EN
EL CUATRICENTENARIO DE SU NACIMIENTO
Vigencia de Calderón
de la Barca
Y es que la "riqueza,
complejidad y dificultad que representa hacer una clasificación
unívoca"
de la obra de Pedro Calderón de la Barca, "unida a la
vigencia filosófica de sus planteamientos,
lo sitúan entre uno de los clásicos más actuales
del momento". De esta manera se expresa María Ramírez
Ribes del poeta que durante su larga y prolongada vida invitase
a la reflexión
e hiciese "de la alegoría, del símbolo y de la
crítica la esencia de su obra".
A tal punto que hoy, a cuatrocientos años de su nacimiento,
"sus autos sacramentales,
sus dramas y sus comedias se pasean por las grandes escenografías
del momento", y hacen reflexionar acerca de la transitoriedad,
del vacío de la vida, del poder y de la gloria

Pedro Calderón de
la Barca / Grabado de B. Fosman, Madrid, 1682
Se están cumpliendo
este año cuatrocientos años del nacimiento de Pedro
Calderón de la Barca, a quien Goethe consideraba
"el genio que ha tenido más entendimiento". Su
vida y su obra cubren el siglo del Barroco en España, el
Siglo de Oro de la creación española y uno de los
más nefastos en la historia de España. Estas son precisamente
las contradicciones del Barroco que están presentes en la
obra de Calderón quizá con más intensidad
que en la de cualquier otro escritor de su época. Y son quizá
estos contrastes y sus variadas manifestaciones los que han dado
a algunos críticos perspectivas tan diversas en torno a su
obra.
La obra de Calderón
no posee la brillantez anecdótica que tiene la de Lope
de Vega. No es un costumbrista que intenta retratar la España
imperial y cosmopolita del momento como puede hacerlo Lope.
La vida discreta, estoica y prolongada de Calderón,
vivió más de ochenta años, fue una continua
invitación a la reflexión que hizo de la alegoría,
del símbolo y de la crítica la esencia de su obra.
En él está presente lo subjetivo, la época
y la universalidad del mundo. Sus autos sacramentales, sus dramas
y sus comedias se pasean por las grandes escenografías del
momento en donde ingenio, pensar y pensamiento como sinónimos
de imaginar e imaginación, hablan en su obra de la transitoriedad,
de la fugacidad de los valores mundanos, del vacío de la
vida, del poder, de la gloria, del honor y de la honra a la vez
que de la prudencia y de la compasión y de lo que implica
el engaño de la aparente felicidad.
Si bien se
podría decir que Calderón es el poeta por esencia
del siglo XVII, es también el más actual. La riqueza,
complejidad y dificultad que representa hacer una clasificación
unívoca de su obra, unida a la vigencia filosófica
de sus planteamientos, lo sitúan entre uno de los clásicos
más actuales del momento. En él se conjuga el más
intrínseco espíritu tradicionalista y convencional
con elementos heterodoxos de crítica reformista y alcances
de sarcasmo. Mundo efímero de contrastes y de interrogantes
sin respuestas categóricas. La formación jesuítica
y religiosa tan presente en su obra se entrelaza con linderos brumosos
del pensamiento mágico o esotérico. La marca ineludible
de Séneca tiene su contrapartida en manifestaciones
de vehemencia apasionada en donde aparece un Calderón
casi prerromántico, idealista, al lado de uno pragmático,
uno de temperamento frío, "cerebral junto a arrebatos
del más exquisito lirismo o a las no raras manifestaciones
de un pujante erotismo casi lujurioso y a veces equívoco".
1
Junto al espíritu
estoico que lo acompañó hasta los últimos días
de su vida a donde llega, como él mismo afirma en su testamento,
cinco días antes de su muerte, "sin más cercano
peligro de la vida que la vida misma, y en mi entero y cabal juicio",
está el contraste propio del Barroco en todas sus manifestaciones.
