pasado concluyó la octava edición de la
Semana Internacional de la Poesía, tú fuiste el homenajeado.
¿Qué fue lo que más disfrutaste, qué
nos queda de esa semana de encuentros?
RC: Disfruté todo, como siempre. Yo no falto a las semanas
de la poesía, porque son una oportunidad para oír
y conocer a los poetas invitados. Uno puede enterarse vívidamente
de lo que se está haciendo en otros países. Lástima
que algunos poetas venezolanos no asistieran. La Casa de la Poesía,
que ha contribuido a afirmar una naciente tradición entre
nosotros, la tradición de la lectura pública de poesía,
requiere mucho apoyo. Mediante actividades como ésta aprendemos,
uno está siempre aprendiendo, no importa la edad que tenga;
ellas forman parte de la otra universidad, la invisible.
-Muchos
poetas y ensayistas se dedican también a la traducción,
tú también lo haces y me gustaría saber qué
significa para ti traducir, especialmente cuando se trata de traducir
poesía.
-En
realidad no traduzco mucho. Cuando lo hago, pienso sobre todo en
la necesidad de dar a conocer algo que, siendo importante, no está
en nuestra lengua. Eso fue lo que me movió a traducir, por
ejemplo, las conversaciones de Walt Whitman, no todas, claro,
que no se conocían en español. Incluso en Estados
Unidos no se han vuelto a editar. El amigo de Whitman, Horace
Traubel, anotaba lo que él le decía. Era una labor
periodística parecida a la de Boswell con Johnson
y Eckermann con Goethe, sólo que las obras
de estos dos autores son clásicos.
-Sería
casi un acto de traducir también este de escuchar, recrear,
anotar.
-Sí, porque interpretar se asemeja a traducir. Los tres "entrevistadores"
poseían una memoria extraordinaria. La selección que
hice resultó un libro muy fresco que enriquece la imagen
de Whitman. En cuanto a Lawrence, escogí los
poemas que más me interesaron de su libro Pansies
(Pensamientos) que me sigue pareciendo, ¿cómo
te diría?, muy terapéutico por lo que tiene de llamado
a la veracidad con uno mismo. Después en la edición
de La liebre libre que puso a corretear Harry Almela, añadí
poemas de otro libro. El de Nijinsky, también una
breve selección, está agotado hace tiempo.
-Los
cuadernos del destierro serán llevados a música
en la tercera edición del concurso de composición,
ahora por vez primera internacional, auspiciado por la Fundación
Herrera Luque. ¿Cómo se relacionan la palabra, el
poema, la música?
-Ante todo, tu pregunta es una buena ocasión para darle las
gracias a la Fundación Herrera Luque por este honor inesperado.
A mí me cuesta imaginar esa relación que mencionas
porque la palabra es inevitablemente conceptual y la música
no. Hay poetas que le dan al sonido más importancia de la
que tiene. La poesía no es música. Los dadaístas
fueron un caso extremo: crearon los fonopemas, despojando
el lenguaje de significación. Producían sonidos, pero
eso no tiene que ver con la poesía.
-En el concurso
se tratará de interpretar algún extracto de Los cuadernos
que el compositor escoja, quien no prescindirá de la palabra
escrita: saldrá una pieza vocalizada. Has dicho que Los
cuadernos del destierro son el germen de lo que has escrito
después.
-Sí,
pues ese libro es un conjunto de poemas en prosa y gran parte de
lo que he escrito después sigue dentro de esa forma, sobre
la cual hay todavía cierta confusión. Se tiende a
considerar poema en prosa a cualquier prosa poética. Conozco
antologías de poemas en prosa donde uno casi no los encuentra.
-En uno
de tus versos libres en Amante asomas casi en un solo aliento
"amar, escribir y observar". ¿Podría decirse
que son sinónimos para ti, en tu vida?
-Todo eso está unido, lo que pasa es que siempre estamos
dividiendo las cosas. Hacemos muchas que en realidad son actos amorosos.
Cosas sencillas de la vida cotidiana están animadas por una
energía que se puede llamar amor, pero es mejor no darle
nombre. Yo evito esa palabra porque está desgastada. Lo mismo
ha ocurrido con otras, también grandes, que yacen hoy vacías
en el repertorio de la trivialidad.
-¿Qué
relación guardas con lo escrito por ti, hoy?
-Casi no tengo relación con lo que he escrito. Cuando publico
un libro me olvido de él, salvo si hay que preparar otra
edición o una lectura pública o una selección
para ser traducida. Hay textos en los que ya no me reconozco, pero
eso es inevitable porque uno va cambiando.
