Creación

MARTIN CARTER TUVO UNA UNICA PRETENSION

Arrodillarse ante las aguas

Martín Carter se pregunta por qué el agua nunca se detiene, ni siquiera "incluso en ese lugar que Dios ha designado para ella". Pero él tampoco se detuvo y rechazó toda relación artificiosa dentro de la comarca de lo humano y desde la orilla de su tierra, Guyana, optando por quedar "lejos del sonido del idioma / donde todavía los dioses viven y meditan en tronos de piedra".
Hasta allá se traslada el poeta Eugenio Montejo para rendirle breve homenaje
y entregar una selección de poemas de Carter que fuese traducida
por Salvador Ortiz Carboneres

Breve homenaje

En una imprescindible novela de nuestra última década literaria que lleva por título El lugar del escritor, su autora, Victoria de Stefano, rinde hacia el final de sus páginas un breve y revelador homenaje al poeta Derek Walcott. La afectiva perspicacia de Victoria supo anticiparse al reconocimiento que la Academia sueca iba a proporcionarle poco después al poeta de Santa Lucía cuando le confiriera el Premio Nobel.
El nombre de Walcott en la poesía del Caribe remite a una alta cota de logros que en buena parte marca una afortunada tradición, la de la literatura caribeña de expresión inglesa. Tendríamos que mencionar a otros autores eminentes de lengua francesa o española a la hora de identificar algunos de sus pares. Así, por ejemplo, Saint-John Perse, el martiniqueño Aimé Cesaire, o bien el poeta cubano fallecido hace pocos años, Eliseo Diego.
En esta ocasión nos ocupamos de Martín Carter (1927-1997), poeta oriundo del Caribe continental, precisamente de nuestra vecina Guyana. La obra de Carter compendia muchos de los afanes y conquistas de su pueblo, al punto de que se pueda reconocer en él a una figura cercana a la del poeta nacional. No es la suya, sin embargo, una poesía militante, al menos no en el sentido de albergar voluntariamente las deformaciones líricas que se hicieron comunes durante la llamada Guerra Fría. Se trata de un notable poeta contemporáneo cuya obra trasciende, gracias a sus dones, su propia geografía, proyectándola en el ámbito de su lengua y más allá de ésta. A propósito de esta última afirmación, conviene transcribir las siguientes palabras de Ian McDonald: "Mucho después que las ideas políticas que inspiraron buena parte de su poesía hayan sido olvidadas, y mucho después que la sociedad que él acusó a menudo acerbamente sea transformada por completo, su poesía continuará vibrando entre las nuevas generaciones".
Los poemas que se reproducen en este breve homenaje han sido extractados de Selected Poems por Martín Carter, edición bilingüe debida a la editorial inglesa Peepal Tree Press Ltd, 1999. Las traducciones se deben a Salvador Ortiz Carboneres.

Eugenio Montejo


Marcelo Vidal / Marina (vela), hacia 1925

Bosque tropical

Cada gota clara de lluvia sirve para oscurecer
las torres verdes; cada grano
de arena blanca, las partículas
de oro brillante. Estas son del recuerdo
como lo son las noches de amor, dentro
de nuestra selva humana de perdición.

Es lo mismo en todas partes.
Las hormigas destruyen a las hormigas.
El peligro está vagamente al acecho,
como hace siempre,
en los menos y más fértiles
propósitos de las obras
del ánimo humano. Las ciénagas
son traicioneras. Las rápidas cañadas
de agua idéntica son hermosas
y tranquilas, un grito, un solo grito humano,
como quiera empezado, lo abarca todo.

 

 

Antes de la pregunta

Tijeretadas brillantes de la noche lejana
como un par de tijeras de acero azul.
La tormenta retumba en la garganta del sapo
alegre por la lluvia salvaje.
Y todo lo que yo quiero hacer es arrodillarme,
arrodillarme ante ti, oyéndola.

 

 


Cuyuní

Dentro de mi sueño alerta
un rugido de agua sobre la roca obstinada
era el murmullo de la sangre en la matriz de mi madre.
Y cuando me desperté
empecé a volver a escuchar.

¿Por qué el agua,
la eternamente agua corriente del río,
nunca se detiene para descansar en el lomo de las rocas?
O incluso en ese lugar que Dios ha designado para ella
lejos del matrimonio violento del sol y la lluvia y el viento
y el nacimiento y la muerte de los árboles, el parto de las raíces
que crecen debajo de la anhelante y ascendiente faz
de la por siempre beneficiosa agua
que esconde los testículos de las estaciones
en su ingle y la mía.
Es por ésta y por otras indudables razones
que he decidido tener sólo una relación superficial
con éste eternamente desvaneciente, eternamente río corriente
y hablar de ella en una clave
que pocos puedan conocer íntimamente;
y la conclusión increíble no es un final
sino un cerrar de labios
y hablar de ello francamente en lugares comunes
tal vez provoque su furia y en ese frenesí
libere uno de sus muchos demonios
y mande su ira a vagar por el vacío por mí.
Así que si por ventura en algún estúpido arrebato de arrogancia
dije algo que algún tonto pueda entender
y este río me oyó, y decidió vengarse,
¿donde está el que pueda darme
las armas que yo podré usar?

Si cualquiera de vosotros puede, estaré preparado a arriesgarme.
Pero debo advertiros que si los buenos consejos
resultan tan ineficaces como un canalete en la cascada
vosotros os alegraréis de ser transformados, tanto como yo
tengo que alegrarme,
por la margen de este río lento y amenazador
a merced del balanceo de la vista del halcón
y lejos del sonido del idioma
donde todavía los dioses viven y meditan en tronos de piedra.

 

 

Para César Vallejo (I)

Hermano, partamos ahora
nuestro pan juntos. Mi
plato es un mundo pequeño. Mi
mundo es un plato pequeño. De
un lugar en el cual los platos
y los mundos son útiles
que hemos reconstruido nosotros
mismos, con un poder de diferencia.
César Vallejo, los papagayos
dicen tu nombre, fértil como
la lluvia. Mi uso del lenguaje
se arrodilla al oírlo.
Yo, que sólo quería ser
y tener un nombre.

 

 

A punto de pasarme

De tu casa a través de las calles nocturnas
caminé cómodamente en la lluvia,
entre sus gotas. Detrás de los cristales
las caras que nunca vivieron me miraban descaradamente
mientras me alejaba de tu casa a través de la lluvia.
Los faroles eran fulgores preventivos.
Entonces, súbitamente supe
que lo que yo pensé que era alguien caminando
hacia mí, a través de la lluvia, echando
su propia sombra, era en realidad yo mismo
a punto de pasarme a mí mismo de camino
a tu casa.

 

 

 

N° 59 Aņo III
Caracas, sábado 17 de junio de 2000
 
 
 

Creación
MARTIN CARTER TUVO UNA UNICA PRETENSION
Arrodillarse ante las aguas

(poemas)

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(Rafael Castillo Zapata)

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(Miguel Angel de Lima)

 
 
 
 
 
 

 

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