Contraste que se manifiesta a veces a manera del claroscuro de la
pintura del momento, como en el caso de La vida es sueño,
el contraste entre las galas de palacio y los honores, y la atmósfera
de encierro en la torre, la oscuridad de la prisión y las
cadenas. Y, en toda la obra entre la realidad y el sueño.
Clarín, por ejemplo, reflexiona sobre la gloria y afirma
"La gloria es una sombra de la vida y una llama de la muerte".
Sombras y llamas se entremezclan como en los cuadros del Greco.
A veces otras escenas recuerdan los tonos oscuros en la pintura
de Ribera como el reflejo de la lumbre en la prisión
que hace
más tenebrosa
la oscura habitación con luz dudosa.
En palabras
de Valbuena Prat "En el barroco de Calderón
se encuentra un poderoso dinamismo, un retorcimiento conceptual
y metafórico; una movilidad en la misma acción y los
personajes, una violencia; un equilibrio inestable, análogo
al de las formas inacabadas, abiertas, del arte coetáneo;
un contraste, entre los personajes, entre las acciones opuestas
y las actitudes de estos, que en la forma exterior coincide con
las antítesis y paradojas, y que tiene por equivalente el
claroscuro en pintura, con el que literalmente coinciden determinadas
descripciones y efectos escénicos de luz y sombras; una
derivación hacia la ternura, al sentimiento, a la nostalgia,
que puede parecer prerromántica, pero contenida; tendencia
a la hipérbole, a lo desmesurado; en el drama domina
un eje central, y una ley de subordinación; y se da
un abundante elemento decorativo, metáforas brillantes en
que se funden con la acción misma o se sobreponen como algo
inseparable a ella, lo pintoresco y lo poético". 2
Los cielos
se oscurecieron,
temblaron los edificios,
llovieron piedras las nubes,
corrieron sangre los ríos.
Esta estrofa
de La vida es sueño remite al dinamismo, retorsión
y violencia de la forma barroca. Aunque, el dinamismo esencial del
drama se halla en la trama misma de esta obra, en el pensamiento
y en la acción de Segismundo y en su reacción ante
la vida, contenida y a la vez violenta, en la atmósfera metafórica
que entorna a Astolfo, a Rosaura, a su caballo, ese caballo desbocado
que corre como el viento, que se despeña y arrastra pero
al que se quiere contener y obligar a quedarse en el monte. O en
el ensañamiento entre el sol y la luna en el momento de nacer
Segismundo:
el sol, en
su sangre tinto,
entraba, sañudamente,
con la luna en desafío,
y siendo valla la tierra,
los dos faroles divinos
a la luz entera luchaban
ya que no a brazo partido.
Ya desde su
primera obra Amor, honor y poder, que estrena a finales de
junio de 1623 a propósito de la visita a España del
príncipe de Gales, el futuro Carlos I, al que decapitaran
en 1649, aparecen los grandes interrogantes que recorren la obra
de Calderón. ¿Cuáles son los impedimentos
oscuros e inasibles que interfieren en la realización vital
del ser humano? ¿Por qué la frustración impera
ante la aparente imposibilidad de deshacerse de las barreras sociales,
de los prejuicios ideológicos y del manto del poder? En Amor,
honor y poder Eduardo III dice:
De qué
me sirve ser Rey
si hay contra la fuerza industria
y hay honor contra el poder.
Estos rasgos
le dan un tono de equilibrio inestable a la obra que se acentúa
en los detalles, como el cambio constante de la indumentaria de
Rosaura en La vida es sueño, o la manera como el sirviente
Clarín pasa a ser sirviente primero de Rosaura y luego de
Segismundo. O en la acción misma en donde lo que se consideraría
moral en ese momento por convencionalismos adquiridos se impone
a lo natural. Si Segismundo está enamorado de Rosaura, lo
lógico era que se casase con ella y Estrella con Astolfo,
pero el honor interfiere y el cambio forzado obliga a una solución
violenta, inestable, típicamente barroca, en donde Segismundo
se vencerá a sí mismo para entregarse a Estrella y
Astolfo reparará la afrenta de Rosaura uniéndose en
matrimonio a ella.
