CARLOS
FUENTES REQUISA LA MEMORIA MEXICANA
Las mil y una versiones de
la Historia
Tan innegable como la relación
entre historia y novela es para Carlos Fuentes "el poder
de la literatura" que confiere la propiedad de anticipar el
devenir, tal y como
no ha cesado de hacerlo él, tal y como se trasluce en su
más reciente libro
Los cinco soles de México, de cuya presentación
en Madrid da cuenta María Ramírez Ribes, parafraseando
al autor y aproximando también -a más de su
propia visión- las voces de Julián Ríos y Julio
Ortega, convocados para continuar reinventando la Historia. Porque
la novela es además para Fuentes "arte de la crítica
(
) Es crítica
de la nación donde se escribe. Es una manera de decirle a
la nación:
'no eres tu poder, eres tu cultura'"

Foto: Archivo
Carlos Fuentes defiende a la novela de "la
maldición de la modernidad"
Los cinco soles de
México. Memoria de un milenio, última
obra del escritor mexicano Carlos Fuentes, publicada por
Seix Barral Biblioteca Breve, es una obra antológica de selección
que tiene como premisa la visión del novelista sobre la historia
de México. Aunque él mismo admite que la obra deja
afuera muchas cosas, sobre todo en relación con un proceso
tan complejo como el de México. A propósito de la
presentación en la Casa de América el pasado 4 de
mayo, Carlos Fuentes expuso su punto de vista sobre la relación
entre historia y novela en una mesa redonda en la que también
participaron Julián Ríos y Julio Ortega.
Pocas veces, por espacio de hora y media o dos horas, se da una
discusión tan rica como la de aquella tarde madrileña,
de allí el deseo y el propósito de compartir con los
lectores de Verbigracia las reflexiones que se suscitasen.
¿Cuál
es el poder de la literatura en relación a la historia? ¿Cuán
subjetivo puede ser el más objetivo de los historiadores?
En una oportunidad
-contó Fuentes- Gabriel García Márquez
se encontró con Frederich Forsight, el autor de El
día del chacal, que narra el intento de asesinato frustrado
del general De Gaulle en la isla Meurice. García Márquez
le dijo a Forsight que le había gustado mucho la novela
pero que le encontró un defecto: el asesino no mata al general
De Gaulle. Forsight, extrañado, le respondió:
pero es que así sucedieron los hechos. A lo que García
Márquez añadió: sí, pero si en su
obra usted lo hubiera descrito de otra forma, esa acabaría
siendo la verdad. Este es el poder de la literatura.
Ningún
hecho histórico puede desligarse de la interpretación.
El más documentado de los historiadores no agota todas las
dimensiones de la historia como no lo agota el más imaginativo
de los novelistas. ¿Sería posible imaginar una historia
de Rusia en el siglo XIX sin los nombres de Pushkin, Gogol,
Dostoievski, Turgueniev? Sería incomprensible. El
París de Balzac o el Madrid de Pérez Galdós
no eran exactamente como ellos los describen pero, finalmente, lo
que queda es la impresión que ellos dieron. Incluso el cine
implica una interpretación. No es lo mismo los Estados Unidos
de Fred Astaire que los de John Steinbeck. El arte siempre
presenta una verdad parcial, puede ser una verdad profunda o una
verdad poética, pero siempre será una entre muchas
verdades.
Lo que diferencia
a la historia y la novela es que la historia está sujeta
a las reglas de la lógica, que son generalmente reglas unívocas,
mientras que la novela se atiene a las de la poesía y la
poesía por definición es lúdica.
Michelet
dice que un pueblo tiene derecho a imaginar su futuro. Fuentes
piensa que un pueblo también tiene derecho a imaginar su
pasado. Estamos en la historia porque somos seres inacabados con
el propósito de no decir nunca la última palabra.
No hay novela
sin tiempo ni historia sin tiempo. Hay un episodio terrible en el
"Infierno" de la Divina Comedia en el que los demonios
recuerdan que la eternidad ya no es la historia. Platón
dice que cuando la eternidad se mueve la llamamos tiempo y William
Blake escribe que la eternidad está enamorada de las
cosas del tiempo. Sólo una mirada inacabada puede recibir
las obras del tiempo y mantenerlo abierto, inacabado. Pero el pasado
también está inacabado. No ha concluido aún.
La novela es
el arte que une a lo contemporáneo y no contemporáneo.
Es un acto de la imaginación estética por medio del
cual se imagina el pasado porque el pasado está en el futuro
y se imagina el futuro porque el futuro inevitablemente tendrá
un pasado. Esto ocurre porque todo novelista sabe que el primer
lector de su novela será siempre el primero y que el que
le sigue seguirá siendo el primero y todos acabarán
sabiendo cosas del autor que el propio autor desconocía.
