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Apuntes
MUSEO
DE BELLAS ARTES
Diez años en un libro
La publicación
del libro-catálogo Obra reciente permite que se realice
una suerte
de balance que refleja las metas logradas por el Museo de Bellas
Artes: ha probado
ser un proyecto coherente, con sostenidos programas de calidad y
una colección
de mucho interés, a la vez que ofrece una biblioteca que
cuenta con visitantes regulares, sopesa Juan Carlos Palenzuela.
"Este libro refiere una institución que cumple sus planes.
Su actividad expositiva abarca por igual artistas venezolanos y
extranjeros"

Foto: Centro
de documentación del MBA
Antiguo y neoclásico edificio del
MBA / Carlos Raúl Villanueva
El Museo de Bellas Artes
de Caracas es una institución cultural referencial de Venezuela.
Desde 1989 está dirigido por María Elena Ramos.
Los diez años transcurridos son propicios para ensayar balances.
Tal es el sentido de la publicación Obra reciente, de Corina
Michelena y José Luis Blondel, 145 páginas
e ilustraciones.
La función
esencial del museo es atesorar un patrimonio artístico. El
Museo de Bellas Artes de Caracas cumple con ese postulado básico,
pero igualmente se ha propuesto otras metas, acorde con los tiempos
y la dinámica social del presente. Incluso el libro en cuestión
se propone una visión del museo como ente dinámico.
Es muy difícil
hablar del Museo de Bellas Artes de Caracas sin referirse, por más
que no se quiera, a la traumática experiencia que ha sido
la división de su espacio físico, su edificio (ocupado
desde 1974 de manera "provisional" por la Galería
de Arte Nacional) y su colección. Han pasado los años
y el Museo de Bellas Artes ha probado ser un proyecto coherente,
bien conducido, con sostenidos programas de calidad, con masiva
asistencia de público y con una colección de mucho
interés. Todo esto se ha reafirmado con la gestión
de María Elena Ramos.
Este libro
refiere una institución que cumple sus planes. Su actividad
expositiva abarca por igual artistas venezolanos y extranjeros.
En el caso de los venezolanos, ha presentado un valioso ciclo de
individuales y antológicas de autores que iniciaron su hacer
en los años setenta; mientras que entre los extranjeros se
destacan los latinoamericanos. Asimismo el museo ha ganado o reconquistado
espacios, como son los pasillos, la terraza y el jardín.
En esta última área, dedica un jardín de esculturas
con obras originales de Calder, Armitage, Pomodoro, Negret, Lipchitz,
Alicia Penalba, Alejandro Otero, Sergio de Camargo, Alberto Guzmán,
Carlos Rojas, Harry Abend y Max Bill. Esculturas también
hallamos en la terraza, donde están las obras de Moore
o Lobo, entre otros.
Entre las colecciones
del museo tiene importancia la de obras en papel -sean grabados,
antiguos o modernos- y las fotografías. Es el único
museo del país que tiene un programa específico referido
a la fotografía (exposiciones, publicaciones, colección).
El
museo se ofrece como servicio al público. De allí
que su biblioteca sea una sala que cuenta con visitantes regulares.
Su importancia es tal que desde 1997 tiene rango de Departamento.
El Museo de Bellas Artes se ha apartado de la práctica de
aceptar "exposiciones paquetes":
xpresiones de
la política exterior de los gobiernos o preparadas por instituciones
que resuelven itinerar una obra y donde la posibilidad de intercambio
cultural es prácticamente nula. En la medida en que la institución
de Caracas creció y fortaleció su propio hacer, hace
circular, ella misma, sus exposiciones, sea en otras salas de Venezuela
o en el exterior.
El libro, ampliamente
ilustrado, ofrece abundante información sobre las exposiciones
que ha presentado, desde 1989, cuando mostró Aalto, Abend,
Alechinsky y Pacheco Rivas, hasta 1997, cuando abrió
sus salas a la fotografía de Cristina García Rodero,
de España.
Juan
Carlos Palenzuela. Crítico de arte
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N°
70 Aņo III
Caracas, sábad 02 de septiembre de 2000
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