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Pureza
Hermano
de la Pureza:
Al
unir el vino y amor equívoco
se es como
un asceta convertido en cortesana.
Mira los
poetas udríes, castos,
sólo para una Dama:
El
Amor y su obra
como
la lluvia y el surco.
Vivificación.
Que el
oro, como el gran amor,
en su persona trae todo su séquito.
Casorio
Insignia
natural de los solitarios
es este anillo, aura del linaje de peregrino.
He sido
Escribiente.
Funcionario
de Letras
partituras
miniaturas
estampados y manuscritos
cantos, plegarias
Letanías del Kyrie
Códices de Scriptoria Mariana
grafías del Reino trazadas con Púrpura de Casio
relieves y Salmos cincelados de oro
Himnos sobre mandorlas de plata.
Calígrafo
de las Promesas y Testigo
de las Palabras Dadas, he sido.
El Verbo
como tejido de la carne,
el Círculo Flamígero de la Palabra
fue mi insignia y fue mi anillo
de oro, casado al corazón.
Cruzando
las selvas
No conocemos
los lécitos del corazón.
En ese
vaso de metal, precioso
a veces, desesperados, presentimos
que sólo queda aceite para un día.
Y, sin
embargo, como una Chanuká
de luz profunda, hay algo que permanece.
Un aliento, átomo de esperanza. Algo
que sustenta la luz por nueve días
como íntima
victoria
como diciembre
en los pinos
y las candelas en la Diadema de Lucía.
-aunque
se mantengan los ojos cerrados
y los otros crean que sueñas
que duermes tras el muro
o que cruzas las selvas-
Y si llega
a pasar el mensajero,
no hay miedo: se sabe
quién habita en esa casa.
El día,
ahora
Lucena,
Lucena
Una
Ciudad Santa
existe tras la mirada
de los que nunca te han visto.
En
el tejido de su pensamiento
permaneces
como vive Jerushalaim, aún, ahora,
en el corazón de quienes no han pisado
nunca
el polvo de sus calles
ni la escalera a la eternidad que es su centro,
la dimensión invisible de aire dorado
que se esconde en el ocre de sus piedras
calizas blanquecinas de resolana.
Mundos
sobre otros mundos.
Altura,
profundidad y escala
en un perfecto ahora milagroso.
Este
mundo se desplomaría
si esos ojos se abrieran. Se vería
el rocío del alba. El Alba. Una corona
sostenida
en
el Arbol de la Luz.
Claudicación
De dura
manera hay seres
a los que el miedo va guiando
por el camino
que conduce al patio de Caifás.
Y allí,
cegados por el agobio,
escuchan la voz de Ancila. Voz
de una esclava, vieja,
que canta en la noche del íntimo careo
esas palabras de acoso
con las que una sirvienta farisea
cerca y hostiga a un hombre
que claudica, negando.
Nada
"Porque
en éste para mí, vaso
de elección.le mostraré cuánto habrá
de pasar por Mi Nombre"
(Palabras de Jeshua a Saulo,
en el Camino de Damasco)
Desde
sí mismos vienen los peregrinos.
Su vida, como la verdad, no admite grados
sólo una serenidad vertical y profunda
como los espolones de piedra, voladeros del viento,
donde no avanzan un pie los muy cargados.
Largos
días de nieve, caminando hacia adentro,
que tiemblan en el corazón
como en los álamos al Norte de Castilla.
Su Campo de la Estrella
no finca en la Ciudad de los 114 Campanarios.
Aunque hoy sea llovizna la tarde en los castaños
su único deseo es recibir al sol,
alba de la mañana del mañana.
Aquí
está el camino: Nada, tampoco menos.
Una vida
de Nada que sólo toman los que guardan
el vaso de cristal y el recuerdo
de la índole dulce, la Voz de la Señora.
No hay Notre Dame ni hay Iria Flavia, afuera.
Sin ilusiones
que abran el cielo
guardan la llave tras el amor
de sus pupilas. Sus ojos son risa de niños.
Ciudad de los Felices.
¿O
es que no sabes
que el alma buscada por Dios
se vuelve pura mirada?
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