Una de las
características esenciales de la cultura del siglo XVII español
es lo que se ha llamado el "dinamismo contenido". "Contenido
de arrebatos, desde la ascética a la poesía lírica;
y Segismundo, todo ímpetu y rebeldía, reprime su fiereza
con el desengaño del sueño, y desde ese soliloquio
del final del acto segundo va derechamente por el camino de la contención,
del dominio de sí. A través del acto tercero, podemos
notar un enorme soliloquio dividido en varias partes e interrumpido
por la acción; en él vemos al personaje entre alternativas
de entusiasmo, de reflexión, de duda, de nuevos ánimos
y vacilaciones; del orgullo se parte para la contención del
orgullo; del amor, para la contención del amor; la victoria
está en 'acudir a lo eterno', en buscar otro centro de gravedad,
meditativa, de satisfacción interior, aparte del dinamismo
de la vida. La última parte de su discurso; él solo
ante el pueblo, con metáforas de fiera dormida, la espada
envainada, la borrasca del mar amenazante, para llegar al vencimiento
de la voluntad, es la solución lógica gradualmente
preparada de la contención del dinamismo del héroe.
Lo mismo pudiéramos decir de la forma de concebir el tema
de El médico de su honra aunque en lo externo se siga
paso a paso el original de Lope; todo es en la obra, la lucha
entre un dinámico estallar de amor y celos, y una cautelosa
casuística tendencia a una venganza contenida, unas veces
por compasión, otras por refinamiento de rencor, que culmina
en la muerte final; la venganza violenta ha sido contenida hasta
convertirse en un prudente y ejemplar castigo según la época".
3 La tragedia en el teatro de Calderón
surge cuando el hombre de honor del Barroco ve perdida su honra
y se siente obligado a luchar por ella, incluso, a veces quizá
en contra de sus propias convicciones, hasta el punto de autodestruirse.
Quizá
todo esto esté relacionado con los planteamientos del estoicismo
de la tradición senequista española en donde también
se sitúan Quevedo y Gracián, y el concepto
estoico de la comedia de la vida tan presente en el ambiente de
todo el renacimiento europeo en donde por encima de todo se exige
el respeto a ciertos principios fundamentales como puede ser la
honra. Todo esto configura un abanico de preguntas sin respuestas
o de respuestas que conducen a una serie de preguntas no enunciadas,
muy propio del pensamiento de Calderón y muy propio
también de este siglo XXI.
Esa afirmación
de que "el delito mayor del hombre es haber nacido" que
recogió el pensamiento filosófico de Schopenhauer
puede interpretarse, como ha hecho la crítica tradicional
de Calderón, como una queja y elaboración del
sentido del pecado del origen. Pero también puede verse como
una crítica a El gran teatro del mundo en el que nos
toca vivir, en donde los convencionalismos sociales imperan por
encima de la autenticidad. En donde a cada uno le toca representar
su papel en esa comedia que es la vida y en ese teatro que es el
mundo en donde todos somos actores y responsables para bien o para
mal de lo que hacemos con nuestra actuación. Escena en donde
la línea que separa la realidad de la ficción se desdibuja.
No olvides
que es comedia nuestra vida
y teatro de farsa el mundo todo,
que muda el aparato por instantes
y que todos en él somos farsantes;
acuérdate que Dios de esta comedia,
de argumento tan grande y tan difuso,
es autor que la hizo y la compuso.
Al que dio papel breve
sólo le tocó hacerlo como debe;
y al que se lo dio largo,
sólo el hacer [le] bien dejó a su encargo;
si te mandó que hicieses
la persona de un pobre o de un esclavo,
de un rey o de un tullido,
haz el papel que Dios te ha repartido;
pues sólo está a tu cuenta
hacer con perfección tu personaje,
en obras, en acciones, en lenguaje;
que el repartir las dichas o papeles,
la representación o mucha o poca
sólo al autor de la comedia toca.
