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Ensayo
PARA
QUE SE INICIE EL RELATO
Cambiar de lengua en la misma
lengua
La imbricación
que hoy se da entre filosofía y lenguaje anima a Teódulo López Meléndez
a realizar un viaje desde Sócrates hasta Jacques Derrida, sin dejar
de lado referencias a la literatura "light", a Meneses y
Oswaldo Trejo y a lo que él llama la narrativa pre-Garmendia.
Tal imbricación promueve una reflexión filosófica fundamentalmente
estética, que niega
la supuesta objetividad del mundo y le "injerta" todos los posibles
sentidos -donde injertar
aquí equivale a escribir; es decir, a iniciar el relato

Foto: Anabell
Guerrero
Jacques Derrida, "diseminador"
de dudas
Tal
vez debamos ir hasta Sócrates: "Yo me imagino
que nuestra alma se parece entonces a un libro". O tal vez
debamos situarnos en un momento de esplendor de la Razón,
pues es Kant quien afirma que el objeto es aprehensible sólo
por medio de representaciones. Luego Heidegger proclama al
lenguaje como la casa del hombre y agrega: "el que habla es
el lenguaje, no el hombre
". En realidad el llamado proceso
de deconstrucción comienza en la búsqueda heideggeriana.
En cualquier caso, la filosofía comenzó a moverse
de sitio, hacia el lenguaje, y comenzó por el intento de
trasladar a él el objetivismo cientificista, como en Saussure.
De allí en adelante Lévi-Strauss, Foucault, Barthes
y otros cuantos. En otras palabras, se inició la traslación
del ansia de saber de lo epistemológico hacia la hermenéutica.
Digámoslo así: se dejaron de lado los ojos que se
fijaban en los principios del conocimiento humano para volcarse
sobre la interpretación de los textos. Lo ontológico
comenzó a ceder espacio, la búsqueda de una esencia
de la realidad total, incluidos universo y vida, fue cayendo hasta
una imbricación entre filosofía y lenguaje, hacia
una reunificación que borraba el divorcio sembrado por Platón.
Así, la reflexión filosófica es hoy fundamentalmente
estética.
Sin embargo,
los polos no pueden fijarse entre epistemología y hermenéutica.
Así como la física tradicional encontró su
rubicón en la física cuántica, esto es, en
la suplantación de la certeza por la probabilidad, así
mismo la mirada sobre el lenguaje dejó de lado el objetivismo
cientificista para introducirse en una desenfrenada deconstrucción,
ya no apenas entrevista como en Heidegger, sino con pretensiones
de respuesta de tal magnitud que el hombre mismo, y su mundo, parecen
disolverse en la nada, tal como la cuántica no encuentra
los fundamentos elementales de la materia para concluir que todo
se reduce a campos de energía, que cambian ante la mirada
del observador. Ha sido el francés Jacques Derrida
el que ha llevado la deconstrucción hasta los límites,
aunque pienso que su aporte fundamental es el concepto de diseminación,
por lo que de valioso tiene en hacer de lado los límites
de lo que hemos conocido como polisemia.
En cualquier
caso, cuando la cuántica acabó el esquema de las verdades
objetivas, se volvió a la vieja idea (idea en el sentido
ordinario de la palabra) de que la verdad era simplemente un consenso,
una certeza provisoria, como ya se anunciaba en Nietzsche.
Lo mismo está sucediendo con el lenguaje cuando se asegura
la plurisignificatividad de los términos y la fuga de los
sentidos. Derrida dice que "los deslices textuales son
la esencia misma del lenguaje". O lo que es lo mismo, se niega
la existencia de un significado trascendental. Otra cosa que parece
originada en la cuántica, puesto que esta niega una objetividad,
es la afirmación de que la pluralidad de significados no
está, no puede estar, relacionada con una supuesta objetividad
del mundo. En consecuencia es lícito interrogarse qué
sentidos tiene el mundo, puesto que carece de un objetivo, y la
respuesta es que todos los que podamos injertarle. Injertar es una
palabra importante en este planteamiento filosófico del lenguaje,
puesto que equivale a escribir. Así podemos decir que la
cosa se escribe.
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Foto:
Esso Alvarez
Oswaldo Trejo, transgresor
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Como he tratado
de mostrar en mis tres novelas la escritura es escenificación.
Derrida llega a plantear la incompatibilidad de lo escrito
y de lo verdadero con mayor fuerza que sus antecesores. Basta concluir
en la obviedad de que la escena lo que ilustra, entonces, es una
idea y no una realidad objetiva. Lo que se instala es un medio de
ficción. Lo que la escritura describe es a sí misma.
Así la literatura ha vivido por siglos de la posibilidad
de un sentido o de la promesa de un sentido. No dejo de sonreír
cuando algún columnista de la prensa cultural celebra la
aparición de alguna obra que prioriza la anécdota
sobre el lenguaje, calificando, el proceso inverso, como algo marcado
entre nosotros por Guillermo Meneses. En él, y fundamentalmente
en otro de nuestros grandes escritores, conocido como Oswaldo
Trejo Trajo Trijo o Trujo, se da el libro como
habla regresada. Oswaldo entendió que el libro es simplemente
una descripción del silencio, o si se quiere, el libreto
de los actores es posterior a la actuación. El arte es un
speculum que produce "efectos de realidad". La
consecuencia de significantes sin significados es la "dentritud"
del lenguaje. Derrida recurre a una expresión formidable
cuando habla del "materialismo de la idea" que no es otra
cosa que la puesta en escena, puesta que nada ilustra, a no ser
la nada. Ya Schopenhauer había hablado del mundo como
representación. En este contexto verdad o falsedad es una
oposición que carece. Richard, en lo que se denomina
psicologismo crítico, llega a definir "acierto de expresión"
a un estado en que las necesidades llegan a satisfacerse juntamente,
incluso unas por otras.
