|
Entrevista
CLARA SANCHEZ
TRAZA UN NUEVO ORDEN
Narrativa y leyendas urbanas
Narradora y poeta desde
muy niña -reitera-, la española Clara Sánchez
(1955) alcanza hoy el reconocimiento a su escritura: Ultimas
noticias del paraíso recibe el III Premio
Alfaguara de Novela 2000. En entrevista concedida a Milagros Socorro
la autora advierte "la curiosa capacidad poética y simbólica"
que posee el hombre para transformar
el mundo. De allí que ella recree elementos de la realidad
con "un nuevo sentido":
una estética que refleja las tensiones que subyacen debajo
de "una aparente banalidad"
Una infancia
errante arroja a Clara Sánchez a la literatura
y al cine. El resultado: un mundo trucado y metamorfoseado,
a más de un premio (Alfaguara 2000). Dice percibir "la
realidad como las capas de una cebolla: debajo de una aparente normalidad,
de una superficie alisada por el día a día, están
la turbulencia y las pasiones"

Foto: Lisbeth Salas-Soto
Clara Sánchez introduce lo extraordinario
en la vida cotidiana
Al conceder a la narradora española Clara Sánchez
el III Premio Alfaguara de Novela 2000, el jurado, presidido por
Alfredo Bryce Echenique, argumentó su decisión
diciendo que Ultimas noticias del paraíso es "una novela
donde destacan la originalidad de los puntos de vista del personaje
narrador, cuya trayectoria vital y amorosa se sustenta en la moralidad
egoísta de ciertos adolescentes frente al fracaso de su entorno.
La autora crea un mundo coherente que se desarrolla a través
de una cotidianidad verosímil y una laboriosa y diáfana
escritura".
El manifiesto
entusiasmo de los jueces le valió a Sánchez,
nacida en Guadalajara en 1955, una estatuilla de recuerdo y 175
mil dólares para declarar al fisco. También la puso
en la senda de una agotadora gira por América Latina que
la hizo recalar en Venezuela, después de trasegar varias
ciudades en Argentina, Bolivia, Perú y Colombia.
En Caracas,
la obra fue presentada por la escritora venezolana Antonieta
Madrid (cuya más reciente novela está a punto
de salir en el sello de Alfaguara), quien señaló que
"Ultimas noticias del paraíso es una novela urbana,
ambientada en una moderna urbanización de la clase media
profesional en las afueras de Madrid donde, entre canchas de tenis,
piscinas cubiertas, jardines de las viviendas unifamiliares, guarderías,
colegios, institutos, gimnasios y el Centro Comercial Apolo, entre
otras edificaciones, se va desenvolviendo la vida de Fran, el narrador,
un joven de 14 años, valiéndose siempre de la gran
memoria, la mente del tiempo. Caracterizada por la economía
del lenguaje, la imbricación de eventos y situaciones basados
en la realidad social y cultural de España, la obra mantiene
en todo momento la fidelidad a una verosimilitud incuestionable".
Arraigarse
en una página
-Mi padre era funcionario de Renfe, los ferrocarriles de España
-dice Clara Sánchez, entrevistada al borde de una piscina,
en Caracas- y según iba ascendiendo en la organización
íbamos cambiando el lugar de residencia. Nos pasábamos
más o menos dos años en cada sitio y nos marchábamos.
Con esa misma frecuencia yo perdía el entorno, el arraigo
con el colegio, con los amigos y con la casa. Eso suponía
para mí un sentimiento de pérdida constante.
Yo creo que
esa es una de las razones que me llevaron a escribir, porque lo
único que yo no perdía, con tantos cambios, era la
literatura y el cine. Empecé a ir al cine y a escribir desde
muy pequeña, quizá porque tenía tantas impresiones
distintas de todos esos lugares donde fijamos residencia.
MS: ¿Escribía
diarios en esa época?
CS: Nunca he escrito diarios porque me aburría mucho
hacerlo. Escribía impresiones, poemas y cuentos.
-¿Qué
leía entonces?
-Todo lo que caía en mis manos, sobre todo novelas de adultos.