En ese sentido, cada lector es un constructor del futuro que supera
al autor. Pero también, como piensa Julián Ríos,
el primer lector, aun sin saberlo, lleva dentro todos los lectores
que le han antecedido, como el hombre es consecuencia de todos los
hombres que le han precedido. Por lo que un libro es complejo en
la medida en que va teniendo más lectores. El Quijote
hoy es más complejo que en la época de Cervantes.
Para Carlos
Fuentes el tiempo puro no existe y la novela es una forma productiva
de un tiempo relativo. Sólo a partir de El Quijote
se puede hablar de un género novelístico. Hasta entonces
había fábulas, relatos, mitos
Lo que nunca ha
habido ni habrá es novela sin tiempo.
El famoso crítico
inglés del siglo XIX, Watts-Dunton, dijo en una oportunidad
que el origen de la novela se da en Inglaterra con Samuel Richardson,
Daniel Defoe y Henry Fielding, basándose en
el hecho de que en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII se da una
clase media capaz de adquirir libros. Carlos Fuentes, por
el contrario, piensa que la novela surge en la España de
la Contrarreforma, en esa España que impone un contra-tiempo.
Surge con El Quijote de la Mancha, una Mancha que, como dijo
Julián Ríos, es también la Mancha del
Norte, la del Canal que tanto ha influenciado a tantos escritores
fuera de España. El Quijote tuvo sus verdaderos sucesores
al otro lado de la Mancha y encontró sus herederos con Stern,
que era un irlandés como Joyce, Swift y Beckett.
Según Carlos Fuentes, cuando la literatura inglesa
se duerme siempre hay un irlandés que llega y le da una patada.
La tradición de la Mancha también se da en el país
de la lógica cartesiana. Jack el Fatalista es otra
gran novela que desciende de El Quijote, como también
lo son todas las heroínas de la novela del siglo XIX que
confunden la realidad con su imaginación, como la heroína
de Nothhanger Abbey de Jane Austen, que lee novelas
góticas y vive en un castillo en donde aparecen fantasmas
y vampiros. Y el ejemplo supremo, paradójico, es Madame Bovary
que lee novelas sentimentales y cree que son la realidad; las vive
y la llevan al descalabro.
Julio Ortega,
retomando el motivo de la convocatoria de esa tarde, dijo que Carlos
Fuentes ha escrito de joven sus obras más maduras, Aura,
que es del año sesenta y dos, y La muerte de Artemio Cruz;
y ya mayor escribe sus obras más audaces y juveniles, las
más radicales como Cristóbal Nonato, que es
un Apocalipsis mexicano, y El Naranjo, en donde los mayas
invaden a España. Solamente un muchacho puede escribir semejante
obra. Carlos Fuentes anticipa la historia mexicana antes
de que ocurra y probablemente es culpable de muchas cosas que ocurren.
La realidad mexicana termina pareciéndose a las novelas de
Fuentes de la misma manera como se ha dicho que las amantes
de Picasso terminaban pareciéndose a sus cuadros.
Por ejemplo, Cristóbal Nonato es una pesadilla mexicana
que ha terminado siendo verosímil.
En una revisión
y síntesis de la trayectoria de Carlos Fuentes, Julio
Ortega indicó que en el año 1962 el autor ya había
terminado con el mito de la Revolución mexicana, después
se permitió redescubrir la colonia, a pesar de que los historiadores
mexicanos habían negado la existencia de la colonia, ya que
la historia de México, parecieran decir, empieza en el siglo
XIX gracias al nacionalismo. Ahora Fuentes ha adelantado
el Apocalipsis y no es casual que el ciclo de su obra se llame "La
edad del tiempo". Una heredad que nos hace herederos. En Los
cinco soles de México, la memoria aparece como una historia
cultural que recuerda el pasado como actualidad. La única
memoria que tiene sentido es la que nos permite reconstruir el presente,
la otra pertenece a los museos. La actualización del pasado
en Los cinco soles de México permite hacer y deshacer.
Es decir, durar. La memoria existe gracias a la economía
del olvido. El olvido es el que nos permite recordar. En la obra
de Carlos Fuentes esta memoria del presente es una construcción
del futuro o de la futuridad, de lo que se podría llamar
el futuro legible.
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Foto:
Anabell Guerrero
"La novela es un género fénix",
asegura Ríos
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Carlos Fuentes
indicó que Los cinco soles de México está
escrito a partir de la deficiencia del contra-tiempo, refiriéndose
al contra-tiempo de la Contrarreforma del que había hablado.
Novela como arte del tiempo sujeto a la maldición de la modernidad.
