Ultimo Sábado

Poe, poeta

Frente a la reciente edición bilingüe de Hiperión (Madrid, 2000) de la Poesía completa de Poe, Rafael Castillo Zapata proclama y rescata al Poe de las "historias extraordinarias". El único valor que halla en el Poe poeta es la puesta en escena de sus habilidades como "malabarista
de la lengua, que juega con los sonidos": sus poemas son, por encima de todo, "música, sonoridad acompasada, fuego de artificio verbal donde lo que menos importa -o casi- es lo que se dice"


Un anillo de diamantes
en cada dedo de la mano

Desde que Baudelaire ensalzara la obra, pero sobre todo la vida, de Poe en los prólogos que escribió como antesala a la traducción de sus Histoires extraordinaires, la cultura francesa del siglo XIX se encaprichó con el autor de "Ligeia" hasta el punto de que un poeta como Mallarmé llegó a decir, en una conocida carta a Verlaine, que su afán por aprender la lengua inglesa se debía, precisamente, a la necesidad de leer a Poe en el original. Prueba de este entusiasmo mallarmeano es el hermoso epitafio que precede a sus traducciones en prosa de algunos poemas poeanos, "Le tombeau d'Edgar Poe", que muchos recuerdan, y donde puede leerse el famoso verso que atribuye al poeta norteamericano el rarísimo poder de "donner un sens plus pur aux mots de la tribu". ¡Poe, emblema de esa poesía pura que Mallarmé persiguió toda su vida hasta dar con su golpe de dados! Nada más y nada menos; y, no obstante, el hecho de que Mallarmé haya versionado en prosa los poemas que en inglés retumban apretadamente rimados y aliterados, nos da qué pensar: leídos sin la gracia de esa música característica de una poesía llena de efectos sonoros, los textos de Poe en el francés prosado (que no prosaico) de Mallarmé se sienten sosos, sin sustancia, meros caprichos argumentales, como sinopsis de relatos que el mismo Poe hubiera podido desarrollar. Y es que, sin duda, los poemas de Poe son, por encima de todo, música, sonoridad acompasada, fuego de artificio verbal donde lo que menos importa -o casi- es lo que se dice. Quizás, por esto mismo, es que Mallarmé lo consideró un pionero de esa supuesta o probable poesía pura, poesía que se basta a sí misma sin depender de ninguna referencia que no sea su propio lenguaje reflejado; pero, aun así, uno no termina de entender cómo el autor de esa maravilla de sentido tramado constituido por la serie de los "Eventails" dedicados a la señora Mallarmé, pudo tomarse el trabajo de reescribir el argumento de un poema, pura cáscara, como "The Bells", cuyo único valor, si en realidad lo tiene, es el de poner en escena las habilidades de un malabarista de la lengua, que juega con los sonidos, como dice Praz, como "un prestidigitador que aferra las rimas en el aire como si fueran pelotas o botellas lanzadas en torbellino". En este sentido, concuerdo más con el recelo que los escritores ingleses no han dejado de manifestar con respecto a la verdadera calidad del Poe poeta, y recuerdo, para muestra, un fragmento delicioso de Huxley (tomado por Praz de Vulgarity in Literature, y tomado por mí, a mi vez, del Praz de "Poe, genio de exportación" en El pacto con la serpiente): "La sustancia de Poe es refinada, su forma es vulgar. Como si fuese un caballero por naturaleza, desgraciadamente inclinado a un mal gusto incorregible. Ni siquiera al hombre más sensible y de ánimo más elevado le podríamos perdonar, digamos, la costumbre de llevar un anillo de diamantes en cada dedo de la mano. Poe incurre en el equivalente a eso en su poesía". Incluso, creo que Huxley es demasiado generoso: ¿dónde está la sustancia refinada en la poesía de Poe? Me ha costado encontrarla luego de esforzarme en leer todos los poemas recogidos, en respetable edición bilingüe de Hiperión (Madrid, 2000) al cuidado de María Condor y Gustavo Falaquera, de la Poesía completa (tan completa que incluye, incluso, los "poemas atribuidos" y las "variantes"; es decir, una edición engordada un poco artificialmente pero, sin duda, desde ahora imprescindible como referencia en español: todo Poe en un tomo, hasta el supuesto). Al hacerlo, me ha quedado la sensación de que Poe es un poeta para ser antologado: su poesía completa es aplastante y puede impedir que se reconozcan, entre el follaje, algunos destellos rescatables. Y con todo, ¿qué sobrevive allí sino el efectismo sonoro de esas construcciones pirotécnicas, de esos fuegos de artificio de los cuales la traducción española, apegada al sentido (que es, en el original, prácticamente nada), no atina a dar ni un pálido reflejo? (Razón por la cual Mallarmé, y el propio Baudelaire, decidieron, por las buenas, transformar en prosa lo que jamás podrían siquiera evocar como música; y razón por la cual Pérez Bonalde puede reposar tranquilo con la consciencia del deber cumplido: su versión de "El Cuervo" es una muestra de valentía imitativa pues, ciertamente, ha logrado hacer en español lo que Poe en el original inglés, jugando con pólvora de voces y de ritmos en su propia lengua, siendo fiel de la mejor manera que se puede serlo en poesía, es decir, traicionando el original al traducirlo).

