¿CARLOS OTEIZA, EL ULTIMO EN ATREVERSE CON EL GENERO MAS VIEJO DE LA CINEMATOGRAFIA?

 

El cine documental desaparece a 24 cuadros por segundo

 

Con poca frecuencia es dable conseguir a dos cineastas —venezolanos— conversando en un medio impreso. La exhibición del largometraje documental de Carlos Oteyza, El general López Contreras, la transición, provoca este encuentro, inusual, incluso, por la peculiaridad del tema que más parece preocuparles: lo documental mismo, un género al que el autor de la entrevista vislumbra como una especie en extinción y que, no obstante, sigue propiciando —como se verá— fascinantes discusiones sobre la necesidad de conciliar —¿o enemistar quizá?— las ambiciones éticas y estéticas que, se dice, caracterizan a este material


Cortesía: Carlos Oteyza
Eleazar López Contreras el día de su juramentación
como Presidente Constitucional, 1936.
Fotograma del documental de Oteyza

 

Cuando Louis Lumière ejecuta los primeros giros de manivela para fundar lo que poco tiempo después se consagraría como séptimo arte, origina al mismo tiempo la distinción, o el equívoco, entre el (lo) documental y la ficción. Porque, por ocioso que parezca, la interrogante es pertinente a partir de Obreros saliendo de la fábrica, el primer filme producido por el cinematógrafo Lumière. Más allá del registro pasivo de un trozo de la realidad, se trata de una representación, de una puesta en escena para captar el interés del público.

Convengamos, entonces, una distinción en los términos siguientes: un filme documental es aquel que se sirve de una realidad preexistente independientemente de la voluntad del cineasta, mientras que la realidad se crea para ser filmada en el filme de ficción.

El cine documental ha tenido sus momentos estelares en nuestra cinematografía. El llamado cine urgente y comprometido de los años sesenta con eco en los iniciales setenta, y la producción que hemos llamado de reconocimiento y afirmación cultural que prevalece en los ochenta. Pareciera, sin embargo, que este cine ha desaparecido del interés creativo de los creadores cinematográficos venezolanos, particularmente de las nuevas generaciones y que el documental sea un formato condenado a desaparecer. Sobre estos temas conversamos con Carlos Oteyza, a propósito de su última película, documental, El general López Contreras, la transición.

Vigencia del documental

—El cine documental tiene una apreciable y reconocida historia en América Latina. Tiene un punto relevante en la convulsionada época de los sesenta y comienza luego a decaer paulatinamente hasta llegar hoy día a un punto cero. ¿Crees que tiene futuro el documental?
—No lo sé. Creo que una de las razones de la poca influencia del documental en Venezuela es la presencia de la televisión. La televisión trabaja con la materia prima que tú defines como característica del documental, es decir, la realidad: lo que existe, se haga o no se haga la película. A través de los noticieros, la televisión es casi un gran documental, y el documental como pieza de creación se desvaloriza frente a la inmediatez del reportaje televisivo.

Pero el documental como género audiovisual seguirá existiendo en función de sus dos objetivos fundamentales: informar e influir.

—¿Qué relación encuentras entre el video y la televisión con respecto a la producción del cine documental venezolano, tanto desde el punto de vista técnico como conceptual?
—El documental venezolano tuvo una barrera casi infranqueable frente a la televisión. Sobre todo ese documental que más que informar quiso generar opinión política. La televisión por mucho tiempo le cerró el paso a estos documentales porque, desde mi perspectiva, vivíamos un clima de guerra fría y estos documentales estaban generalmente creando inquietud en el establishment. Pero desde la caída del muro de Berlín, e incluso unos años antes cuando el capitalismo se afianza casi como un sistema único, ya el documental político tiene menos importancia porque no es susceptible de poder, al menos teóricamente, de transformar o generar cambios en la sociedad.

Actualmente, la televisión se vale de los mismos temas, pero los trata de una manera donde la inmediatez, la necesidad de impactar al público para cosechar rating, hace que los documentales no tengan ni la profundidad ni el estudio ni la estética visual que algunos documentales de los sesenta y setenta tenían.

