Creación

"POEMAS PEREGRINOS" DE UN LARGO VIAJE EXISTENCIAL

María Isabel Novillo, testigo de las palabras dadas

Porta un anillo, "insignia natural de los solitarios", que la señala como perteneciente al grupo
de aquellos que "guardan la llave tras el amor / de sus pupilas", un anillo fundido al fuego de sus -diríase- alquímicos saberes (de los que hiciera gala con su poemario Metálica virtud, merecedor del Premio Casa de la Cultura de Maracay/ 1992). María Isabel Novillo escribe a la escucha de los acordes musicales que guían sus pasos por los meandros del lenguaje poético, desde sí misma y tras la rosa de la promesa que, como sugiere, es práctica de quienes integran el linaje de los suyos:
los peregrinos, imagen emblema con la que da título al nuevo libro
del que aquí adelanta algunos textos


Foto: Vladimir Sersa

Pureza

Hermano de la Pureza:

        Al unir el vino y amor equívoco
        se es como un asceta convertido en cortesana.

Mira los poetas udríes, castos,
sólo para una Dama:

            El Amor y su obra
            como la lluvia y el surco.

            Vivificación.

Que el oro, como el gran amor,
en su persona trae todo su séquito.

 

 


Casorio

Insignia natural de los solitarios
es este anillo, aura del linaje de peregrino.

He sido Escribiente.

Funcionario de Letras
partituras
miniaturas
estampados y manuscritos
cantos, plegarias
Letanías del Kyrie
Códices de Scriptoria Mariana
grafías del Reino trazadas con Púrpura de Casio
relieves y Salmos cincelados de oro
Himnos sobre mandorlas de plata.

Calígrafo de las Promesas y Testigo
de las Palabras Dadas, he sido.

El Verbo como tejido de la carne,
el Círculo Flamígero de la Palabra
fue mi insignia y fue mi anillo
de oro, casado al corazón.

 

 

 

Cruzando las selvas

No conocemos los lécitos del corazón.

En ese vaso de metal, precioso
a veces, desesperados, presentimos
que sólo queda aceite para un día.

Y, sin embargo, como una Chanuká
de luz profunda, hay algo que permanece.
Un aliento, átomo de esperanza. Algo
que sustenta la luz por nueve días

como íntima victoria

como diciembre en los pinos
y las candelas en la Diadema de Lucía.

-aunque se mantengan los ojos cerrados
y los otros crean que sueñas
que duermes tras el muro
o que cruzas las selvas-

Y si llega a pasar el mensajero,
no hay miedo: se sabe
quién habita en esa casa.

 

 

 

El día, ahora

Lucena, Lucena

Una Ciudad Santa
existe tras la mirada
de los que nunca te han visto.

En el tejido de su pensamiento

            permaneces
como vive Jerushalaim, aún, ahora,
en el corazón de quienes no han pisado

            nunca
el polvo de sus calles
ni la escalera a la eternidad que es su centro,
la dimensión invisible de aire dorado
que se esconde en el ocre de sus piedras
calizas blanquecinas de resolana.

            Mundos sobre otros mundos.

Altura, profundidad y escala
en un perfecto ahora milagroso.

Este mundo se desplomaría
si esos ojos se abrieran. Se vería
el rocío del alba. El Alba. Una corona

            sostenida

en el Arbol de la Luz.

 

 

Claudicación

De dura manera hay seres
a los que el miedo va guiando
por el camino
que conduce al patio de Caifás.

Y allí, cegados por el agobio,
escuchan la voz de Ancila. Voz
de una esclava, vieja,
que canta en la noche del íntimo careo
esas palabras de acoso
con las que una sirvienta farisea
cerca y hostiga a un hombre
que claudica, negando.

 

 

Nada

"Porque en éste para mí, vaso
de elección.le mostraré cuánto habrá
de pasar por Mi Nombre"

(Palabras de Jeshua a Saulo,
en el Camino de Damasco)

Desde sí mismos vienen los peregrinos.
Su vida, como la verdad, no admite grados
sólo una serenidad vertical y profunda
como los espolones de piedra, voladeros del viento,
donde no avanzan un pie los muy cargados.

Largos días de nieve, caminando hacia adentro,
que tiemblan en el corazón
como en los álamos al Norte de Castilla.
Su Campo de la Estrella
no finca en la Ciudad de los 114 Campanarios.
Aunque hoy sea llovizna la tarde en los castaños
su único deseo es recibir al sol,
alba de la mañana del mañana.

Aquí está el camino: Nada, tampoco menos.

Una vida de Nada que sólo toman los que guardan
el vaso de cristal y el recuerdo
de la índole dulce, la Voz de la Señora.
No hay Notre Dame ni hay Iria Flavia, afuera.

Sin ilusiones que abran el cielo
guardan la llave tras el amor
de sus pupilas. Sus ojos son risa de niños.
Ciudad de los Felices.

¿O es que no sabes
que el alma buscada por Dios
se vuelve pura mirada?

 

 

N° 54 Aņo III
Caracas, sábado 13 de mayo de 2000
 
 
RELECTURA DE LA POESIA DE LOS OCHENTA
La ilimitable pulsión de la poesía

(Luis Miguel Isava)
 

Apuntes
JULIO ORTEGA SIGUE EL TRAZO DE UNA SOCIEDAD PLURINACIONAL Y MULTILINGÜE
Diálogos del español y el inglés

(Julio Ortega)

Creación
"POEMAS PEREGRINOS" DE UN LARGO VIAJE EXISTENCIAL
María Isabel Novillo, testigo de las palabras dadas
(poemas)
Memoria
LAS MUJERES DE LA LITERATURA PRESENTADAS EN VISTOSA PELICULA
La verdad caldeada en el horno de la imaginación poética de Luis de Oteyza
(Luis de Oteyza)

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Leer para creer
(César Seco)

 
 
 
 

 

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