|
Apuntes
CARLOS
FUENTES LEMUS
Retrato
del artista adolescente
Creció con una
salud deprimida que enfrentó a fuerza de talento, de imaginación
creadora. Carlos Fuentes Lemus (París/1973-Jalisco/1999) se refugió
en la escritura, el dibujo, la pintura y la fotografía para entregar
una obra de gran talla, que actualmente ocupa el Círculo de Bellas
Artes de Madrid, y a la cual nos acerca María Ramírez Ribes no sólo
desde el orden de lo estético: cita y parafrasea al padre del joven
artista, el escritor mexicano Carlos Fuentes
|
|
|
|
Autorretrato
|
Foto:
Julio César Martínez
Carlos Fuente Lemus. California,1998
|
El 5 de mayo pasado
se inauguró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid,
una exposición de dibujos, pinturas, fotografías y
algunos poemas de Carlos Fuentes Lemus, hijo del escritor
Carlos Fuentes y de Sylvia Lemus. Un año antes, en
esa misma fecha, Carlos Fuentes Lemus murió en Puerto
Vallarta, Jalisco, a los veinticinco años de edad. Este homenaje
que le rindieron sus padres y que le rindió Madrid dio a
conocer al público la sensibilidad de un joven artista que,
desde niño, sustituyó con la mirada las deficiencias
de su existencia limitada. Como narra su padre en un texto conmovedor,
a Carlos se le detectó, debido a una mutación genética,
hemofilia a muy temprana edad. Esta realidad le impidió vivir
una vida como la del resto de sus compañeros. Mientras sus
amigos jugaban fútbol en el campo deportivo, Carlos, introspectivamente,
refinaba sus sentidos en función de una creatividad en donde
las palabras, la música y las formas iban generando sensibilidades
hacia donde se volcaba su vida.
Dotado excepcionalmente para el dibujo a los cinco años ganó
el Premio Shankar de Dibujo Infantil, otorgado en Nueva Delhi, India.
Su padre recuerda la manera como "Carlos nunca abandonó
el lápiz primero, el pincel enseguida y sus tempranas adoraciones
artísticas nunca: Van Gogh y Egon Schiele (
)
Luego, en un notable salto al pasado, Carlos descubrió el
arte preciso y voluminoso del renacentista Giovanni Bellini
y la formalidad expresiva del pintor japonés Utamaru.
Este era su acervo pictórico. La imagen empezó a ocupar
el centro de la vida de Carlos. La imagen pictórica primero,
enseguida la imagen literaria, al cabo la imagen fotográfica,
inmóvil, y la cinematográfica, fluida. Fue como si
entendiera que la imagen escapa a toda definición reductiva
y abarca, en un acto casi amoroso, los sentidos visuales, auditivos,
olfatorios, gustativos
Por eso fue tan dolorosa para él
la meningitis que casi lo destruyó en enero de 1994, privándolo
prácticamente de la vista y del oído que eran para
él la compañía más íntima y sensual
de su cuerpo enfermo. Sus pasiones eran Elvis Presley, Bob Dylan,
los Rolling Stones, sobre todo Elvis: cada año, cada 16 de
agosto, Carlos viajaba a Memphis para conmemorar el aniversario
de la muerte de Elvis. Su colección de fotografías
tomadas por él mismo constituye un singular archivo de la
inmortalidad del Rey del Rock".
La exposición refleja la complejidad, intensidad, y vitalidad
de un artista que supo siempre que su vida iba a ser breve, que
cualquier accidente o precariedad podían interrumpirla y
que por tanto tenía que vivirla a plenitud, con alegría,
con dolor, con la pausa de la atención al detalle cotidiano
y con la prisa del que siente que debe apurar el último sorbo
de lo que ella le ofrece porque quizá mañana ya no
estará disponible. El dibujo de su autorretrato expresa esta
ansiedad y este anhelo. Los surcos acentuados en rojo alrededor
de los ojos enmarcan una mirada que denota profundidad y angustia,
intensidad y temor. La dulzura y fragilidad que envolvía
su figura en vida adquiere en este autorretrato una fuerza desmesurada
de creatividad, de deseo de expresar todo un cúmulo de posibilidades,
a sabiendas de que muchas podrían llegar a verse frustradas.
Su mirada nos remite inevitablemente a uno de sus héroes,
Egon Schiele, pero también a Antonin Artaud,
a Rimbaud, a sus vidas truncadas, de una u otra forma, por
el deseo de búsqueda.