—Retomando la referencia que hiciste a la caída del muro de Berlín, piensas que la nueva realidad política del mundo, y de nuestro país, explique el aparente desinterés de los jóvenes realizadores por el documental.
—La realidad del mundo cambió. Los realizadores actuales parecen no tener razón ideológica para hacer documentales que, además, a la televisión no le interesa. Al haber una crisis de valores, una crisis ideológica, una crisis de futuro, el documental pierde vigencia para los nuevos realizadores y, en ese sentido, la ficción y los problemas del individuo vienen a tomar más peso que los problemas de la sociedad. No sé si eso es bueno o es malo, simplemente estoy tratando de entender por qué los nuevos realizadores van más en busca de los problemas de la soledad, del amor, de la familia, sin pretender cambiar la sociedad. Sencillamente, hacen películas más cercanas de sus ambiciones y aspiraciones. Creo, sin embargo, que se han producido cambios fundamentales en la sociedad venezolana, en una realidad urbana más determinante, con nuevas formas de convivencia, que constituyen una enorme cantera y un desafío permanente para las nuevas generaciones de realizadores.

—Un cambio muy importante está relacionado con el amplio desarrollo de la tecnología. En los años sesenta y setenta la tecnología para la producción de documentales se mantuvo relativamente invariable: una cámara 16 mm y un grabador Nagra. A partir de la década de los noventa el desarrollo tecnológico ha sido asombroso, prevalencia del video, de los soportes electrónicos, de la tecnología digital. ¿Qué impacto crees que haya tenido en el desarrollo del documental?
—El documental no ha sido un género muy prolífico en el país en los últimos años. El impacto de las nuevas tecnologías no ha sido visible porque la producción ha ido mermando. A mi juicio, la crisis de la producción documental es la crisis de pensamiento del país en este fin de siglo. Crisis que se manifiesta en la literatura, en el teatro. En el cine que hacemos se patentiza en el documental porque, si es verdad que ahora tenemos cámaras de video más accesibles, recursos técnicos que no existían antes, el documental es un género que ha creado pocas obras de trascendencia en estos últimos años. De hecho los jóvenes universitarios, en casi todos los videos que realizan van por el campo de lo experimental, el campo de la ficción. Además, seguimos con el problema de la difusión. No hay espacios que acojan naturalmente a estas producciones. Y llama la atención que las televisoras regionales no hayan sabido aprovechar las posibilidades de abaratamiento de costos para producir obras que retraten de manera creativa, audaz, lo que está pasando en el país.

La dramaturgia del documental

—¿En qué se diferencia la estrategia creativa del documental respecto del filme de ficción?
—El principal elemento está en la investigación. En todos los documentales que he hecho, sea La isla, Chuao, Mayami nuestro, el proceso de investigación ha sido fundamental. Lecturas, visita a bibliotecas, interrelación con las personas que habitan el lugar que va a ser retratado. Mientras que en la ficción, lo más determinante es la intuición. La premisa sobre la que se soporta una película de ficción no requiere de tanta investigación sino del espacio para la libertad creativa y la imaginación. En el documental, la imaginación entra a jugar en la segunda fase del proceso.

—¿Cómo es la relación con Salvador Garmendia, con quien has elaborado guiones de documentales y de películas de ficción? ¿Cómo se articulan los dispositivos técnicos o narrativos, con el apego a la verdad, propio del filme documental?
—Como dije antes, el trabajo de investigación en el documental es esencial. Luego de meses y, a veces años de recopilación de datos, de viajes y lecturas, tengo un volumen de información excepcional. Salvador es un creador de ficción ampliamente conocido no sólo por su obra narrativa sino también por su trabajo en la televisión. El interviene en mis películas documentales como un gran catalizador, contribuye con su manejo de la narrativa para mantener el interés del público. Y conjuntamente trabajamos en la dosificación de la información para mantener vivo ese interés. Por otro lado, cuando tiene un locutor (voz en off) como es usual en el documental clásico, el aporte de Salvador es apreciable. Salvador maneja la palabra con una facilidad que me ayuda a concentrarme en el manejo de las imágenes, donde me siento más cómodo, y es esa combinación lo que nos ha permitido una estrecha relación de trabajo.

—En la búsqueda de captar ese interés del público, ¿hasta dónde se puede manipular la realidad?
—El documental objetivo no existe. Eso está suficientemente debatido por los grandes teóricos del documental. Si bien se basa en hechos reales, sabemos que la definición clásica dice que el documental es la interpretación creativa de la realidad. El documentalista siempre estará en el filo de la navaja: entre la creación y la realidad. Y más aún en los documentales de historia porque un documental de actualidad puede permitirse impactar solamente con imágenes y tocar tus sentimientos, puede recurrir a técnicas sofisticadas, pero en el caso de temas históricos donde la gente cree fielmente que lo que tú estás diciendo es verdad, yo me coloco como límite, no decir lo que yo no creo. Pero, por supuesto, cuando tú tienes diecisiete horas de imágenes como en el caso de López Contreras... y eliges cincuenta y dos minutos, hay una fuerte dosis de subjetividad. Será el público, y otros espectadores especializados, quienes podrán determinar si la obra es un fiel reflejo de la realidad histórica.