Tanto Leibniz como Lessing hicieron distinción
entre artes lineales, sucesivas, como la literatura y por tanto
la novela, y artes instantáneas del espacio, como la pintura,
la plástica. La música y la literatura exigen una
continuidad.
La novela ha
sido una rebelión a favor de la simultaneidad de los tiempos.
Es la rebelión de Joyce, Faulkner, Virginia Woolf.
Y en poesía esta rebelión también se da en
Mallarmé, Apollinaire, Ezra Pound. La novela es género
de géneros, era de encuentros en donde pueden darse cita
todas las cosas. Es el arte del tiempo en donde hay muchas voces,
no sólo las voces de los personajes, sino el lenguaje entre
culturas, entre pasado, presente y futuro. En la novela hay muchas
razones y todas son válidas.
Para Julián
Ríos la novela es un género fénix que renace
de sus cenizas, de esos críticos que la matan periódicamente.
La novela se renueva destruyéndose. Desapareció la
novela de caballerías y la pastoril, pero la novela permanece.
Ese es el síntoma de la vitalidad de la novela. La historia
siempre está escrita desde un punto de vista objetivo, fatalmente
subjetivo, interesado y además pretende ser la verdad. En
el novelista priva la justicia poética, ese algo fatal que
obra incluso en contra de él mismo. Los buenos historiadores
cuando quieren estudiar un momento histórico recurren a los
grandes escritores porque reflejan la verdad profunda de esa época.
Carlos Fuentes
recuerda que en los años sesenta se hablaba de la muerte
de la novela; sin embargo, hoy vemos que la novela nunca ha gozado
de mejor salud. Lo que hay es que distinguir entre "long
seller" y "best seller". Muchas de las
novelas de mayor éxito que aparecían en el "Book
of the month club", club del libro del mes, cuando era
niño y vivía en Washington con sus padres, no han
sobrevivido. Pero simultáneamente, en el año 1935
se publica Absalón, Absalón de William Faulkner
sin el menor éxito. Sólo en 1940 Faulkner deja
de ser considerado un escritor regionalista sureño. O como
lo llamó un crítico literario norteamericano de la
época, un "Dixie gongorist", un gongorista
del sur de Estados Unidos, sin darse cuenta del elogio que suponía
el comparar a Faulkner con Góngora. La realidad
es que cuando se publica Absalón, Absalón,
la novela de más éxito en el momento es un folletón
interminable del cual se hizo luego una película que se llamaba
Anthony adverse. Adversidad, eso es lo que todo el mundo
leyó, casi nadie leyó Absalón, Absalón.
¿Cuál es la novela que ha quedado? El long seller
no el best seller.
Roger Caillois
decía que la novela le pertenecía en la primera mitad
del siglo XIX a Europa, en la segunda mitad a Rusia, en la primera
mitad del siglo XX a Estados Unidos y en la segunda mitad a América
Latina. Pero Fuentes cree que también le perteneció
al Africa negra, al Magreb, a las antiguas colonias británicas,
a Canadá, a Australia, a Africa del Sur, es el fenómeno
que se ha llamado "the empire writes back". Japón,
China, Paquistán se suman a lo que se ha llamado una nueva
geografía de la novela.
La novela para
Carlos Fuentes es además arte de la crítica.
No puede renunciar a su dimensión crítica. La novela
es crítica de las modernidades excluyentes y afirmación
de las modernidades incluyentes. Es crítica de la nación
donde se escribe. Es una manera de decirle a la nación: "no
eres tu poder, eres tu cultura". Es también crítica
de la tradición y de la novedad. Es la afirmación
de que no hay un solo libro con pasado vivo, ni pasado muerto, sino
creación. Es una crítica de la lectura y de los géneros.
Es el espacio ideal para superar restricciones de tipo genérico
y el primer gran ejemplo es El Quijote, donde todos los géneros
del momento se mezclan: la épica, la picaresca, la novela
de amor, las novelas intercaladas. Finalmente es una crítica
del tiempo que nos ofrece la novedad del pasado, la historicidad
del futuro y el valor del presente.
El tiempo es
la imagen de la eternidad cuando se mueve. Esta es una idea que
nos agrada, nos consuela, nos inspira pero no nos libera de nuestra
conflictiva relación con la historia. Continuamos luchando
con la historia. Nacer, crecer, desear, amar, envejecer y morir.
No sabemos lo que éramos antes de nacer. Ha habido un pasado
sin nosotros y no sabemos lo que será un futuro sin nosotros.
La novela nos sitúa en este cruce de caminos con angustia,
con conflicto, con fortuna y, a veces, con intensidad también.
María
Ramírez Ribes. Ensayista

Foto: Enrique
Hernández D' Jesús
Ortega
enfrenta la trayectoria de Fuentes
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N°
70 Aņo III
Caracas, sábad 02 de septiembre de 2000
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