Ulula Ulalume
En efecto, Poe es el encantador de serpientes que hipnotiza con su música: construye castillos de fuego en el aire que relampaguean en el firmamento y duran mientras estallan los sonidos que se hacen eco en progresiones impactantes; luego el brillo se disipa y del poema no queda sino la ceniza y el olor a pólvora quemada en los desperdigados cartuchos. Su concepción del "estribillo", esa recurrencia de una célula sonora que afirmó como una técnica poética marcada por el cálculo en su explicación de la composición de "El Cuervo" (escrito, según él, de atrás para delante después de haber escrito la última estrofa y de haber previsto todos los efectos), se le va de las manos cuando trata de reiterarlo más allá del indudable tino de relojero con el que la aplica en la cadencia famosa del "nevermore". "Anabel Lee", "Israfel", "Lenore", "Ulalume", no son más que pretextos para tejer lo que Praz llamó, con sorna, "arabesco sonoro […] que es puro encantamiento e intoxicación musical". No encontré aquí, por ninguna parte, la sustancia refinada; y sí, en cambio, un virtuosismo, en inglés, que nos deja un poco fríos, como después de escuchar ciertos arranques de bravura en las florituras de un pasaje de Paganini; lo cual nos hace preguntarnos en qué medida esta poesía es capaz de dialogar hoy con nosotros, en qué medida puede interpelarnos más allá de su tamtámico ulular; y todavía, incluso, preguntarnos si no estará mejor Poe, el poeta, tranquilo en su inglés nativo, callado, como curiosidad que de vez en cuando se desempolva para mostrar un prodigio antiguo (y no nos extraña nada entonces que Condor y Falaquera tengan que defender su trabajo aduciendo que las "pocas versiones de su poesía existentes en español son todas ellas parciales, aun las supuestamente 'completas', y son tantos sus errores que no podrían superar el más mínimo control de calidad", tratando así de hacernos creer que era "imprescindible emprender una nueva versión" de la misma; y, sin embargo, seguimos pensando que no era imprescindible hacerlo, a pesar de que se empeñen en afirmar que esa obra, "con sus virtudes y sus fracasos, […] ocupa un lugar único y fundamental en la historia de la poesía"). Mejor será que nos quedemos con el otro Poe, el de las historias extraordinarias, y vayamos a saborear el horror o el asco, la fascinación o el vértigo que nos producen sus Valdemares y sus Ligeias, si no en inglés, al menos en el respetuoso y sabroso castellano de ese poísta de pura cepa que es Cortázar.

Rafael Castillo Zapata. Ensayista y poeta

N° 56 Aņo III
Caracas, sábado 27 de mayo de 2000
 
 
"DEL PAIS DE LA PENA" EN BREVE DISQUISICION
¿Por dónde transita Hanni Ossott en su poesía?

(Esdras Parra)
 

Creación
MIGUEL ANGEL DE LIMA INCLINADO ANTE LA MUERTE
¿Será este el día del homenaje al silencio?

(poemas)

Preguntando a los
poetas

Los trabajos y las noches de Harry Almela
(Adriana Gibbs)
Ultimo Sábado
Poe, poeta
(Rafael Castillo Zapata)

Ensayo
LA PSICOLOGIA DEL SECTARISMO EN TIEMPOS DE ANSIEDAD (Y II)

Esa locura específica y peculiar del sectario
(Rafael López-Pedraza)

 
 
 
 

 

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