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Hierba
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Va la hierba, como si no tuviera cuerpo, en el lomo del viento.
Tose.
Allá va, miente, nunca aprendió a pisar, firme
firmeza,
desnuda, acostada, la siempremuerta.
No hubo semillas en su árbol genealógico.
Nació entre cuatro paredes, donde el hombre cubría
su miembro con
vísceras de gato y usaba a los vientres hasta reventarlos,
sellando con incansable gozo su infertilidad.
Apenas mira el rostro que lo ama.
La hierba nació donde la sangre animal y la menstrual
se vaciaban
en
el mismo vaso, y el semen era desordenadas sílabas
gritando revueltas
en la boca de la hembra.
Como el moho en el rincón inmundo,
así la nunca pegada ni adherida nació entre
el vientre de él y el
de ella,
a golpes,
sin el rito que bendice el amor, hurtada al jadeo, robada
al llanto,
irreverente humo sacrificial sin ofrenda, sacado
con el carbón
ardiente y la ausencia de El Cordero o de El
Hijo.
El cuchillo la encontró sin tocar la carne.
Es brote de puñal, vástago de la boca entreabierta
por la que entra o
sale el suspirar agitado, rasposo y anómalo de la
noche.
Atrás de ella sólo se escucha la bala,
amartillar de mosquete, la espuela raspar la losa.
Un grito pidiendo misericordia.
Ella es la ruidosa respiración de un cuerpo que se
pierde en el
laberinto a voluntad para que lo devore el mitad animal, mitad
ángel
y hombre que ahí reina, llamado con las letras del
incrédulo,
el que besa como si comiera y hablara a un tiempo,
el besos de verbo,
el encajando-encajado,
el ladrón-hurtado,
el esclavo-tirano,
el perro-amo,
el hacha, galletita, caramelo, guillotina, horca y abrazo,
el desconcierto,
el veneno adictivo,
el rayo de luz asesina,
el todo párpado (cierras, abres),
el lumbre,
el hielo,
el dolor.
"Sombra, iluminación, doble, inconfiable.
Ciego, visible, duda, negación, vista:
Entierras mil veces el cuerpo sobre el que insistes en acostarte,
lápida móvil que repites incansable el enterramiento,
sepultas con
tu
forma, revestido de lo que llamas
con tres sonidos forasteros,
emulando al amor.
Manto de suave fibra.
Ráfaga, rayo,
descanso, vuelo.
Caes mientras te habla el ciervo que has cazado, vencedor
vencido, cazador
apresado,
gángster de la metralla despojando al corazón
del cálido pecho.
Pum-pum (hace él ahora, a solas,
canto
del gallo huérfano de amanecer,
colorado
músculo, manco, si no sería muerto:
desearía
ahorcarse con sus leales venas).
¿No podrías dejar la garra y la pezuña,
acceder a la tentación del
labio que cuatro veces repetido en un solo cuerpo,
más
sus dobleces,
te habla, pide, te suplica, lo reconcilies con el término
Amor?
¿Terminar la ceguera?
¿Traer al gozo la dicha, la paz, la risa?
¿Restaurar la gramática?
¿Arrebatarle la lengua al insensato mico que no comprende
la selva?
¿Dar a la hierba un trecho de tierra que habitar junto
al pozo?
¿Provocar la llegada de la lluvia?
Una frase más del beso hablante.
Desnudo vistes la manta sin la que hoy muero de frío,
al Sur, en la tierra
del calor".
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