Pierde, igualmente,
vigencia la vieja discusión entre tema y texto, deja de existir
el núcleo temático, pues como bien lo dice Derrida
"es la multiplicidad de las relaciones laterales lo que crea
la esencia del sentido". Cuando alguien asegura de una novela
que no entiende, aseguro que la literatura es como el hombre, autoalimentada
de una muerte continua. Cuando alguien dice que no entiende un poema
sería justo recordarle que el verso es potencia inventiva,
más aún, es la literatura. Cuando alguien me asegura
que mis textos son una catarata de metáforas, sería
necesario recurrir a Richard para asegurar "no existe
sentido verdadero de un texto. Volviéndose todo metafórico,
no hay ya sentido propio y, por lo tanto, metáfora".
Los cuentos que se han publicado por allí son pre-Garmendia,
antidiluvianos en relación a Salvador, el maestro de la narrativa
urbana en este país.
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Foto:
Lisbeth Salas-Soto
Salvador Garmendia, precusor
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Pero decíamos
que el concepto de diseminación me parecía
clave. Mientras polisemia era la pluralidad de significados de una
palabra, la diseminación habla de "la generación
siempre dividida ya del sentido". Polisemia era hermenéutica,
diseminación es deconstrucción. Diseminación
tiene un "casi" sentido, el regreso imposible a la unidad
alcanzada, reajustada de un sentido. Freud aseguraba que
la ficción podía crear nuevas formas de sentimiento
inexistentes en la vida real. La física cuántica amplió
considerablemente el concepto que teníamos de los "huecos
negros". Así, la actual filosofía del lenguaje
ha encontrado un "hueco negro" donde el espacio íntimo
es tan íntimo que se anula, ya no hay separación entre
el yo y la imagen. Richard: "Un libro no empieza ni
acaba: todo lo más lo finge". Podríamos definir
polisemia como acumulación de significaciones, mientras que
la diseminación nos llama a un equilibrio en la multiplicidad
del sentido; lo que experimentamos no es el sentido, es el equilibrio.
Pero, cuidado,
que el proceso reactivo contra lo ontológico nos puede llevar
a un callejón sin salida. Filosofía y lenguaje se
han encontrado y Platón, en este sentido, ha recibido
carta de despido, pero si identificamos humanismo y metafísica,
la reacción contra la segunda alcanza al primero, aun cuando
hayan existido humanismos ateos. La deconstrucción del lenguaje
puede llevarnos a hablar del fin del hombre. No soy, en modo alguno,
un apocalíptico contra la tecnología, pero ya hay
que citar la metáfora de la tecnología o de la técnica
como metáfora, lo que agrega márgenes a la filosofía
del lenguaje. No olvidamos los intentos por neutralizar toda tesis
metafísica del concepto de hombre, aunque la unidad del mismo
no haya sido cuestionada seriamente ni siquiera por los ateísmos.
El lenguaje es humano y al ocuparse de él se está
incurriendo en una cara del humanismo, pues el lenguaje es considerado
la esencia. De esta manera se incurre en lo metafísico pues
lo es todo lo que se ocupe de la esencia intangible del hombre.
Por este camino no se podría llegar a establecer la moderna
filosofía del lenguaje como anti-humanista. En realidad el
hombre y el nombre del hombre no están separados. El humanismo
es reflexionar sobre el hombre, procurándolo humano y no
inhumano: inhumano sería fuera de su esencia y su esencia
es el lenguaje. En el fondo brota de la filosofía del lenguaje
una fuerte elevación de la humanitas y es en la metaforización
donde se consigue el sentido del Ser, lo cual, quiéranlo
o no algunos, incluso aunque sea negado por los mismos filósofos
de este presente, hace de las modernas teorías del lenguaje
un lenguaje metafísico.
La tecnología
puede plantearnos el fin de las tensiones. Creo que una de las cosas
a superar es la literatura "light", pues una de
sus consecuencias más nefastas me parece un aislamiento de
la palabra. No se trata sólo de la vaciedad psicológica
de los personajes que esa "literatura" encarna, se trata
de la pérdida de la mente humana como rehacedora de la palabra
total, es decir, aquella que nos aproxima a la lengua primordial
llamada por algunos "el lenguaje de los pájaros".
El peligro que se cierne sobre el hombre es el peligro que se cierne
sobre el lenguaje. De esta manera puede decirse que la literatura
está sola, "sola, a excepción de todo".
Esa es la tarea que la literatura decidirá si puede o no
cumplir, incluida la restitución de las tensiones. Si seguimos
embarcados en algunas propuestas editoriales la literatura seguirá
en el torrente que este nuevo milenio presenta como fuerza desatada
que todo lo arrasa. Con Derrida podríamos decir que el relato
comienza cuando cambiamos de lengua en la misma lengua.
Teódulo
López Meléndez. Narrador y ensayista
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N°
55 Año III
Caracas, sábado 20 de mayo de 2000
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