En lugar de La isla del tesoro y todos esos textos para niños,
que leí más tarde, yo empecé leyendo Los
miserables, de Victor Hugo y alguna novela galante, medio
erótica, que tenía mi abuelo.
-Usted ha
dicho que escribe novelas a partir de un estado de ánimo.
¿Cómo hace para sostener un determinado estado de
ánimo durante todo el tiempo que toma la redacción
de una novela?
-Sencillamente, tengo que mantenerlo. Y es muy peligroso. Yo escribí
una novela, que se titula Desde el mirador, en medio de un
gran sufrimiento porque a mi madre le había ocurrido algo
muy grave que me obligó a estar tres meses en el hospital
con ella. Eso fue como un quiebre en mi vida, un punto de inflexión
muy fuerte para mí. Y, cuando aquello pasó, yo necesité
poetizar lo que había vivido, darle a aquel sufrimiento un
nuevo sentido, aportarle una estética. Entonces me puse a
escribir esa novela; y para mantener la tristeza y la desolación
que marcan el texto tuve que prolongar el estado de ánimo
que le dio origen. Cada vez que me ponía a escribir me sumía
en esa atmósfera, era preciso conservar toda aquella melancolía
porque de allí extraía el tono de la novela. No fue
fácil, desde luego; en casa, mi marido y mi hija me rogaban
que terminara ya esa novela para que cambiara de actitud. Finalmente,
salí completamente revitalizada de esa experiencia.
-¿Cuánto
suele tardar la redacción de sus novelas desde la primera
versión hasta la última, corregida?
-Dos años. El período que separa mis novelas es de
tres años, pero la etapa de mayor intensidad corresponde
a la escritura de la primera versión, que suele tomarme dos.
Allí se produce la verdadera creación. Por lo general,
comienzo escribiendo cien folios que van a parar a la basura; y
como casi siempre me ocurre esto, ya lo he incorporado a mi proceso
de trabajo. Cada escritor tiene un método de trabajo muy
particular, y el mío no es aconsejable para nadie porque
es muy lento. Voy acumulando páginas escritas hasta que encuentro
el lugar, el espacio físico donde ocurre la trama
esto
para mí es muy importante: a quién le ocurre todo
eso, quién lo cuenta y cuál es el entorno donde se
produce. Y luego, el tono, el agua sobre la cual flota todo lo que
fluye en la trama. Escribo y escribo hasta el momento en que logro
dar con todos estos aspectos, proceso que suele llevarme ochenta
o cien páginas
y entonces las boto. Todo eso ya no
me vale porque era apenas una especie de calentamiento, de búsqueda,
hasta encontrar el tono. Y cuando lo tengo, entonces comienzo la
redacción de la primera versión de la novela.
-El lugar
donde transcurre la mayor parte de la trama de su más reciente
novela, Ultimas noticias del paraíso, es una especie
de área periférica, una urbanización en las
afueras de Madrid que no es campo ni ciudad; y donde la naturaleza
aparece como hendida, herida, por los chalets construidos allí.
¿Qué revela la escogencia de ese lugar para su ficción?
-Efectivamente, es un paisaje muy extraño, que puede dar
lugar a una nueva mitología, a un nuevo tipo de leyendas.
Espacios como el de mi novela son recientes en España, hace
apenas veinte años que empezaron a desarrollarse y, sin embargo,
no estoy de acuerdo con ese señor (Marc Augé)
quien se refiere a ellos como los no lugares. De hecho, no
son los lugares los que nos hacen a nosotros sino lo contrario:
nosotros hacemos a los lugares. Son los habitantes de un lugar quienes
lo van cargando de identidad. Los seres humanos, en colectivo, tenemos
una curiosa capacidad poética y simbólica de transformar
el mundo; empezando por el lenguaje, nosotros ordenamos la realidad
a través del lenguaje y este está formado por palabras,
que no son otra cosa que símbolos. Ningún lugar puede
considerarse un no lugar porque en cuanto es habitado por
un ser humano y este lo atraviesa con su mirada, inmediatamente
cobra una magia, una capacidad simbólica.
