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Fotografía
UN
OFICIANTE DE LA MIRADA
Esso,
qué anda
Su oficio lo
ha llevado hacia los confines de la Tierra. De ese modo Esso Alvarez
logra atrapar con su lente las imágenes que dicen la identidad de
un pueblo: Cuba. Desde el 2 de julio (hasta el 6 de agosto) ocupará
la Galería Diafragma de Maracay la muestra Esso, qué anda:
45 fotografías blanco y negro que revelan -tal como apunta el pintor
y poeta cubano Nicolás Lara- "las penas y alegrías del género humano",
a más de entonar el grito de esperanza de los habitantes de esa
isla del trópico
"No
me retrates con ángulo ancho porque salgo fea"
No me cures
de la tristeza, Señor,
déjame disfrutar este paisaje
como un convaleciente disfruta
los restos de su enfermedad
Miguel Barnet

Mella,
La Habana Vieja, 1997
Esso Alvarez no es exactamente un fotógrafo, y esto
no es una herejía, es algo así como un antropólogo
que utiliza la imagen para explorar las penas y alegrías
del género humano. Lo que hay delante de nuestros ojos en
forma de fotografías son más bien fonemas capturados
en esa isla del trópico, Cuba, lugar mítico que en
una época fue considerado la perla de la corona española.
Este artista
trabaja con dos fotógrafos como ángeles de la guarda,
el húngaro ya desaparecido André Kertész
y el suizo Robert Frank, y con la novelista venezolana Teresa
de la Parra. Se pudieran agregar otros nombres, como el de la
poetisa rusa Anna Andréievna Ajmátova y la
pintora y etnóloga cubana Lydia Cabrera.
Alvarez
no pretende hacer "alardes técnicos" sino ir a
la esencia del Ser; tratar de que a través del dramatismo
del blanco y el negro se escuche la alegría, la pena o la
esperanza. Por eso uno imagina que Esso imaginó que en el
"Platanal de Bartolo" pudieron haber bailado como niñas
dichosas Teresa de la Parra y Lydia Cabrera; o que
en las noches eternas de San Petersburgo, (que después sería
Petrogrado y más tarde Leningrado para de nuevo volver a
ser San Petersburgo) uno sigue imaginando que Esso imaginó
que un negro del trópico, para ser bien exactos de Santa
Isabel de las Lajas -ciudad cubana-, llamado Beny Moré,
dijo ante los delicados oídos de Ajmátova,
traducido por la licencia poética del corazón: "elige
tú qué canto yo". Con estas fotografías
o fonemas, Esso nos entrega el testimonio de que no existe una medida
exacta del paraíso o del infierno; que un niño puede
transformar un icono atacado de comején en parte de una carriola,
como el anticipo de la futura patineta postindustrial.
Con su Nikon u otras cámaras, este pequeño, va armando
un mural gigante de un país, Cuba, donde existen muchas cenizas
y paralelamente a esas cenizas hay una alegría evidente como
el anuncio de aquello que era la constante tanto en Anna Ajmátova
como en Teresa de la Parra de ser contemporáneo de
los ángeles; que al decir de estas mujeres (que tanto sufrieron
cada una en geografías tan distintas): el hombre es un ángel
que ha perdido la memoria y que una de las tantas misiones del arte
puede ser ayudar a recuperar dicho tesoro. Pero el artista no quiere
ser cargante, no quiere transformar las imágenes en discursos
académicos, mucho menos tratar de revivir los vampiros de
la guerra fría, no es su tarea, quiere meterse en la comparsa,
en el carnaval que la edad media trató de liquidar, en el
estribillo que hace que el Sol sea más dulce y que dice:
Quítate
el zapato que te lo quiero ver,
quítate el zapato que te lo quiero ver.
¡Qué bonito pie tú tienes,
vuélvetelo a poner!
Agua fría aquí.
Adiós mamá, adiós papá,
que yo me voy con La Bollera.
Siento un bombo mamita
me está llamando,
siento un bombo mamita
me está llamando.
Sí, sí, son Los Dandy,
sí, sí, son Los Dandy.
Porque el azúcar
es negra y turbinada y blanco refino hace click, click, click,
en el muro del malecón teniendo a las espaldas una arquitectura
no maquillada donde el salitre ha dejado heridas. En ese click
atrapa sonrisas de muchachas que sueñan con el horizonte,
muchachas solas como un soneto sin terminar. También el click
atrapa la sombra de los novios que se prometen la Luna y que aún
como dice la canción: "guardan las dos blancas azucenas".Todo
esto lo dice, o creemos que el fotógrafo lo dice, como escribió
aquel poeta: "quiero a la sombra de un árbol contar
este cuento en flor", y la niña de Guatemala actual
le dice: "no me retrates con ángulo ancho porque salgo
fea", y los dos sonríen. Esso ha tenido que amarrarse
los pantalones para no hipnotizarse con los colores y los calores
de esta isla Caimán, de estas ciudades abiertas como una
fruta bomba (lechosa), como un canto de Yemayá, a toda lujuria
posible; tampoco ha hecho caso a los consejos del pintor colombiano
Botero que asegura que donde único hay buena luz para
las artes es en París. En cualquier lugar la luz es buena
y entre click y click el café cada vez es más
negro y la siesta habanera, que es de un ocre débil, va apareciendo
ahora en estos fonemas, admitamos que son fotografías y que
son buenas, como un delicioso postre, como un flan con sabor a pudín
que era la golosina favorita del escritor José Lezama
Lima, aunque "eso que anda" lo cambia a veces por
un discutido arroz con leche.
Hay
fonemas que el propio Esso no entiende: como ese de "tu mamá
kalimbambó", o el otro de "te pica o te molesta",
o aquel de que "el guarapo es verde chatrée", sin
contar con el fragmento del guaguancó que dice "guayabito
con botas ven a resolver". Todo pudiera ser como oír
el fragmento de una ópera italiana a sabiendas que no es
una ópera italiana. Siguiendo a unos niños traviesos
con el click click de su cámara, calle Obispo, para
ser exactos, entra en su visual un graffiti: "Yo pinto
mejor que Picasso, porque me tomo el agua sin mascar, porque
meto La Habana en Guanabacoa, porque soy un negro bembón
y me gusta el tamarindo dulce".
Al salir del
laboratorio con estas fotografías o fonemas, Esso comprende
que, aunque no fue su intención, lo que tiene entre sus manos
es un poema que va creciendo, un poema que escapa a lo antropológico
pasando por las zonas más oscuras de lo escatológico
para coronarse como un canto de extraño amor.
Nicolás
Lara. Pintor y poeta cubano
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N°
60 Año III
Caracas, sábado 24 de junio de 2000
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