-¿Te
consideras pesimista?
-Ni pesimista ni optimista. Más bien apegado, ceñido
a la realidad, que siempre es fantástica, aunque raramente
se ve así. Esta sensación, por cierto, acompañó
siempre a Borges.
-Rilke
una vez dijo que "la obra de arte es el resultado de haber
estado en peligro, de haber ido hasta el extremo de una experiencia
que ningún hombre puede sobrepasar". ¿Has estado
en peligro tú, en ese peligro?
-El alma siempre está en peligro. Pero no quisiera ampliar
esta afirmación. Prefiero dejarla así, escueta. Quiero
decirte un sentir que siempre llevo: vivir y hacer lo que hacemos
los seres humanos, sabiéndonos efímeros, mueve a pensar
que existe más allá del yo una fuerza sostenedora,
tal vez lo que Shaw llama la "life force".
Antes creía que ese vivir y hacer podían considerarse
una especie de gesta humilde, pero no, me parece más bien
algo transpersonal. El pobre yo no puede lidiar con el hecho de
que somos mortales.
-¿Qué
es felicidad para ti?
-Felicidad es otra de esas palabras que evito. Tal vez porque no
sé lo que significa. Vivir, ese hecho misterioso que se llama
vivir, es para mí suficiente y trato de que sea en el ahora,
lo cual no se debe confundir con lo que se ha llamado presentismo,
que es más bien la idea de vivir para el placer. No se trata
de eso, sino de estar presente, abierto, atento frente a la realidad,
ante lo que ocurre. Amante, al final, expresa lo que trato
de decirte, que es central para mí. Algo parecido sostuve
al comenzar la Semana de la Poesía, y una reseña en
un periódico que aprecio dijo que había que entregarse
a lo que hacemos como lo hizo Jesús o algo así, cuando
en realidad yo no mencioné esa gran figura histórico-mítica,
el dios de Occidente, la tierra donde el Sol se pone, que no le
ha hecho mucho caso por cierto. La preocupación por la felicidad
es propia de los adultos. "Cuando niño -dice Alister
Reid en mi traducción de frases afines al zen- yo no sabía
lo que era la felicidad o si era feliz o no. Estaba demasiado ocupado
siendo".
-"El
lenguaje es la morada del ser. En su casa vive el hombre. Los pensadores
y los poetas son sus guardianes", escribe Heidegger en su Carta
sobre el Humanismo. Tú como uno de esos guardianes has
dicho en tus Anotaciones que "la quiebra de la lengua
es la quiebra de la cultura, de la sociedad, del espíritu".
Y en otra parte, que "un pueblo sin conciencia de la lengua
termina repitiendo los eslogans de los embaucadores, es decir,
muere como pueblo". Por otro lado Mao, muy indicativamente,
dice que "la pluma sirve para rasgar el alma". Háblame
de eso. Y también de qué significado cobran estos
pensamientos hoy para nosotros los venezolanos.
-El mundo del hombre es lingüístico evidentemente, pero
ese mundo se encuentra dentro de una realidad más vasta.
En él es esencial el lenguaje, ni se puede concebir al hombre
sin palabra; y su gran privilegio es el de poder darse cuenta del
ser, porque las plantas y los animales sencillamente viven, pero
sin conciencia o con mente muy rudimentaria. El hombre tiene, pues,
un rango muy especial dentro de "la gran cadena del ser".
Para los griegos él era el animal locuente, el animal parlante,
pero el concepto de ser va mucho más allá de la palabra
y más allá del hombre; el ser es omnipresente, inapresable,
inconcebible. Ser es una de esas palabras creadas para designar
lo que no tiene ni puede tener nombre. Es como el Tao.
Para nosotros sería importante acercarnos a este planteamiento,
porque contribuiría a suavizar la preponderancia del yo,
que en algunos casos llega al infantilismo.
-La palabra
también se relaciona con eso que llamamos poder. Me gustaría
preguntarte sobre el poder, ¿entre las antípodas de
psicopatía y oportunidad?
-Cioran lo considera "la gran maldición de la
humanidad". Detrás está el ego con su afán
de afirmarse, dominar, disfrutar. Hay algo enfermo en ese empeño.
Muchas de las grandes personalidades de la Historia han sido psicópatas,
y esto no se quiere ver. Cuando se habla de poder se piensa sólo
en el campo de la política donde es más notorio, pero
en todas partes asoma su fea cara porque está radicado en
el ser humano, sea cual sea su papel. Sólo una reflexión
a fondo puede librarlo de este morbo.