(El gran teatro del mundo)
La vida es
sueño es de 1635, ahí Calderón intuye
el hondo problema del sueño y la vigilia que está
en el eje de los planteamientos del gran filósofo del siglo,
Descartes. El Discurso del método es de 1637
y las Meditaciones metafísicas de 1641. No sabemos
si Calderón llegó a leer a Descartes
o si Descartes conoció la obra de Calderón.
Valbuena Prat afirma que "La coincidencia en ciertos
puntos con el cartesianismo se debe a la comunidad de fuentes filosóficas,
neotomistas, de jesuitas, especialmente del dramaturgo y el metafísico.
Respecto a otros pensadores del siglo XVII, Calderón
coincide con el tema de la continuidad del sueño que aparece
en uno de los Pensées de Pascal, y con la armonía
de la naturaleza y la obra del creador de las Conversaciones
de Malebranche".4 La preocupación
por discernir entre lo pensado en la vigilia y en el sueño
fue común a muchos filósofos del momento por la conciencia
de que mucho de lo imaginado en el sueño podía llegar
a ser más vívido que lo pensado en la vigilia. En
este sentido la comedia La vida es sueño elaboró
poéticamente, ya en el siglo XVII, algo muy actual en nuestros
días como puede ser la diferenciación entre lo soñado,
que podría ser lo virtual, y lo real.
Ya
otra vez vi aquesto mesmo
tan clara y distintamente,
como ahora lo estoy viendo,
y fue sueño
¿Tan
parecidas
a los sueños son las glorias
que las verdaderas son
tenidas por mentirosas,
y las fingidas por ciertas?
¿Tan poco hay de unas a otras
que hay cuestión sobre saber
si lo que se ve y se goza
es mentira o es verdad?
¿Tan semejante es la copia
al original que hay duda
en saber si es ella propia?
¿Que quizá soñando estoy
aunque despierto me veo?
No sueño, pues toco y creo
lo que he sido y lo que soy
Pero La vida
es sueño es también una invitación a la
acción, a actuar, es una invitación a la vida. Y es
una reivindicación del amor como el único elemento
de afirmación de la vida y del sentido de realidad. Es la
permanencia del amor en la vida de Segismundo una vez que es devuelto
a la torre narcotizado y duda sobre si lo que ha ocurrido en palacio
cuando intentó violarla sucedió o no. "¿He
soñado o he vivido?", se pregunta. Y es la permanencia
del amor en su conciencia la que le devuelve la clave que le indica
que ha vivido y no ha soñado. Porque
Sólo
a una mujer amaba
Que fue verdad creo yo,
en que todo se acabó
y esto sólo no se acaba.
La afirmación
del amor como emoción, ternura y compasión unida a
la complejidad y riqueza de su extensa producción literaria,
que incluye ciento veinte comedias, ochenta autos sacramentales
y veinte piezas de teatro menor, hacen de Pedro Calderón
de la Barca uno de los clásicos de mayor vigencia en
el panorama de las letras actuales. Hoy, cuatro siglos después
de su nacimiento, aquellas famosas décimas con las que acaba
la jornada segunda de La vida es sueño continúan haciéndonos
reflexionar.
Es verdad;
pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y si haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es, hasta despertar
Notas
1 Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, José, Estudios
Calderonianos, Real Academia de la Historia, Madrid, 2000, p. 103.
2 Valbuena Prat, Angel, Historia de la literatura española,
Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1963, p. 488.
3 Ibid, p. 496.
4 Ibid, p. 507.
María
Ramírez Ribes. Ensayista

"El sueño del caballero",
un paraje de La vida es sueño / Antonio de Pereda
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N°
66 Aņo III
Caracas, sábado 05 de agosto de 2000
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