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Apuntes
LA
EXPRESION ESTETICA DEL ALMA POPULAR
Venezolanidad
con otro sentido
La aproximación
apasionada y afectiva a la memoria juega un papel protagónico en
el Diccionario de cultura popular de Rafael Strauss, recientemente
editado por la Fundación Bigott. Una obra que,
a juicio de Stefania Mosca, "pretende fijar los contornos de la
forma expresiva natura
l de nuestro territorio" y abre un abanico de posibilidades: da
relato a las imágenes populares, asimila las raíces de nuestra sensibilidad,
valora hasta sus contornos el mapa que habitamos,
lo espesa, lo hace tierra y nos lleva a pertenecerle
Rafael Strauss K. / Diccionario de cultura popular
/ Fundación Bigott
Bárbaro Rivas / Autorretrato con bastón,
1982
Sistematicidad,
pluralidad, objetividad, exhaustividad son vocablos todos que definen
lo que un diccionario debe ser. Y si el orden de los términos
es el disciplinario, entonces, la palabra taxonomía adquiere
otros matices más extensos e improbables. Adolfo Castañón
dio prueba de su estupenda lucidez cuando tituló su diccionario
de literatura mexicana, Arbitrario de las letras mexicanas.
El Diccionario
de cultura popular que nos ofrece, en espléndida edición,
la Fundación Bigott es una obra concebida desde la relatividad,
desde la sintonía del testimonio, adelantándose a
la representación de sí que, aún envuelta en
la clasificación y los conceptos, define el ojo de quien
ve, de quien acopia, de quien conoce y sistematiza y ordena. La
propuesta de Rafael Strauss K., su Diccionario
,
no quiere ser exhaustiva, sólo aproximativa y aproximativa
desde el motor de la pasión y la memoria. Extraña
ave que parece hablarnos zafada del positivismo ardiente que aún
subyace en algunos de nuestros mejores espíritus.
Probablemente,
acopiar algo parecido a la terminología de la cultura popular
requiera de estas pulsiones, la pasión y la memoria, de esos
límites intangibles, de esas fuerzas: algunas intraducibles,
otras enigmáticas para estructurar, con suficiente horizonte,
la cobertura lexicográfica, las entradas idóneas,
etcétera. Hay omisiones: siempre las hay.
En el prólogo,
Rafael Strauss defiende el concurso de la necesidad, la emoción
y la coincidencia en la identificación de los territorios
más sensibles, los más visitados por la intensidad
y la vida como un modo de entender la figura a labrar. Resulta sugerente
principio para un Diccionario de cultura popular que pretende
fijar los contornos de la forma expresiva natural de nuestro territorio,
los surcos, las imágenes que aún sin relato perviven
en las manifestaciones populares.
No creo en la
objetividad absoluta: me parece, no sólo mentira, sino una
posibilidad espeluznante. El hombre regula su conocimiento o este
conocimiento se manifiesta entera y efectivamente cuando, además
de información, recoge y llega a revelar la "totalidad"
de la experiencia.
Siempre me impresionó
que Carlos Contramaestre hubiese reconocido a Salvador
Valero, a Josefa Sulbarán o Antonio José
Fernández Franco (El hombre del anillo), entre
otros. Contramaestre andaba por allí (y no en un barco
precisamente, dicen que anduvo en una ballena) y reconocía
la expresión estética como totalidad, como lo quería
Bajtín (Textos apócrifos
). Reconocía
más que el talento que muchos pueden tener, la unicidad del
lenguaje, de la forma propuesta, en la plasticidad intuitiva del
genio popular.
La cultura popular
es una forma evanescente, nómada. Una forma producida en
los bordes o en la exclusión. Una forma que, sin embargo,
comprueba lo que siempre es. La tradición tiene varios desarrollos.
Pero la cultura popular no miente, es básica. Darle relato,
asimilar las raíces de nuestra sensibilidad, valorar hasta
en sus contornos el mapa que habitamos, espesarlo, hacerlo tierra,
pertenecer a él, son las posibilidades que abre esta obra
en el marco de las escasísimas obras de referencia seria;
es decir, basadas en una investigación sostenida y acuciosa,
que definan y reúnan los factores culturales de Venezuela.
Estas obras
de referencia son urgentes para el país. La Fundación
Polar también así lo ha entendido y nos ha dado, tras
años de sufragar los costos de un excelente equipo de investigadores,
una obra de referencia impecable y sumamente útil para pensar
el país: Diccionario de Historia de Venezuela. Obras
fundamentales, pues nos dan acceso a los datos que conforman nuestra
realidad.
Estos diccionarios
deberían publicarse en versiones rústicas y llegar
a todos los colegios, que deben hacer investigar a sus alumnos desde
los primeros años de escolaridad, según las directrices
del Ministerio de Educación, y no tienen fuentes bibliográficas
que referirles, ni siquiera los compendios más elementales
de la geografía regional, estatal, nacional y continental.
Cómo conocer nuestro puesto en el mundo, cómo construirlo,
si ignoramos quiénes hemos sido y dónde. Este vacío
hay que repararlo inmediatamente: ninguna forma de pertenencia puede
construirse o nacer si ignoramos lo que nos es propio.
Atajar la expresión
estética del alma popular ha sido la labor que con gran atino
ha logrado la política cultural de la Fundación Bigott,
sus talleres, sus ediciones, su revista, etcétera
Venezolanidad
adquiere aquí sentidos más contundentes, al mero retórico
y populista del nacionalismo. Uno aprecia la grandeza y la sutil
reverberación del espíritu que cubre esta tierra,
sus ancestros, sus penurias, sus cantos, sus lamentos, sus exaltaciones.
Stefania
Mosca. Narradora
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N°
55 Año III
Caracas, sábado 20 de mayo de 2000
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