Habrá
políticos curados? Es posible, serían aquellos en
quienes la idea de servicio ocupa el centro de su vida, que son
los menos. Los más "entran en la política"
afiliándose a un partido en busca de algún beneficio
personal.
El nacionalismo,
que detesto, es como una extensión del ego. Yo creo que la
humanidad tiende, hasta por razones de sobrevivencia, hacia una
federación mundial que acabará con la idea actual
de nación, que como todo producto histórico es perecedero.
Uno seguirá queriendo el pedazo de planeta donde ha nacido,
pero será algo diferente.
Una de las
sorpresas de este siglo es que los marxistas, siendo internacionalistas
en su doctrina, se volvieron nacionalistas. En una de tus preguntas
mencionas a Mao, el último emperador de China, endiosado
en vida, pero habría que buscar la verdad. Creo que lo de
las cien flores fue una engañifa; la revolución cultural,
una guerra civil, un horror, y de su vida se han dicho fealdades.
Yo no entiendo -tardé cincuenta años en no entenderlo-
cómo regímenes que prometen liberar al hombre comienzan
por privarlo de libertad. Me quedo con Lao Tse y Chuang Zu, grandes
dialécticos, tal vez más importantes que Heráclito,
de quien además sólo nos han llegado fragmentos.
-¿Qué
es ser revolucionario para ti?
-Es asunto interior; tiene que ver con ese vivir del cual te hablaba,
ese vivir en el ahora, ese vivir sin el lastre de tantas ideas recibidas
que no han sido examinadas. La palabra "awareness",
darse cuenta, resume bastante lo que trato de decir. Tal vez esto
suene raro, pero creo que el mundo actual no es terreno propicio
para revoluciones. El hombre de este siglo ha visto varias y se
necesita ser ciego para no darse cuenta de que han fracasado y que
es mejor buscar otra cosa que yo no sabría decir qué
es. Las revoluciones además tienen la mala costumbre de terminar
en dictaduras.
-Tiene que
ver con dónde sucede la revolución. Tú la sitúas
en el fuero interno y otros la sitúan
-En el plano social y político, pero la clave, lo esencial
está en el individuo. Lo importante es lo que pasa en él,
y eso se refleja en la sociedad. Por supuesto, la reforma social
o política es importante. Sería absurdo oponerse a
cambios necesarios.
Las revoluciones
también uniforman a la gente. El individuo no tiene cabida
allí. Piensa, por ejemplo, en China hoy. Ese es un colectivismo
espeluznante. A mí sus logros, aunque impresionantes, no
me deslumbran. Esa no es una sociedad democrática. Dejémonos
de cuentos, esa es una dictadura con soporte militar. Políticamente
no es un buen ejemplo para nuestro país, como no lo son los
países árabes. En fin, ningún sistema que impida
la libertad y el pluralismo debe tenerse por dechado. Régimen
democrático es aquel que no sólo acepta los disidentes,
sino que los protege, y ampara su derecho a disentir. Es torpe el
gobierno que no ve la importancia de la crítica que se le
hace.
-¿Qué
valor tienen entonces el silencio y la renuncia a actuar, a la hora
de participar en la realidad que nos circunda? Especialmente en
este tiempo de agitación e hipnosis generalizada en que vivimos.
-Como dice Camus, de ese modo al menos no agravamos los males
existentes, como lo recordé en otra entrevista. Lo que dice
el escritor francés sabe a taoísmo.
-En nuestra
vida nos encontramos con libros que no olvidamos, que nos cambian,
marcan cesura, cesura que tú has causado en muchos de tus
lectores. Me gustaría que comentaras algo sobre tus lecturas.
-Como lector irremediable al fin, son mucho los libros que han influido
en mí. Si te menciono alguno, sería injusto con otros.
En estos días, como tenía que hablar en Barquisimeto
sobre le generación del 98, estuve releyendo a Unamuno,
Ortega y Azaña, quien pese a su condición de político
y Presidente de la República fue un gran escritor. Sus diarios
podrían ser aleccionadores hoy, siempre que exista disposición
para aprender. En sus páginas lo vemos forcejeando con la
ultraderecha y la ultraizquierda, que contribuyó al fracaso
de la República, como lo hizo después en Chile. En
España se desató la locura de la guerra, y los españoles
se dieron con entusiasmo a entrematarse, la vieja afición
de los humanos.

Foto: Anabell
Guerrero
Claudia
Sierich. Traductora e intérprete
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N°
52 Aņo III
Caracas, sábado 29 de abril de 2000
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