-Es curioso
que, aunque el narrador de Ultimas noticias
es un joven
espectador de televisión y empleado en una tienda de videos,
su novela no aparece recorrida por referencias de estos universos
audiovisuales y, en cambio, las pocas alusiones cultas están
tomadas de la mitología y circulan como imágenes muy
escondidas en el texto.
-Tan escondidas que no es común que alguien las descubra.
Lo que suele ocurrir es que los lectores se detengan en las referencias
evidentes que proveen los nombres de algunos sitios de la trama
como Apolo y Minerva, o el nombre de Ulises, el perro. Esas referencias
fueron escondidas en mi novela con esa intención precisa
porque es así como las imágenes clásicas actúan
en el imaginario colectivo y porque, además, me he cuidado
mucho de dar una impresión cultural, intelectual ni
mucho menos erudita en mi libro, porque mis personajes no tienen
esa preocupación, pero las he disimulado en el flujo del
texto porque de esa forma discurren en el imaginario colectivo.
Todos nosotros, aunque no estemos conscientes de ello, nos hemos
alimentado de toda esa tradición y, de alguna manera, nuestra
manera de ver la realidad y de interpretarla está impregnada
de esas referencias. Es por eso que las leyendas urbanas, puestas
a circular por grupos que pueden ignorar totalmente los textos clásicos,
reproducen el espíritu de las antiguas mitologías.
Por una parte, nos nutrimos de una tradición que existe aunque
no sea del todo visible y, por otra, priva una característica
muy humana, y es que todos necesitamos introducir lo extraordinario
en la vida cotidiana. Esa inagotable capacidad imaginativa del ser
humano puede reflejarse en un esoterismo ramplón, como vemos
en tantos casos, pero siempre perseguiremos algo que rompa la rutina.
En mi caso, como escritora intento huir de esa práctica,
tan común en ciertos intelectuales, de ponerse por encima
de la gente corriente, por eso evito reflexiones y referencias del
tipo intelectual.

Foto: Lisbeth Salas-Soto
|
-Independientemente
de sus intenciones, en su novela las referencias más obvias
encubren otras que parecen provocar lecturas más profundas.
-Yo percibo la realidad como las capas de una cebolla: debajo de
una aparente normalidad, de una superficie alisada por el día
a día, están la turbulencia y las pasiones. Por ese
camino, debajo de una aparente banalidad puede subyacer una enorme
tensión. Tras un supuesto conformismo de los deseos y las
apetencias, bulle otra cosa
y eso es lo que he querido reflejar
en mi novela. Podría ocurrir que cada lector encuentre un
rastro diferente de deseos ocultos. Ni las personas ni los personajes
son transparentes, por eso es casi imposible descifrar las profundas
apetencias de cada uno.
-En la urbanización
de su ficción los residentes remozan constantemente sus propiedades.
¿Cree usted que eso podría leerse como una metáfora
de la actual ansia consumista de España y su obsesión
por el aspecto de las fachadas mientras conserva en el traspatio
la oscuridad de la historia reciente, simbolizada en su novela a
través de "las cuevas de la Guerra Civil"?
-El
pasado siempre está latiendo en la vida y en la literatura.
En España hemos optado por cerrar las heridas definitivamente.
Eso no significa que vamos a olvidar lo que ocurrió sino
que vamos a tratar de superar los aspectos más dolorosos.
Y mi propia literatura está libre de cualquier pacto porque
no suscribe nada, mi literatura es absolutamente libre. No creo
que se trate de un pacto de olvido, creo que es lo mejor que podemos
hacer. Se trataba de dejar de saldar cuentas y empezar a vivir.
Pero sí, esa compulsión de los vecinos de mi novela
podría tomarse como una metáfora de la España
de hoy, en su ansia de consumo y su pretendido bienestar.
-¿En
algún momento ha saldado usted cuentas a través de
su literatura?
-No. Mi escritura no juzga. Mi escritura mira y en su forma de mirar
ya está todo. Mi mirada literaria es oblicua, deja siempre
un margen de sugerencias por donde se cuelan muchas posibilidades
de lectura.
Milagros
Socorro. Periodista
|
|
N°
64 Aņo III
Caracas, sábado 22 de julio de 2000
|
| |
 |
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
| |
| |
|
|
| |
| |
|
|
|