El cine y la historia. El general López Contreras, la transición

—Pareciera evidente que por tu formación universitaria como historiador y la facilidad de acceso al valioso material fílmico que se conserva en Cine Archivo Bolívar Film, los temas históricos te sean cercanos. Dando un vistazo a las producciones anteriores producidas desde el archivo, Gallegos, Betancourt, Medina, notamos que la historia se cuenta a través de personalidades. ¿Por qué?
—Bueno, la historia es la crónica de los seres humanos. Y en nuestro país las personalidades, los presidentes, han tenido una importancia superior a lo que ocurre en otros países. Pero un elemento importante a destacar es que nosotros partimos de una memoria audiovisual muy escasa. Y, en ese sentido, el archivo fílmico que tenemos en Bolívar Films es un archivo creado desde el poder, creado con las imágenes que utilizó Maracay Films para filmar el período de los últimos años del general Gómez.

Usamos material audiovisual del Ministerio de Obras Públicas que eran los noticieros de los años treinta y seis al cuarenta, producto de la filmación de las obras y actos de López Contreras. Igualmente en el caso de Medina. Y por supuesto, cuando hablamos de Rómulo Betancourt, gran parte del material audiovisual proviene de la memoria audiovisual del país que está en función de quienes han estado en la Presidencia de la República.

Porque la otra memoria, la memoria de la sociedad, la memoria de cómo vivíamos, la memoria de la familia, de los medios de comunicación, está menos retratada. O está retratada y guardada en las casas particulares, en la memoria de cada uno de los ciudadanos.

Por eso, estoy consciente de que el documental histórico tiene una deuda con otros aspectos de la sociedad venezolana y no solamente los políticos.

—Si partimos de la consideración según la cual vemos el pasado para entender nuestro presente, ¿qué nos dice El general López Contreras... de la Venezuela de hoy?
—Nos dice que el país ha evolucionado mucho en su aspecto físico. Que ha mejorado mucho su nivel de vida. Probablemente, también nos dice que ha habido una crisis de hombres, una crisis de valores, una crisis de responsabilidad. Nos cuestiona, por un lado, sobre qué hemos hecho para llegar adonde estamos y, por otro lado, nos dice que en momentos de crisis, que en momentos de transición fuerte como fue el paso de Gómez a un período de inicio de la democracia, el país supo dar respuesta y supo canalizar sin violencia, sin grandes turbulencias, y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Nos dice que los venezolanos supieron negociar. Y esa es la gran moraleja de la película López Contreras..., que en el momento de dificultad, en el año 36, los venezolanos liderizados por un hombre zamarro, por un hombre inteligente, un político, supo darle respuesta a la situación. Abrió las puertas a una Venezuela que pedía oxígeno, que pedía vivir y estar presente. Y en este sentido es un gran aprendizaje para la coyuntura que estamos viviendo hoy. Si lo supimos hacer en el año 36, Venezuela debería verse en ese espejo, y ver que no hubo transición violenta, sino uno o dos días de revuelta después de treinta y tanto años de férrea dictadura.

—López Contreras... ha sido exhibida en universidades, centros culturales de la ciudad y del interior del país. ¿A qué atribuyes ese inusitado interés por esta película?
— En primer lugar la promoción. Por lo general, las obras y eventos culturales han tenido dificultad en ganarse un espacio en los medios venezolanos, por lo tanto la gente no se entera de su existencia. En segundo lugar, sacamos esta película en un momento de crisis y el país se está preguntando hacia dónde vamos. Creo, finalmente, que hay una gran angustia, y soy partícipe de esa angustia, de no saber hacia dónde vamos en estos inicios del próximo milenio. Y la historia de siempre será ese mirar atrás. Siempre será tener la posibilidad de encontrar una pequeña respuesta, una intuición que nos pueda dar ese pasado para responder a esta crisis de valores, a esta crisis de política, crisis de hombres, crisis de partidos que estamos viviendo y el país necesita retratarse. Tenemos que entender que el país le ha dado la espalda a su historia. Vivimos de esa falacia de que somos un país joven, un país de futuro, de espaldas a nuestro pasado. Creo que no hay país que dándole la espalda a su pasado pueda generarse un futuro decente.

—¿Si apareciera un mecenas generoso que te ofreciera total financiamiento para una película documental, qué tema escogerías?
—Haría un documental sobre la manera de ser del venezolano. ¿Por qué somos como somos? Me llama mucho la atención poder indagar por qué siendo tan abiertos a las ideas del mundo somos tan malos ciudadanos.

Oscar Lucien. Cineasta, sociólogo

 

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