La selección de la exposición demuestra la versatilidad
y talento que este artista poseía para expresarse de las
más variadas formas. En unas oportunidades es clasicismo
y sutileza, en otras expresionismo y en otras la nitidez del trazo
en el dibujo del retratista. Algunas de sus obras inevitablemente
nos remiten a otras específicas de la historia de la pintura,
como podría ser "Venus" que tanto recuerda al cuadro
de Velázquez, pero independientemente de que esto
sea así o no, todas sus obras poseen una energía propia
particular. A veces, a manera de homenaje a ciertos artistas de
su preferencia, Carlos Fuentes Lemus atrapa en su expresión
y en su trazo sensaciones, pasiones, melancolías. Posee el
don de la mirada que llega al alma y transmite en sus retratos el
aura de aquellos a quien intenta retratar y esto ocurre tanto en
la plástica como en la fotografía. En este sentido
sus retratos de Morrisey o Beardsley reflejan perfectamente la personalidad
y la obra de esos personajes, de la misma manera como el lente fotográfico
extrae de Gregory Peck o Günter Grass o de la dulzura
de su hermana Natasha, algo más que una imagen.
La
mirada pictórica, la mirada congelada fotográfica,
la mirada introspectiva de sus poemas es reflejo y retrato de este
artista adolescente que como el Stephen Dedalus de Joyce,
contempla el mar y se pasea por la orilla interrogándose
sobre arte y el sentido de la vida, sobre la belleza que expresa,
sobre el mundo de lo imaginario y sobre la realidad, y sobre todo
preguntándose como lo expresa en el poema casi premonitorio
escrito en 1998.
María
Ramírez Ribes. Ensayista
|
¿Viviré
mañana?
¿Viviré
mañana? "No lo sé decir".
Pero no me iré de aquí sin resistencia.
Esta recámara es mi núcleo.
Pensar bajo las mantas es mi fuga,
con los ojos cerrados,
para escuchar mi miedo escondido
en el silencio,
mi miedo que al romperse se vuelve
el desconocido mal.
Bienvenido sea el misterio.
Pero mi reacción, desconocida también,
por ello me aterra.
Entonces mi temor no tiene tiempo
de pensar su propio terror
y la belleza me embarga toda entera.
No existe
lo predecible.
Y este es el temor mayor.
Oculto mis cosas
no por el miedo sino por el rechazo
de quienes piensan a medias.
"La ignorancia libera".
Quiero verte
en la misma posición,
sacudida
en llanto.
Despojada por sólo una semana más
de tus débiles apoyos.
"Cada hombre mata lo que más quiere".
Cada mujer se dejará amar
hasta la muerte.
¿Cuál es el amor hasta la muerte?
¿Es sólo un peregrino
de todas las semejanzas?".
|
|
"Carlos
realizó su trayecto artístico con urgencia,
con alegría, con dolor, pero sin una sola queja. Sus
ojos profundos, brillantes a veces, ausentes otras, nos decían
que el dolor individual de nuestro cuerpo es no sólo
intransferible, sino inimaginable para los demás. Si
no lograba transmitirlo en un poema o en una pintura, el dolor
permanecería para siempre mudo, solitario, dentro del
cuerpo sufriente. Hay una gran diferencia entre decir 'el
cuerpo me duele' y 'el cuerpo duele'. Cómo darle voz
a uno y otro dolor es el enigma planteado por Elaine Scarry
en su gran libro, El cuerpo dolorido. Mi hijo Carlos
se lo propuso a sí mismo
en términos de urgencia verbal y visual. '¿Viviré
mañana?', se pregunta Carlos en uno de sus poemas.
Mi hijo sentía una gran identificación con los
artistas que murieron jóvenes: John Keats, Egon Schiele,
Gaudier-Brezka, Jean Dean
No tuvieron tiempo, me decía
Carlos, de ser otra cosa sino ellos mismos".
(Fragmento
de "Mi hijo: un hombre hasta el fin",
de Carlos Fuentes Lemus / Retrato del artista adolescente.
Círculo de Bellas Artes y Alfaguara, 2000).
Carlos
Fuentes
|
|
|
N°
57 Año III
Caracas, sábado 03 de junio de 2000
|
| |
 |
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
| |
| |
|
|
|